DÍAS DE MUCHO

JOSÉ LUIS GARCÍA DEL BUSTO
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El momento discretamente bueno por el que atraviesa en Madrid la difusión de la música contemporánea llega al fulgor en estos días en que se acumulan convocatorias diversas y a cuál más interesante. Ayer mismo vio estrenados José Luis Turina sus «Sonetos de William Shakespeare», tercero de los ocho encargos que la Orquesta Sinfónica de Madrid ha realizado para estrenar en las temporadas en que se centra el centenario de su fundación. Antecedieron a la de Turina (que tendrá en estas páginas su oportuno comentario crítico) obras de Sánchez Verdú y De Pablo, y la seguirán otras tantas de García Abril, Halffter, Ruzicka, Reimann y Penderecki. Buena idea la de festejar tan larga vida alumbrando música nueva de calidad.

Mañana, en el Teatro de la Zarzuela se estrenará la extensa partitura escrita por José María Sánchez Verdú para la original iniciativa de los conciertos-proyección que puso en marcha el maestro Encinar en 2000: películas mudas con música escrita para sonar durante su proyección. Se comenzó con «La nueva Babilonia» de Kozintsev (música de Shostakovich), se siguió en 2001 con el programa triple constituido por «Entr´acte» (Clair-Satie), «La p´tite Lilie» (Cavalcanti-Milhaud) y «Un perro andaluz» (Buñuel-Rihm) y en 2002 vino «El maquinista de la general», con música de Carl Davis para el filme de Keaton. Ahora se trata de música encargada ex profeso a José María Sánchez Verdú para todo un clásico: «Nosferatu», de Murnau.

La música nueva se alía con el cine viejo mientras en otros lares madrileños sigue la maravillosa fusión de músicas futuristas y expresionistas interpretadas en el seno de exposiciones pictóricas en la misma línea estética: de la mano Ciurlonis, Hába, Schönberg, Kandinsky... en «Analogías musicales».

Y el martes, estreno de Luis de Pablo a cargo del Coro y la Orquesta de la Comunidad de Madrid, dentro de la serie de encargos que esta institución lleva haciendo, desde 1989, para dar realce musical a su fiesta del 2 de mayo.

Si es gozoso constatar todo ello, más aún lo es prever que estos días de mucho no van a ser vísperas de nada, pues el éxito que acompaña a estas actividades elimina cualquier tentación de quebrar sus líneas de acción: resulta que estas propuestas, además de lúcidas, son lucidas.