Cecilia Bartoli, durante la grabación del disco con el coro de la Capilla Sixtina
Cecilia Bartoli, durante la grabación del disco con el coro de la Capilla Sixtina - D.G.

Cecilia Bartoli «La música es un bálsamo para el alma»

La mezzosoprano romana, una de las grandes figuras de la lirica actual, es la primera mujer que ha cantado en la Capilla Sixtina

MadridActualizado:

Cuando Cecilia Bartoli (1966), paseaba de niña por su Roma natal y cruzaba la Plaza de San Pedro, en el Vaticano, no se podía imaginar que un día haría historia en este lugar. El viernes, la mezzosoprano se convirtió en la primera mujer que ha cantado en la Capilla Sixtina. Lo hizo junto a la Cappella Musicale Pontificia Sistina, el coro más antiguo del mundo -funciona desde 1471-, que también ha abierto sus puertas por primera vez a una mujer, ya que es totalmente masculino (actualmente lo forman veinte hombres y treinta y cinco niños). Con ellos ha grabado también Cecilia Bartoli un disco, «Veni Domine» (Deutsche Grammophon), que recoge piezas compuestas para las celebraciones papales de Adviento y Navidad por autores como Desprez, Palestrina, Allegri, Tomás Luis de Victoria, además de canto gregoriano. «Me he sentido en el Séptimo Cielo», decía tras el concierto con una abierta sonrisa la mezzosoprano, Unos días antes del concierto, la cantante, en conversación telefónica, confesaba a ABC desde Roma su excitación ante lo que calificaba como «un concierto muy especial».

«Para mí supone un gran honor ser la primera mujer que canta y que graba un disco en la Capilla Sixtina -decía con voz indisimuladamente orgullosa Cecilia Bartoli- junto a los niños y los adultos del coro. Es un repertorio muy hermoso y de sabor arcaico. Poder cantarlo en la propia Capilla junto al maestro Massimo Palombella, el director del coro, ha sido un momento verdaderamente único, mágico, dentro de mi carrera».

¿Cómo surgió la oportunidad de cantar con este coro?

Fue el propio maestro Palombella quien me dijo que tenía interés en que colaboráramos en algún proyecto; seguramente ya tenía en mente mi participación en este repertorio, que yo no había abordado nunca; es la primera vez que canto música tan antigua. Es una música muy bella, de tanta profundidad como simplicidad, que hay que cantar con mucha gracia, con mucho sentimiento. Estoy verdaderamente fascinada con este repertorio y me ha emocionado poder interpretarla en la Capilla Sixtina, que posee una acústica muy particular.

¿Qué quiere decir con particular? ¿Cómo es la acústica de la Capilla Sixtina?

Muy generosa para el cantante y para el sonido. La voz viaja de una manera natural, ligera, casi como un suspiro por el aire. Es un placer cantar en este lugar,

¿Y cómo ha sido el trabajo con Cappella Musicale Pontificia Sistina?

Maravillosa. Tanto el coro de adultos como el de niños, que tienen mayor protagonismo en la pieza que he grabado y cantado con ellos, «Beata viscera Mariae Virginis», de Perotin, tienen una gran calidad, son bravissimi... Al cantar con ellos se produjo un momento de grandísima espiritualidad... Algo que hace mucha falta en nuestro mundo actual.

¿Cantar este repertorio influye también en el cantante? ¿Le lleva a una mayor reflexión?

Seguramente... Yo provengo de un mundo musical distinto, el de la ópera y el recital. Éste es un mundo nuevo para mí. Nací en Roma, pero nunca me habría imaginado que un día podría cantar en la Capilla Sixtina; es algo tan exclusivo... Para mí es vivir un sueño absolutamente inimaginable.

Hay que saber gestionar la emoción para que no se imponga al canto...

Dominar las emociones sobre el escenario es una de las tareas fundamentales de un cantante de ópera... No podemos pisar un escenario si no aprendemos a controlarlas. Pero al mismo tiempo debemos aprender a transportarnos por la belleza de la música y abandonarse a ella. Cuando se ama mucho la música, como es mi caso, nos ponemos al servicio del compositor y solamente de su mano podemos transmitir toda su energía, toda su belleza y su espiritualidad.

¿Y cómo influye el marco? Imagino que no es lo mismo cantar en la Capilla Sixtina que en el escenario de un teatro de ópera.

Es un lugar muy especial, sí... Digamos que es un teatro con las pinturas de Miguel Ángel... Solamente con entrar en ese lugar se eleva el alma. Es tan mágico, tan bello y espiritual. No hay un lugar comparable a la Capilla Sixtina y, claro, cantar allí es profundamente inspirador.

Decía usted antes que el mundo hoy necesita espiritualidad. ¿Qué puede aportar la música?

La música es el bálsamo del alma. Cuanto más la escuche, mayor es la capacidad de reflexión del ser humano. La música es al mismo tiempo emoción y reflexión y es una gran ayuda para el hombre; no solo la música sacra, también la profana, la ópera, la música sinfónica, popular... También el rock. Es un lenguaje que no necesita ser expresado con palabras, va directo al alma. Es eso, directa.

¿Qué encuentra de especial en los repertorios antiguo y barroco?

La belleza del barroco está, creo, en la estructura de su música. Hoy lo escuchan mucho los jóvenes; cuando hago conciertos con este repertorio hay en el público mucha más gente joven que cuando canto un repertorio romántico. Su mensaje es más directo, Su estructura es más sencilla: melodía, ritmo, virtuosismo... Son elementos que entienden claramente los jóvenes.

¿Le atrae más actualmente este tipo de música que la ópera?

Todo tiene su momento. Mi último proyecto es de música barroca. Es un disco, titulado «Dolce Duello», que he grabado con la violonchelista Sol Gabetta, con obras de autores como Vivaldi, Haendel o Albinoni. No es frecuente encontrar obras para voz y violonchelo, es un dúo muy raro. Es un instrumento, sin embargo, que puede sonar como una voz humana, tiene una gran sensualidad... Es un diálogo muy interesante, muy inspirador para las dos. Trabajar con Sol Gabetta ha sido una experiencia bellísima; es una artista fabulosa, de una gran profundidad y musicalidad.

Todos sus proyectos musicales y discográficos son distintos, inesperados. ¿Lo que busca con ellos es seguir sorprendiéndose y divirtiéndose?

Cantar es mi pasión, pero quiero que siga siendo un disfrute tan grande como lo era cuando yo comenzaba. Cada vez que me subo a un escenario es un momento importante; me gusta poder compartir la música con otros intérpretes. Por eso he creado la orquesta Les Musiciens du Prince, un conjunto que toca con instrumentos de época; la idea es que haga el repertorio barroco, pero también el prerromántico, que suele hacerse con instrumentos modernos, pero yo creo que es más interesante tocarlo con los de época. El año que viene tocarán en el festival de Pentecostés de Salzburgo, que yo dirijo, un concierto dedicado a un cantante español, el tenor Manuel García, el favorito de Rossini y padre de María Malibrán y Pauline Viardot. En él cantará Javier Camarena.