Björk peregrina a Santiago con un concierto de ciencias electrónicas
Björk, durante su concierto en Santiago de Compostela, el único en España - efe

Björk peregrina a Santiago con un concierto de ciencias electrónicas

La islandesa interpreta su disco «Biophilia» fiel a sus extravagancias

SANTIAGO DE COMPOSTELA Actualizado:

Quizá una clase de ciencias naturales, de la química a la geología, quizá una exhibición de ritmos atómicos y sonidos experimentales. Björk peregrinó ayer hasta Santiago de Compostela para exhibir una banda sonora al servicio del cosmos, de las estructuras moleculares y las nuevas tecnologías en su único concierto en España. La islandesa, con sus extravagancias y sus instrumentos realizados ex profeso, interpretó en directo las últimas canciones de su disco «Biophilia» ante algunos escasos centenares de fans.

Björk no permitió a la prensa tomar imágenes y pidió a los fans que tampoco lo hicieran

Björk llegaba a la capital gallega preocupada por el envoltorio. No importaba solo el fondo, incluso pareciese que lo hiciera más la forma. Las pantallas que escoltaban el escenario iban reproduciendo imágenes que bien podrían también observarse con un microscopio o recrearse mediante códigos informáticos. Fue un concierto de ópera ecológica apoyada en la electrónica, de sonidos experimentales y descompuestos. En los días previos, ajustándose al guión de cualquier diva, había pedido comida vegetariana y productos reutilizables, pero ayer en el recinto olía a la panceta del puesto de comida.

Tan inquieta por el embalaje, Björk quiso mantener lejos de la Cidade da Cultura gallega, recinto que por primera vez acogía un concierto de este tipo, a las cámaras de los medios de comunicación. Incluso había mensajes en los que solicitaba a sus fans que no grabaran para no distraerse. Seguro que no lo hizo Rafael Sánchez Vilas, de 21 años, estudiante de Biología, designado como «superfan» de Björk entre 160 candidatos.

Era como si la cantante, a la que en los noventa le confiaron la renovación del pop, se hubiera «empollado» manuales científicos para componer sus temas y se lo quiso demostrar durante hora y media a quienes tras dos décadas continúan acompañándola. Aunque la mayor parte llegaron al recinto poco antes, algunos aguardaron diez horas para estar en primera fila. El de Björk no era un concierto de adolescentes. A quienes sedujo con sus ritmos vanguardistas lo hizo hace años y no abundaban los nuevos.

Pirotecnia y artificios

Los temas del concierto giraron en torno a la naturaleza y la tecnología

Björk cantó a la Luna, a la estructura atómica del cristal, al movimiento tectónico de placas. Esos son los temas sobre los que gravitan sus canciones. Fenómenos naturales y cósmicos para los que se rodea de un puñado de coristas que a veces mutan en neutrinos que se aceleran bajo los focos, a veces imitan onomatopeyas con sus gargantas, a veces silencian sus voces para que sea Björk, entre espasmos acordes a la percusión, la única protagonista de un espectáculo apoyado también en la pirotecnia y muchos artificios.

Entonces surgió el fuego. No ardían los montes gallegos, sino que el escenario escupía llamaradas solares mientras caían sobre la artista chispas de esas que abundan en el festival de Eurovisión. Björk subía a la Luna, casi oculta ayer en el cielo compostelano, descendía después al fondo del mar mientras que las pantallas se llenaban de estrellas de mar y recreaba sobre su cabeza la generación de electricidad. Al final, la oscuridad.