El director de orquesta Daniel Barenboim abrirá su maratón wagneriano con «El holandés errante». Mónika Rittershaus

Daniel Barenboim incia hoy en Berlín un maratón wagneriano

Hoy comienza a girar ya a buen ritmo en Berlín el carrusel de los festivales musicales internacionales. El Festival de Pascua de la capital alemana presenta una auténtica primicia, que supone por igual una novedad y un desafío sin parangón hasta el presente.

OVIDIO GARCÍA PRADA
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BERLÍN. La carrera de récords y la caza de novedades ha llegado también a las casas de ópera. Berlín sube el listón presentando por orden crónológico de creación las diez óperas «canónicas» de Richard Wagner en el intervalo increíblemente breve de dos semanas, con un mismo equipo director y con los primeros espadas del canto wagneriano en el escenario. Daniel Barenboim (dirección musical), Harry Kupfer (dirección de escena) y Hans Schavernoch (decorados) han venido gestando desde 1992, a obra por año, este singular ciclo operístico wagneriano.

Reto singular

Para Barenboim eso significará también un reto singular, no sólo a su nivel de concentración y ejecución musical, sino también a su capacidad de resistencia física. El maestro argentino-israelí, que cumple este año su décimo aniversario como director artístico y musical de la «Staatsoper» capitalina (Ópera del Estado de Berlín), tendrá que haber realizado una intensa preparación física y mental, equiparable a la usual en deportes de alta competición. En el foso de la orquesta pasará casi medio centenar de horas moviendo la batuta para dirigir unas de las obras más largas, complejas y exigentes de la historia de la música.

Tras unos días de pausa repetirá la operación en un segundo ciclo, más la inclusión de dos conciertos con las cuatro sinfonías de Brahms. Alucinante. Este programa matacaballos le exigirá mantener casi ininterrumpidamente durante un mes un régimen sobrehumano de suma concentración, sabiendo además que estará al acecho una crítica expectante e implacable, últimamente quisquillosa con el maestro y sus proyectos, y un público internacional entendido. Éste, después de pagar altísimos precios por las entradas y la estancia, no se mostrará lógicamente muy predispuesto a la indulgencia.

Así pues, las producciones que ahora se presentan en bloque son las mismas realizadas durante el último decenio. Iniciado el ciclo en 1992 con «Parsifal», concluyó la temporada pasada con «El holandés errante». La crítica, que en 1988 había celebrado el trabajo del tándem Barenboim- Kupfer en el Festival de Bayreuth, se fue enfriando paulatinamente, mostrándose incisiva con las montajes escénicos de Kupfer. Salvo en «Parsifal» y «Lohengrin», les achacó en mayor o menor medida convencionalismo y agotamiento creativo. En el estreno de «El holandés errante» este reputado director, recibió incluso un sonoro abucheo por parte del público. Hoy se comprobará si entretanto, como en el Festival de Bayreuth, ha trabajado bien el «taller» de reparaciones.

Antecedente hitleriano

Este plan maratoniano tiene un antecedente berlinés en 1933, año del cincuenta aniversario de la muerte de Wagner. Entonces -hacía tres meses que Hitler, alocado fanático wagneriano, había subido al poder- se presentaron también «Rienzi» y «Las hadas» (Die Feen), dos de las restantes tres obras de juventud, pero se hizo en seis semanas y con distinta dirección. Ahora -como se informará en crónicas sucesivas- interviene también, con muy pocas excepciones, la élite mundial del canto wagneriano. Algunas de estas producciones («Maestros cantores de Nuremberg» y «Tristán e Isolda») lograron en años pasados éxitos clamorosos en el Teatro Real madrileño.

En los meses de junio y julio próximos, Barenboim y su «Staatsoper» volverán a Madrid con un programa musical que incluye la ópera «Tannhäuser», cuya obertura fue la primera música wagneriana interpretada en España.