Luz Casal: «No debería decirlo, pero cuantos más palos me dan más fuerte me hago»

Por MANUEL DE LA FUENTE
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Tres años, tres, a oscuras, sin ver la luz. Sin ver -ni escuchar- a Luz. A Luz Casal. Pero ha sido hasta esta semana. La voz de la cantante gallega vuelve a amanecer con su nuevo álbum, «Con otra mirada»

-Luz, se ha hecho usted de rogar mucho. Nos tenía a dos velas, musicalmente hablando.

-Es curioso... Creo que ha sido la primera vez en mi vida en que antes de ponerme seriamente a grabar ya tenía doce canciones totalmente hechas, no como en otras ocasiones, en las que llegué al estudio con apenas un par de temas. Y sin embargo, finalizar este disco se me ha hecho un poco cuesta arriba, hasta el punto de llegar a dudar de si lo iba a terminar o iba a durarme para el resto de mis días.

-¿Por qué tanto retraso?

-Al ocuparme de la coproducción sentí sobre los hombros una responsabilidad que ni había buscado, ni me la merecía, ni nada, como tener que pensar en cuántas horas de estudio, y a cuánto cada hora, se iban a necesitar para grabar. Fíjese qué problema para mí, que no sé ni lo que vale una barra de pan.

-En su nuevo álbum hay una ranchera, canciones que tiran hacia el flamenco, dos temas de Manuel Alejandro, una pieza de rock bravío... Parece que por ahí van los tiros de la música, por el eclecticismo.

-Siempre he intuido que nuestra música iba a tender al eclecticismo. No puede ser de otra manera cuando vives en un país como España, con una cierta historia musical y con estilos tan importantísimos como el flamenco, que te taladra el corazón, de manera que si eres un tanto inquieta y receptiva es muy probable que en un momento dado te acabe por salir una canción que puede beber de aquí o de allá. Lo que no puedo, ni tengo paciencia para hacerlo, es analizar por qué me salen esas cosas. Me salen y ya está, y, si además son buenas canciones, entonces ni las toco.

-¿Cómo lleva la esquizofrenia de lanzar un álbum mientras ya piensa en el siguiente?

-Es como un hábito. Ya es otro día. Lo que tenías que hacer ya lo has hecho y ahora tienes que hacer otra cosa. En este caso concreto, recuerdo que después de finalizar «Con otra mirada» me fui a ver a los Rolling Stones al Madison Square Garden y a la mañana siguiente rellené la mitad de la libreta del hotel con ideas y letras. A lo mejor luego no valen para nada, pero lo hice para dar rienda suelta a las emociones e imágenes que tenía en la cabeza.

-A usted el éxito le llegó tras patearse escenarios de todos los pelajes y entre músicos, también, de todos los pelajes. ¿Llamó el legendario machismo del rock a su puerta?

-He vivido mis episodios, de esos que si un día te vuelven a ocurrir, dices: «qué salvajada, qué paciente fui, cómo fui capaz de superar todos esos sinsabores...». A ninguno le gusta que te subestimen cuando no estás haciendo daño a nadie. Muchas veces he tenido que defenderme con la palabra y explicar cada paso que daba... Por qué esta canción, por qué esta letra, por qué este músico, por qué este arreglo... Por qué, por qué, por qué... Y mientras, ves que hay un ejemplo similar al tuyo, pero en versión masculina, y no se cuestionan ese tipo de cosas. Incluso todavía hay críticas de conciertos en las que las tres cuartas partes se dedican a contar cómo voy vestida, cuando yo, precisamente, no voy por ahí vendiendo imagen como uno de mis valores principales. Esas cosas ocurren, y jode un poco que a tu colega varón no le pase. Pero bueno, aunque no debería decirlo, cuantos más palos me llevo más fuerte me hago.

-«Con otra mirada», ¿es la declaración de principios de un cambio en Luz?

-En las cosas esenciales sigo igual que cuando empecé. Lo que pasa es que, no sé si es una cuestión de madurez, quizá sí, ahora estoy segura, mucho más segura de que las cosas que no me gustaban me gustan menos todavía. Saber decir que no es más importante que saber decir que sí. Si digo no es no... y no.