Rosalía en los Goya versionenando el «Me quedo contigo» de Los Chunguitos - AFP | Vídeo: Rosalía revolucionó la gala de los Goya con su actuación (EP)

El debate definitivo: ¿es Rosalía una artista descomunal o un bluf?

Su actuación en la gala de los Goya versioneando a Los Chunguitos ha provocado cierta divergencia entre los columnistas de nuestro periódico. Y ahora queremos que ustedes los lectores nos den su opinión

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Está en boca de todos, goza del cariño masivo tanto de la crítica como público, algo de muy difícil confluencia y, sobre todo, a ese nivel de veneración casi sagrada. Efectivamente, hablamos de Rosalía, de la que también tantas bromas se han hecho en las redes por su sobreexposición mediática.

En ABC, la artista catalana ha conseguido el primer puesto del año a mejor disco nacional dos veces, en 2017 y 2018. Pero dentro de esta casa también han surgido voces críticas. Y ahora queremos conocer su opinión (al final de este artículo), aunque antes os contamos el debate crítico surgido alrededor de esta artista dentro del seno del periódico.

Ya en su momento, en septiembre del año pasado, Alberto García Reyes rebajaba o matizaba su actuación en la Bienal de Flamenco al iniciar su crónica: «Ella no tiene la culpa del lugar en el que le han puesto. De Rosalía han dicho que es la revolución del flamenco, un nuevo mito cabal y no sé cuántas exageraciones más. Y no es ni un prototipo de cantaora. Le falta casi de todo. De hecho, lo único que tiene es una voz rápida y buena afinación. Carece de la más elemental tensión rítmica, gangosea de forma recurrente y hace ininteligibles las letras, tiene un repertorio muy limitado y lo canta casi todo de falsete».

Y este sábado, como bien saben, Rosalía actuó en la gala de los Goya versioneando el «Me quedo contigo» de Los Chunguitos acompañándose del Cor Jove del Orfeó Catalá. Y el debate fue instantáneo entre sus defensores-encumbradores y los detractores de la canción.

Jesús Lillo, crítico musical de ABC, salió al quite con presteza escribiendo un artículo que logró escocer a alguno de sus acérrimos, que hasta insultó a su autor en la red. En «Rosalía y el síndrome de Bertín Osborne», el tribunero escribía lo siguiente: Marcarse a estas alturas un "Me quedo contigo" destensado y somnífero es como aplaudir -del tra-trá al trantrán- al coro de profesionalas del cine que desde la tribuna de los Goya exige inclusión laboral mientras un discapacitado de los que ni siquiera tienen derecho a la vida pide un poco de compasión y se acuerda del padre que no lo parió y lo quiso como es. El heteropatriarcado linda en Sevilla con la homogenización cultural y ética. Mala elección del tema principal -conformista, muy de prime time, previsible como una serie de amplio espectro familiar- y aún más tibia ejecución vocal, de carácter coral, emplastado en una suavona reiteración de planos sin contraposición ni violencia. Ni el pinchadiscos del programa de Bertín Osborne lo hubiera hecho mejor».

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En este sentido, aunque hablando también de otras cosas referentes a la artista, escribía Rosa Belmonte una columna llamada «Desgitanizar». En ella, se leía: «A veces creo (he visto mucha tele y leído mucha basura) que cuando Rosalía sale a cantar esparce unos polvos mágicos que dejan atontada a la gente. Polvos que traspasan las pantallas, no hace falta estar en directo escuchando a la joven mesías del chándal. O tiene la cucharilla hipnotizante de «Déjame salir». Sea lo que sea, cada vez que aparece se la venera como a Moisés con las tablas».

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Pero no todo son críticas o matices, más bien al contrario. Y por ello ponemos de muestra la columna que escribió para la ocasión Fernando Rojo, llamada «Rosalía y la envidia española», en donde alega: «El huracán de merecidos elogios a Rosalía tenía que venir acompañado por una pequeña pero molesta borrasca de indignaditos con el éxito ajeno. Igual que indignaba en el Siglo de Oro el talento de Góngora, y por eso muchos de sus coetáneos la emprendían irracionalmente contra su aspecto físico, ahora indigna que Rosalía triunfe en medio planeta. Veinte años después de que Los del Río lograran que el imperio Clinton bailase al son de La Macarena, ahora el imperio Trump se rinde a los pies de Rosalía. Y hay quien no lo soporta. O quien lo soporta malamente. Tra, trá».

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Así, planteamos esta encuesta para dirimir qué os parece Rosalía a ustedes, nuestros lectores: ¿es una artista descomunal o un bluf?