«Don Carlo», la ópera «milagro» de Giuseppe Verdi

El Teatro Real abre su temporada con la poco representada «versión de Módena» de la obra del compositor italiano

MadridActualizado:

Probablemente sea «Don Carlo», de Giuseppe Verdi, la ópera que más cambios ha experimentado desde su estreno. Según Francisco Izzo, uno de los mayores expertos en la obra del compositor, existen cinco versiones con la firma de su autor –serían seis si se tienen en cuenta los cambios que Verdi llevó a cabo desde el ensayo general, realizado varias semanas antes del estreno, hasta la fecha de su primera puesta en escena. Ésta se produjo en la Ópera de París –este teatro era quien había hecho el encargo al compositor italiano– el 11 de marzo de 1867–, con el título de «Don Carlos». Ya entonces Verdi había tenido que cortar varios números para adecuar la duración de la ópera a los cánones protocolarios franceses.

Después del estreno, Verdi realizó modificaciones para su estreno en Nápoles y nuevos cortes para su presentación en la Scala de Milán; esta «versión de Milán», con la obra traducida al italiano y los ballets –que eran preceptivos en la Ópera de París– y el primer acto suprimidos, es quizás la más representada. Posteriormente, para el estreno de la ópera en Módena en 1866 (por aquel entonces ya se había estrenado en España, concretamente en el Liceo barcelonés, en 1870), Giuseppe Verdi hizo una nueva versión de la partitura cuyas novedades, básicamente, eran la recuperación del primer acto, conocido como «el de Fontainebleau» y la supresión de los citados ballets.

Triple reparto

Precisamente esta versión es la que ha elegido el Teatro Real para la inauguración de su temporada, el próximo miércoles 18 de septiembre. Se ofrecerán catorce funciones hasta el 6 de octubre de una producción procedente de la Ópera de Fráncfort y que lleva la firma de David McVicar (en Madrid la ha repuesto Axel Weidauer). Nicola Luisotti, director musical asociado del coliseo madrileño, estará en el podio (salvo el 29 de septiembre y el 4 de octubre, en que será sustituido por Diego Rodríguez), y habrá un triple –y hasta cuádruple en algún caso– reparto. Dmitry Belosselskiy, Michele Pertusi y Dmitry Ulyanov se alternarán como Felipe II; Marcelo Puente, Andrea Carè, Alfred Kim y Sergio Escobar interpretarán a Don Carlos;Luca Salsi, Simone Piazzola y Juan Jesús Rodríguez encarnarán al marqués de Posa; a Isabel de Valois la interpretarán María Agresta, Ainhoa Arteta y Roberta Mantegna;la princesa de Éboli será cantada por Ekaterina Semenchuk, Silvia Tro Santafé y Roberta Mantegna. Mika Kares y Rafal Siwek se alternarán como el Gran Inquisidor. Y el resto del elenco incluye a Fernando Radó, Natalia Labourdette, Moisés Marín y Leonor Bonilla. Como siempre, estarán acompañados por el Coro y la Orquesta Titular del Teatro Real.

Según Joan Matabosch, director artístico del Teatro Real, apoyado por el propio Luisotti, la elección de la «versión de Módena» tiene sentido porque es en el primer acto «donde se plantea el tema de la obra: la colisión entre los sentimientos privados y las responsabilidades políticas de los personajes. Esos sentimientos privados que luego se van a tener que reprimir se revelan con toda su intensidad en Fontainebleau». La diferencia básica de la versión de Módena con respecto a la de París es, además del idioma en que se canta, la desaparición de los ballets y, por tanto, una menor duración. Luisotti, por su parte, asegura que «tengo todas las versiones de esta ópera y la de Módena me parece la más completa; representa mejor que ninguna las ideas de Verdi, y es además la última que el propio compositor aprobó». «Verdi –completa Matabosch– sentía la mayor devoción por su “Don Carlo”, pero era consciente de que la obra, tal y como se estrenó en París, era problemática por su excesiva duración».

«Un milagro»

Nicola Luisotti, uno de los grandes directores de orquesta verdianos de nuestros días, se refiere a «Don Carlo» como «un milagro». «Cada número es mejor que el anterior –se admira–. No parece humana tanta belleza. Es la ópera más larga de Giuseppe Verdi, y sin embargo yo tengo la sensación, cuando la dirijo, de que es la más corta». En todo caso, concluye, «es una obra que debe verse y escucharse en un teatro. Verdi era un gran maestro del teatro».

Para «Don Carlo», Giuseppe Verdi contó con un libreto de François Joseph Méry y Camille du Locle, que se basaron en la obra «Don Carlos, Infant von Spanien», de Schiller, uno de los difusores de la «leyenda negra». David McVicar, sin embargo, centra su puesta en escena en una idea:la libertad. Axel Weidauer asegura que «ésta es la idea fundamental de la ópera, y está concentrado en el llamamiento que le hace el marqués de Posa al Rey Felipe II solicitándole la libertad para el pueblo de Flandes;en realidad estamos hablando de libertad de pensamiento. Pero en “Don Carlo” la libertad tiene otras restricciones más allá de la política. La tiene, en el plano emocional, Isabel de Valois, que ha de casarse con el Rey a pesar de estar enamorada de Don Carlos. Felipe II también tiene prohibida la posibilidad de tener amigos y, además, su poder está limitado por el poder de la Iglesia, representada por el Gran Inquisidor».

«Arte, no historia»

La escenografía, gris y con bloques de ladrillo móviles «que permite la creación de distintos ambientes, también simboliza esa falta de libertad», dice Weidauer. La indefinición temporal de la escenografía contrasta con el carácter histórico del vestuario, «que tiende un puente hacia la realidad de los personajes históricos, y convierte la historia en universal y actual».

Pero «Don Carlo», concluye Luisotti, «no es una lección de historia. Esto es arte. Verdi contó la historia de Felipe II y el Infante Don Carlos como metáfora para contar otras cosas. Habla en esta ópera del poder de la Iglesia sobre el poder laico, no importa tanto si la historia es verdad o no».