Carlos Núñez: «España ha apostado por exportar solo el flamenco, y es una pena»
Carlos Núñez ha recorrido el mundo en busca de las raíces celtas, como se comprueba en «Discover» - abc
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Carlos Núñez: «España ha apostado por exportar solo el flamenco, y es una pena»

El músico gallego hace resumen de su carrera en el doble CD «Discover». Quince años reivindicando y reinventando las raíces celtas

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Pues no, Carlos Núñez no resulta moderno, y además toca la gaita (y la flauta). Vaya por Dios. Pero, por fortuna, más allá de aquellos que se quedaron con su etapa en que se vio envuelto en la marea de la world music (años 90), hoy está considerado como un músico con mayúsculas, uno de los más eminentes investigadores, garantes e innovadores de la música celta. Desde que recorriera el planeta con The Chieftains, su carrera en solitario, a partir de 1996, ha estado vinculada a la búsqueda constante de las raíces gallegas y celtas por el mundo, como un emigrante hambriento de descubrimientos sonoros.

Ese recorrido viene ahora resumido en el disco «Discover», en el que conviven colaboraciones como las de Dulce Pontes, Ry Cooder, Luz Casal ( «Negra Sombra»), Noa, Carmen Linares, Jackson Browne, Ryuichi Sakamoto, Compay Segundo, Andreas Vollenweider, Teresa Salgueiro o, cómo no, los irlandeses The Chieftains. Lo presentará en directo en Madrid (14 de noviembre, Teatro Lara, con dos sesiones, a las 20.00 y a las 22.30), Barcelona (día 18, en la Basílica de Santa María del Pi), y en Vigo (martes, 27, Auditorio Mar de Vigo).

-Este disco es un resumen de una andadura musical y geográfica.

«Han sido quince años trabajando duro»

-Una periodista de Nueva York me dijo una cosa muy bonita: «Esto más que una antología, parece un disco grabado en quince años». Lo sentí como un cumplido. Tengo un poco la sensación de que mis discos han sido como una ópera por entregas, o como una novela que aún no se ha terminado, por fortuna. Es un proceso, y me doy cuenta de que tras todas estas aventuras hay un modus operandi, el de buscar nuestras conexiones con otros países, otras culturas, partiendo de nuestras raíces. El primer paso fue mezclar por primera vez el flamenco con la música celta. Luego fuimos a Cuba. Las primeras experiencias eran más naif; luego estuvimos tres años en Brasil, o volvimos a Cuba con más medios, para grabar con Ry Cooder; y también pasamos varios años en Japón. La verdad es que me siento muy orgulloso, porque han sido quince años sin parar, trabajando muy duro, poco a poco tejiendo un network musical. Aún no he terminado, pero es un buen momento para decir a mucha gente «discover», «descubre».

-¿Qué músicas te quedan por descubrir?

-Todo. Me queda muchísimo. Tal vez sea porque soy superperfeccionista, y cada disco me lleva mucho tiempo. Suele ser un proceso de tres años

-¿Qué te llevó a decidirte a echar la mirada atrás?

-Si te soy sincero, pensamos que sería el ideal para la gira por Estados Unidos (donde el doble CD salió antes que en España), para enseñarles quiénes somos, como es nuestra música, el universo sonoro que estamos creando. Me da pena que haya tenido que dejar cosas fuera, pero también es cierto que este disco me ha dado la posibilidad de incluir grabaciones que quedaban dispersas, que mucha gente en España no llegaría a conocer, como la banda sonora de un espectáculo de danza contemporánea del Grupo Corpo, que se acaba de estrenar hace unos días en Nueva York, y que está basado en las Cantigas de Martín Códax. Tenía mucha ilusión por ir al estreno, pero no pude por el huracán Sandy. Hay grabaciones que, si no hubiésemos hecho este recopilatorio, nuestros fans en España jamás tendrían acceso. Por eso tienen que comprarlo, ¡qué caramba!

-Pues cada vez resulta más complicado convencer a la gente para que compre discos. ¿Tienes alguna solución?

