JUAN ORTIZ  John Eliot Gardiner, en una de sus visitas a España
JUAN ORTIZ John Eliot Gardiner, en una de sus visitas a España

Cuenca de Pasión

POR ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTECUENCA. Si hace un año el triunfo de la Fe justificaba el arranque de la Semana de Música Religiosa de Cuenca, la actual edición ha visto como la Paz fue capaz de poner

ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE. CUENCA
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Si hace un año el triunfo de la Fe justificaba el arranque de la Semana de Música Religiosa de Cuenca, la actual edición ha visto como la Paz fue capaz de poner orden en el mundo. Al menos así lo explica la alegoría que da forma al auto sacramental de Calderón de la Barca «La Paz Universal o El Lirio y la Azucena». El pasado viernes pudo verse en el Teatro Auditorio en versión del grupo teatral Antigua Escena, la Compañía de Danza Ana Yepes y el musical de nombre La Grande Chapelle. Una brillante puesta en escena, un lucido vestuario y una interpretación suficiente sirvieron para recordar el fin de la guerra de treinta años que Francia y España sellaron en 1659.

Pero no sólo eso. La primera de las producciones que este año se anuncian en Cuenca fue también excusa para conocer de cerca la música del ignoto compositor aragonés José Peyró. Otras muchas nuevas, junto a varias inevitables y algunas dignas de recordarse completan la programación de la 47ª edición. Y todas ellas ordenadas en una veintena de conciertos, liturgias, escenificaciones, además de conferencias y encuentros. Los escenarios habituales, centrados en el Teatro Auditorio, catedral e iglesia de San Miguel, se amplían ahora a las de San Pablo y del Salvador, la Fundación Antonio Saura y los museos de Arte Abstracto y de la Ciencias. De seguro que hay muchas formas de conocer Cuenca, pero el recorrido que, una vez más, propone la Semana se augura singular y enriquecedor.

Especialmente si se procura a través de los dos argumentos transversales que le dan forma: la música funeraria y el centenario de Olivier Messiaen. En el primer caso se anuncian obras que abarcan desde la Edad Media a nuestros días, incluyendo a Schütz, Bach, Mahler o infrecuentes, como el siempre conmovedor «Réquiem» de Duruflé. En el segundo, apoyando los tres conciertos del Cuarteto Granados con disertaciones sobre el autor francés. Las protagoniza el pianista Peter Donohoe, alumno de Messiaen y artista residente de la Semana.

Y junto a él, intérpretes como la Joven Orquesta Nacional de España, la Orquesta de la RAI de Turín, el Coro Nacional de España, el Ensemble Gilles Binchois, Il Fondamento, Tenebrae, Les Sacqueboutiers de Toulouse, la Capilla Flamenca, Alia Mvsica y José Luis Estellés. Quizá, configurando un algo de apariencia inabarcable pero que ya tiene memoria en el «Libro de la 47 SMR», reunión de estudios musicales y exquisito material gráfico.