Dorantes, en su casa de Sevilla
Dorantes, en su casa de Sevilla - Vanessa Gómez

Dorantes: «No estoy obsesionado con tener un sitio en el flamenco»

El pianista sevillano celebra 20 años de trayectoria con un disco con temas inéditos y actualizaciones

MadridActualizado:

David Peña Dorantes (Lebrija 1969) es uno de los músicos españoles con una trayectoria más sólida, como compositor y como intérprete, de las últimas décadas. Se sitúa en el flamenco porque ha nacido en una de esas familias, Los Peña-Perrate, donde habitan los duendes. Pero de su piano puede salir una bulería o una composición clásica, músicas búlgaras, árabes o caribeñas, una colaboración con Morente, con Noa o con Renaud Garcia-Fons. Con el brillante contrabajista francés comparte escenario este viernes en el festival Sommerton, de Westfalia (Alemania).

En estos días se cumplen 20 años desde que la Fundación Machado le concediera el premio al artista revelación. Tal galardón fue el impulso que catapultó su carrera y para celebrarlo en las próximas semanas pone a la venta su quinto trabajo, un disco extraordinario, con una aire más jazzero y experimental.

Háblenos de «El Tiempo por testigo».

Es un disco que se ha grabado en directo aquí en el estudio de casa, en el que hay temas que me han representado en estos 20 años pero dándoles una sonoridad diferentes, en formación de trio (con la percusión de Javier Ruibal y el contrabajo de Francis Pose); y también hay algunos inéditos donde quizá se vea el resultado de mi bagaje por muchos países, la experiencia de haber estado con otros músicos y lo que uno va acumulando.

¿Quién era Dorantes en el mundo de la música hace 20 años?

Estaba recién salido de un cuarto de dos por dos donde me encerraba a estudiar. Después de salir del Conservatorio de Sevilla no quería hacer nada, no quería grabar, tan solo quería prepararme. En ese momento me ofrecieron la posibilidad de montar un espectáculo y lo aproveché ordenando todos aquellos temas que estaba componiendo en aquel cuarto. Ese espectáculo se convirtió en el disco «Orobroy».

Y para empezar, «Orobroy», un tema que todavía sigue sonando sin parar.

Fíjese, es increíble. Lo compuse muy pequeño y estaba por ahí guardado. A la hora de grabar mi primer disco faltaba un tema y mi padre me animó a meterlo. Aunque yo no estaba convencido, porque ya tocaba cosas más complicadas de jazz o de Chopin, lo hicimos y fue el tema que llegó a todos los corazones.

La historia es muy parecida a la de «Entre dos aguas», que fue el relleno del disco «Fuente y Caudal» de Paco de Lucía.

Si piensas demasiado las cosas, si las ordenas, puede estar perfecto pero le falta la impronta del momento, el tocar sin preocuparte y eso inclina la balanza hacia la expresión pura. Y un tema tan sencillo como «Orobroy», que son tres notas que van repitiendo tono a tono hacia abajo en la escala frigia, llena. Ese es el misterio de la música.

¿Eso le condiciona a la hora de componer?

Sí, pero yo me siento músico, soy bastante curioso. Creo que es importante tener los dos aspectos. Hay que tener en cuenta que la parte compleja tiene su momento en la música pero todo no puede ser complejo; y la sencillez tiene su parte pero todo no puede ser sencillo. Lo importante es que la suma debe contar y motivar. No sería inteligente querer hacer todo sencillo para gustar. Tengo también la inquietud y las ganas de aprender como músico.

Y ahora ¿en qué momento está?

La seguridad de la edad y de haber tocado con mucha gente te hace tener confianza, por eso ahora estoy en una época muy creativa, suelto y sin miedo. Antes no era así. Mi tío Juan (Lebrijano) me veía siempre preocupado con la perfección y la técnica y me decía que el artista tiene que soltar siempre y no puede dejarse nada dentro. Ahora estoy en esa etapa de crear sin miedo y sin complejos.

También soltándose de la estructura musical del flamenco.

El flamenco es muy rico pero yo escucho y toco música de todo tipo. Soy curioso de las estructuras musicales y a la hora de componer echo mano de recursos diferentes. Es importante tener una paleta de colores amplia.

¿Cómo encajan ahí la familia o las vivencias?

Tengo recuerdos de familia que me marcan y me dirigen a la hora de hacer música. En mi música se refleja esa seriedad del flamenco cuando escuchábamos a los mayores y ese humor que también existía en la convivencia con mis maestros. Pero es verdad que modifico los patrones flamencos y creo los míos propios, que me parece que es importante para tener personalidad.

¿Es más fácil conseguir un estatus en el flamenco siendo cantaor, guitarrista o bailaor?

Quizá ellos tengan más tiempo de vida que el piano y si a eso le añadimos mi concepto, mi manera de ver la música, puede que lo tenga más complicado, pero ese no es un tema que me obsesione. La música de mi infancia y en la que he creado un lenguaje es el flamenco pero no estoy obsesionado por coger un sitio en el flamenco. No me va a costar trabajo tenerlo porque no es algo que busque. Mi esfuerzo está en ser cada día mejor músico y ser feliz haciendo música.