«La historia de la música es la historia de la supervivencia»

-Creo que la música está en eterno movimiento, y tenemos que adaptarnos y reinventarnos todos los días. Hace poco estuve visitando en Los Ángeles una colección de Charles F. Lumiss, que recopiló canciones españolas de California, las «Spanish Songs of Old California», y decía Lumiss, hace cien años, que «no hay forma de que la gente se interese por música más allá del ragtime» (ríe). Estoy convencido de que la historia de la música es la historia de la supervivencia. Por ejemplo, la batería es pura microeconomía, una sola persona toca los instrumentos que tocaban cinco. O como el acordeón, que llegó y se lo comía todo, porque tenía ritmo, melodía y armonía. Hay que inventar. Y salir fuera. Yo le agradezco mucho a los Chieftains, especialmente a Paddy Malone, que me dijo, cuando yo tenía 18 años: «Carlos, no pienses en tu pequeño país, piensa en el mundo». Siempre seguí esa escuela, morder el polvo, empezar desde cero fuera. Es posible que sea de los pocos de mi generación que haya hecho eso. Antes lo hicieron Paco de Lucía, Plácido Domingo, Julio Iglesias... muchos de esa generación salieron a morder el polvo al extranjero, y gracias a eso se han hecho famosos en medio mundo. En España se ha vivido muy bien en los últimos veinte años, y es difícil, cuando vives muy bien en tu casa, salir fuera y empezar a tocar para unas pocas decenas de personas. Eso es muy duro, pero al mismo tiempo es bonito. Es como volver tener 18 años otra vez. Yo soy un emigrante desde que empecé a hacer música profesionalmente.

-Lo que parece imponerse es una música cada vez más homogénea.

«Nuestro público son los rubitos, no solo los latinos»

-Tenemos unas tradiciones que deberíamos ser lo suficientemente hábiles para hacer llegar al mundo, como lo han hecho muy bien los franceses o los italianos. Hay que ponernos las pilas para pasar de ser consumidores de lo global, a ser productores de cosas en las que tenemos la patente de corso. A ese nivel, creo que tanto España como Portugal han apostado exclusivamente unos por el flamenco y otros por el fado como únicas vías de exportación. Creo que se está perdiendo una oportunidad fantástica, porque ambos países tienen unas grandes posibilidades que están ahí y que no se han sabido utilizar. Cuando se se habla de Galicia se dice que es el buque insignia de la música celta, pero también está Asturias, Cantabria, el norte de Portugal... Y te vas a Aragón y tienen la gaita. Y en Cataluña, mi amigo Jordi Savall ha grabado conmigo música bretona, y él tiene dos discos de música irlandesa. Jordi me decía: «Cataluña tiene sonoridades célticas». Y en Mallorca también se toca la gaita... ¡Cuántos americanos he conocido que han hecho el Camino de Santiago! La música celta nos ofrece contactos con Irlanda, Escocia, la Bretaña francesa, y con sus migraciones a Estados Unidos, y lo mismo nuestros emigrantes hacia Latinoamérica. Existe todo ese mundo de la música celta. El día que salió «Discover» en EE.UU., el gobernador del estado de Maryland, Martin O’Malley, envió un tweet diciendo: «Estoy escuchando el nuevo CD de Carlos Núñez. Bueno de verdad ¡Compruébenlo!». Nuestro público en Estados Unidos son también los rubitos, no solo los latinos. Existe un sur en la península ibérica representado por la guitarra, y la guitarra representa además el renacimiento, el barroco, y todo lo que viene después. Pero también está el norte, que representa la Edad Media y todo lo anterior. Existe un imaginario que está completamente sin explotar, y me da muchísima pena. Se está perdiendo una oportunidad enorme. España es mediterránea, pero también es atlántica. Los irlandeses y escoceses recibieron la gaita de nosotros, no al revés. Cuando le cuentas esto a los norteamericanos, les fascina, y pasamos de ser exóticos a ser miembros fundadores de ese club. Creo que la música es una herramienta fantástica porque no depende de la lengua. Viaja muy rápido, llega a los corazones de la gente, y eso es maravilloso.

-¿Qué te viene a la cabeza cuando ves este disco, con todas esas canciones?

«Hemos convertido a la música celta en universal»

-La sensación es que hemos cambiado la música celta. Cuando empecé a tocar de niño, significaba Irlanda, Escocia, los de las falditas y los castillos, y ahora se ha vuelto un género universal. Pienso que ahora el testigo lo tenemos nosotros. Irlanda y los Chieftains nos ayudaron a dar un valor a lo nuestro. Éramos esa parte desconocida de España, y ahora siento que tengo la responsabilidad de ayudar a otros, ayudar a jóvenes músicos a dar un valor a sus tradiciones, muchas de las cuales están esperando a ser descubiertas.