Daniela Barcellona, en una de las salas del Teatro Real
Daniela Barcellona, en una de las salas del Teatro Real - Isabel Permuy

Daniela Barcellona: «Los cantantes necesitamos a los maestros durante toda la carrera»

La mezzosoprano italiana, una de las más reconocidas de su cuerda, interpreta a Mrs. Quickly en «Falstaff», que el Teatro Real estrena el día 23 de abril

MadridActualizado:

Daniela Barcellona ríe mucho. Y cuando lo hace asoma su poderosa voz de mezzosoprano, esa que la ha convertido en una de las más aplaudidas cantantes de su cuerda. Lo sabe bien el público del Teatro Real, que la ha disfrutado en óperas como «Semiramide», «Tancredi», «The Rake’s Progress» o «Aida». Vuelve ahora a Madrid para cantar el papel de Miss Quickly en la verdiana «Falstaff». que ofrecerá el coliseo entre el 23 de abril y el 8 de mayo, en una producción dirigida escénicamente por Laurent Pelly y musicalmente por Daniele Rustioni. «Quickly me gusta muchísimo porque es un personaje muy divertido -dice la mezzosoprano-. Es un papel pequeño, pero no secundario, porque es ella la que tira del hilo de toda la trama y la que embarca a Falstaff en el enredo. Siempre que la he hecho me he divertido mucho haciéndolo; es un personaje grotesco en ocasiones, pero me gusta hacerlo refinado desde el punto de vista musical y también en cuanto a su humor.

La mayoría de los cantantes disfrutan cuando tienen personajes interesantes dramáticamente además de musicalmente.

Son papeles que te permiten medirte, librar una batalla contigo mismo para vencer los temores. Algo parecido me sucedió cuando cambié de repertorio, por ejemplo, y pasé de Rossini a personajes como Amneris, de «Aida», o la Princesa de Éboli, de «Don Carlo»; incluso Baba the Turk, de «The Rake’s Progress», que canté aquí en el Real. Lo acepté porque me gustaba, pero al empezar a estudiarlo me preguntaba cómo había podido aceptar un papel tan difícil. Pero, finalmente, superar mis miedos y las dificultades de una partitura compleja como es la de Stravinski resulta muy satisfactorio. Y me gusta ahora afrontar papeles que me obliguen a superarme, a enfrentarme a mí misma. A los cantantes nos gusta el riesgo, la caída libre con personajes desconocidos y difíciles.

¿Por qué cambió de repertorio? ¿Fue algo natural?

Sí, podía seguir cantando a Rossini sin forzar mi voz. Le pasó a Giulietta Simionato, que ha sido para mí un ejemplo. Pero mi voz necesitaba un repertorio más «pesado» que Rossini. He seguido la evolución de mi voz, de mi cuerpo, incluso mi experiencia de vida.

¿Pero hay alguna ópera que no quiere dejar nunca de cantar?

Me costó mucho tomar la decisión de dejar de cantar «La Cenerentola» -lo haré tal vez en versión de concierto-; es un papel que exige una fisicidad distinta de la mía, cuando la he hecho estaba siempre de rodillas -ríe sonoramente-... Adoro ese papel y he sentido mucho dejar de cantarla.

Para un cantante escucharse es fundamental entonces...

Naturalmente. Pero es más importante tener cerca a un maestro; en mi caso es mi marido, con el que empecé a estudiar canto... Él es mi oído externo; una grabadora recoge solo una gama de la voz, no lo registra todo. Y es necesario tener ese oído externo que te diga lo que va bien y lo que no, especialmente cuando se empiezan los ensayos con la orquesta.

Son varios los cantantes que, alrededor de los cuarenta años, han tenido problemas con la voz. ¿Ha sido siempre así o es culpa del estilo de vida actual?

Viene de lejos. A todos los cantantes nos llega un momento de crisis. Cuando se es joven se canta por naturaleza, el cuerpo te ayuda; les ocurre también a los bailarines, su cuerpo va... Pero cuando pasan los años debe intervenir la técnica, porque el cuerpo ayuda hasta cierto punto. La recuperación tras un esfuerzo es más lenta; yo misma necesitaba antes un solo día para recuperarme después de una ópera y ahora necesito dos o tres, aunque la técnica me ayuda a cansarme menos. Y hay cantantes que no tienen la técnica necesaria; su problema es que no la trabajan con un maestro, creen que lo pueden hacer solos. Y no, un cantante necesita a los maestros durante toda su carrera. La voz es un músculo; yo he visto carreras que se han arruinado en un solo recital. Basta una nota mal puesta para estar marcado toda la vida. Por eso los papeles que exigen mayor intensidad expresiva y escénica los interpretan mejor cantantes con experiencia.

Hay que cuidar entonces el cuerpo como un atleta.

Por supuesto. Debemos tener, como ellos, como los bailarines, un estilo de vida, un estilo mental incluso. No podemos derrochar facultades ni hacer excesos y pretender que nuestro cuerpo nos lo perdone.

El estrés, tan propio de nuestro tiempo, es otro enemigo para el cantante.

Sí. Hay que cuidar la higiene vocal, evitar cantar hoy aquí en Madrid y mañana por la tarde en Nueva York. Yo he procurado no mezclar dos producciones al mismo tiempo... Ir de acá para allá acorta la carrera... A menos que tengas la capacidad física y mental de Plácido Domingo. ¡Jajajajaja!