Eddie Vedder, líder de Pearl Jam, en un momento de su actuación anoche en Madrid - ISABEL PERMUY

Mad Cool: La avalancha «grunge» supera las previsiones con Pearl Jam

La banda regresa a Madrid 11 años después para dar una lección de rock difícil de olvidar

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Antes de las 19.00 horas, los alrededores de la explanada habilitada en el barrio de Valdebebas para la celebración de este Mad Cool, junto a la Ciudad Deportiva del Real Madrid, era ya un caos enorme. La avalancha de vehículos pilló desprevenida al festival y algunos taxistas tuvieron que dejar a sus clientes a un kilómetro de la entrada. Las colas eran tan largas que no pocos asistentes tardaron dos horas en entrar. «¡Al final solo llego a ver a Pearl Jam!», gritaba un grupo, mientras otro echaba abajo una valla para acceder antes a las taquillas. Un miembro de la organización reconocía a ABC que la multitud les había desbordado un poco.

La presencia de los padrinos del «grunge» –con permiso de Nirvanasuperó todas las expectativas y, a medida que se acercaba la hora señalada, hacerse con un hueco en el escenario principal era tarea complicada. No hay que olvidar que el último concierto en Madrid de Pearl Jam fue en el Festimad de 2007. A juzgar por la invasión de camisetas del grupo, había muchas ganas. Juan Pablo, por ejemplo, hizo la mochila en Orihuela (Alicante) hace dos semanas y se marchó a Padua, en el norte de Italia, para ver el sexto concierto de la gira europea de los de Seattle. Y luego siguió a la banda hasta Roma, Barcelona y, ayer, Madrid. «Me han acompañado toda la vida, desde que empecé a escuchar música con 14 años. Recuerdo que fue en 1993 cuando un amigo me puso en su casa una casete con dos de las canciones del "Ten": "Alive" e "Even Flow". Desde entonces, no hay semana que no me ponga sus discos», contaba a sus 39.

Con todas las entradas del jueves vendidas desde hace tiempo –además de los abonos–, el resto de bandas de la primera jornada del Mad Cool parecían satélites alrededor del cabeza de cartel. Actores secundarios, pero de auténtico lujo como los madrileños Toundra, que reunían a una buena legión de fieles a media tarde con las canciones de «Vortex», su último trabajo. Apenas 50 minutos de ese apabullante rock instrumental que les ha convertido en todo un referente en España y parte de Europa. Un concierto que acabó con Macon, su guitarrista, subido sobre los altavoces y la ovación de los presentes. Nada como jugar en casa, aunque compitan en la misma franja horaria con nada menos que Eels e Iván Ferreiro. Más de uno se tiró de los pelos por no poder partirse en tres. Ya se sabe… los grandes festivales. «Vamos terminando, que tenéis cosas maravillosas que ver hoy. De hecho, yo soy el peor», bromeaba el exlíder de Los Piratas antes de terminar con «Turnedo» y «Diecinueve», y todo el mundo bailando cuando la música ya se había acabado y les invitaban a abandonar el escenario.

Leon Bridges fue el encargado de ponerle un poco de alma al día de ayer. Un caso único el de este cantante estadounidense que, en pocos meses, pasó de ser el fregaplatos de un restaurante de comida mexicana en Fort Worth, Texas, a convertirse en la nueva estrella del soul americano y actuar en la Casa Blanca. Ayer enamoró a unos cuantos miles de curiosos en el escenario Koko, que cantaban y se emocionaban con las canciones de su segundo disco: «Coming Home». Una voz impresionante capaz de resucitar a Sam Cooke, Otis Redding y Marvin Gaye. Bridges calmó a las fieras antes de la tempestad.

Tame Impala, por un lado, y los veteranos Yo La Tengo, por otro, prepararon el terreno a Eddie Vedder y los suyos. Los segundos comenzaban por todo lo alto tirando de sus clásicos de los 90 con los habituales guitarrazos de un Ira Kaplan que parece vivir en estado de gracia. «From A Motel 6», «Upside-Down», «Tom Courtenay» y el público en el bolsillo con la noche cerrada, para acabar con un desarrollo instrumental de más de 15 minutos de contagioso ruido. «¡Síiiiiiii!», gritaba un fan, mientras otros pasaban quejándose todavía de la mala organización. «Ponlo en tu crónica, ha sido horrible», insiste uno.

Hasta que sobre el escenario principal aparece Eddie Vedder y comienza a cantar «Release»... y ya nadie se acuerda ni de la odisea para entrar ni de nada. Poco importaban ya esas cosas. «Creo que voy a llorar... lo digo en serio», le comentaba Quique, que llevaba veinte años queriendo ver a su grupo favorito, a un amigo. Y se pierde después ante el apabullante recital de exitos de los primeros disco de Pearl Jam. «Small Town», «Corduroy», «Even Flow» o «Do The Evolution». Es probable que, tras el enorme espectaculo de los de Seattle, sus seguidores puedan esperar otros diez años para verlos de nuevo. Más de dos horas después, se despidieron con una versión de Neil Young, «Rockin' in the Free World», y su leyenda intacta. «¡Jo, me ha flipado!», aseguraba una seguidora alicantina camino de la salida.