La dulce locura de Rufus Wainwright
Rufus Wainwright presentó su último disco, en un concierto que acabó en la «orgía» musical - de san bernardo

La dulce locura de Rufus Wainwright

El cantautor presentó su último disco, en un concierto que acabó en la «orgía» musical más loca, original y desenfrenada que haya visto Madrid en mucho tiempo

MADRID Actualizado:

Lo había avisado: los conciertos de su nueva gira iban a ser una auténtica locura. Toda una fiesta con la que dar por cerrado el riguroso luto guardado por la muerte de su madre, que le llevó a escribir uno de los discos más oscuros y tristes de su carrera (« All Days are Nights: Songs for Lulu», 2010) y a presentarlo solo al piano, vestido de negro y pidiendo expresamente que no se le aplaudiera entre canción y canción. Pero aquello ya forma parte del pasado.

Desde el pop orquestal y barroco, al folk o la canción francesa, hasta el rock

Ayer, las cerca de 3000 personas que llenaron La Riviera pudieron disfrutar con el nuevo Rufus Wainwright, el que ha pasado de la depresión a la explosión más luminosa, romántica y divertida de su última obra (« Out of the Game», 2012). Un tributo al pop de los años setenta y a músicos como Billy Joel y Elton John, que ayer estuvieron presentes en la piel de un Wainwright tan sensible como intenso, que fue dando vida a un guateque que acabó en la «orgía» musical más loca, original y desenfrenada que haya visto la sala en mucho tiempo.

Los escasos momentos íntimos fueron rápidamente desterrados por las palmas de, en palabras del propio artista, « la mejor audiencia de toda la gira», que cantaba entusiasmada en temas como «Perfect man» o en el éxtasis provocado por la versión de «Everybody knows» de Leonard Cohen, que dio paso a la exhibición vocal de todos y cada uno de los siete músicos que le acompañaban. No faltó nada en la paleta musical del Wainwright: tan pronto daba rienda suelta al pop orquestal y barroco, como al folk o la canción francesa, para llegar al rock, y siempre con un sonido impecable. «Lo siguiente creo que es un tango», llegó a decir entre risas.

Apareció Wainwright disfrazado del gran «Rufus Apolo» para desatar la locura en la sala

Con los bises se desató todo. Un ángel alado y semidesnudo anunciando la era de «todo lo homosexual», presentando, ante una audiencia completamente loca al final de la actuación, al gran «Rufus Apolo». Y allí apareció él, disfrazado del «dios del amor y la felicidad», bailando y cantando entre el público, en una «bacanal» musical difícil de olvidar. ¡Divertidísima!

Rufus Wainwright vive uno de los momentos más felices de su vida. La boda con su novio de hace años y su reciente paternidad le han devuelto la alegría perdida. Una alegría que ayer quiso compartir con todos, puede que por última vez tras su anunciada intención de abandonar el pop para dedicarse a la ópera. Se acabó la fiesta, todo el mundo a casa… a recordar el jolgorio.