El Cuarteto Casals: Jonathan Brown, Arnau Tomàs, Abel Tomàs y Vera Martínez Mehnerc
El Cuarteto Casals: Jonathan Brown, Arnau Tomàs, Abel Tomàs y Vera Martínez Mehnerc - J. R. LADRA

«Cuando un Cuarteto está amargado, se nota en sus interpretaciones»

El Cuarteto Casals, uno de los grandes conjuntos de cámara del mundo, celebra veinte años de vida

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Hace veinte años, la fascinación por el cuarteto «La muerte y la doncella», de Schubert, llevó a dos jóvenes violinistas, estudiantes de la Escuela Superior de Música Reina Sofía de Madrid, Abel Tomás y Vera Martínez Mehner (entonces de 16 y 18 años respectivamente) a pensar en formar su propio cuarteto de cuerda. Se unieron al hermano del primero, Arnau, violonchelista, para formar el Cuarteto Casals. Cinco años después se les uniría el viola estadounidense Jonathan Brown. Los cuatro conforman desde entonces una formación que está considerada uno de las grandes conjuntos de cámara del mundo.

Estos días, el Cuarteto Casals celebra su vigésimo aniversario con una actividad constante. Este fin de semana han estrenado, junto a la Orquesta Nacional de España, y bajo la dirección de David Afkham, el «Concerto Grosso “Invisible Zones”», de Francisco Coll; estarán en la Semana de Música Religiosa de Cuenca, y a finales de abril ofrecerán dos conciertos en el Palacio Real con los Stradivarius de las Colecciones Reales.

«Cuando se tienen 18 años –recuerda Vera Martínez Mehner- es difícil mirar hacia delante y pensar que dentro de veinte años vas a seguir tocando con los mismos compañeros, pero la ilusión ha estado siempre». «El sueño y el deseo existían, pero no teníamos la certeza de establecernos -añade Abel Tomás-. Ha sido un camino duro».

A pesar del tango, veinte años son mucho tiempo. ¿A la afinidad musical se ha de unir una afinidad personal en un conjunto así? ¿Es posible lograr un buen cuarteto cuando sus miembros se llevan mal? «Hay casos –dice Vera-, pero aquí, en España, si no nos lleváramos bien no funcionaría. Es quizás un tópico, pero es así». «Cuando un cuarteto está amargado, se nota en sus interpretaciones», completa Abel. «Un cuarteto es como una familia –apunta Jonathan-; desde fuera, lo que se ve no es siempre lo que hay dentro. Pueden parecer fríos entre ellos y ser como hermanos: saber lo que necesita cada uno, soportar los cambios de humor…» «Decir –concluye Arnau- que no ha habido discusiones en estos veinte años sería mentir. Pero se superan».

Es fundamental, aseguran los cuatro, tener por separado una carrera propia. «Es muy sano y enriquece al Cuarteto», dicen al unísono. «Recibir otros inputs, tocar con otra gente, otros géneros, otros formatos, te permite refrescar las ideas. El propio Cuarteto se retroalimenta con estas experiencias».

La integral de los Cuartetos de Beethoven es el gran reto de la formación para este vigésimo aniversario. Los interpretarán a lo largo de varios conciertos, en los que además estrenarán piezas de autores vivos encargadas para la ocasión. Y es que su relación con la música contemporánea es buena, dicen. «Depende de con cuál», bromea Vera. «Es un “estilo”, por decirlo de alguna manera –explica Arnau-, donde no se puede hablar de un lenguaje común; cada autor es muy diferente, hay mucho personalismo en la manera de escribir». «Pero con Francisco Coll –se refiere Jonathan al compositor del que acaban de estrenar una pieza- estamos bastante a gusto. Hay mucha afinidad entre lo que buscamos, entre nuestro estilo, y lo que él ha escrito».

No les resulta difícil variar de repertorio. «Afortunadamente –explica Abel-, hay bastante más variedad que la que encuentra un solista de violín o chelo, que no pueden salir de unos pocos conciertos. Nosotros tenemos bastantes más… Dieciséis de Beethoven, veinte de Schubert, tres de Brahms, dieciséis de Dvorak… Por fortuna, pasan años hasta que repetimos una obra, y se ven con una perspectiva diferente porque nosotros hemos cambiado, hemos evolucionado. Es como redescubrir las obras».

Hay música española de calidad para cuarteto de cuerda, «pero no mucha», explica Vera. «Tenemos los conciertos de Arriaga, evidentemente; piezas sueltas de Turina y otros autores. El hecho de que no hubiera un conjunto estable en la época dorada de la música española: Albéniz, Falla, Granados… hizo que no compusieran para cuarteto. Y nos hemos perdido esa etapa de los grandes compositores. Pero actualmente hay buenos cuartetos de autores de nuestros días». «Tampoco –completa Arnau- en la otra época dorada de nuestra música, el Renacimiento, se compuso para cuarteto, y es una lástima».

El propio Arnau explica por qué el cuarteto de cuerda es una formación musical ideal. «Es un complemento interesante al repertorio sinfónico, permitía a los compositores escribir música más experimental, más íntima; si uno compara las sinfonías y los cuartetos de Beethoven, encontrará mucha más introspección en estos últimos. Es, digamos, una orquesta de bolsillo que permitía mayor fantasía en la escritura». «Prácticamente cualquier obra –completa Jonathan- puede reducirse a cuatro voces; se ha hecho incluso el “Réquiem” de Mozart para cuarteto de cuerda. No es lo mismo, pero puedes tener la esencia encarnada en solo cuatro instrumentos, con toda la riqueza del contrapunto».