Bad Bunny, en una imagen promocional
Bad Bunny, en una imagen promocional - ABC

Bad Bunny, el nuevo rey Midas del pop latino y los ritmos urbanos

La crítica se rinde ante «X100PRE», disco de debut del superventas puertorriqueño

BarcelonaActualizado:

Esquinado en los últimos días del calendario y con el impacto algo amortiguado por el jolgorio navideño, no ha llegado Benito Antonio Martínez Ocasio a tiempo de colarse en las listas de los mejores discos de 2018, pero a buen seguro que su debut de largo como Bad Bunny marcará a fuego cada uno de los meses de este 2019 que acaba de arrancar.

En realidad, el artista puertorriqueño ya llevaba tres años avisando y aireado su condición de astro latino en expansión gracias a colaboraciones de postín con Nicki Minaj, Cardi B, Future y Drake, y a un frenético ritmo de lanzamientos de singles, pero ha sido la edición de «X100PRE» lo que ha disparado, aún más, su popularidad y ha puesto a toda la prensa estadounidense a salivar.

Tampoco es que necesite el autor de «La Romana» demasiadas palmaditas en la espalda -esos siete billones (sí, con b) de visitas en YouTube hablan más alto y claro que cualquier reseña-, pero los planetas se han alineado para el puertorriqueño y su debut no sólo se ha estrenado en lo más alto de la lista de los discos latinos más vendidos, según «Billboard», sino que, además, lo ha hecho con una excelente cosecha crítica.

Para «Rolling Stone», por ejemplo, estamos ante el nuevo «rey loco del pop latino», mientras que «The New York Times» elogia su habilidad para romper todos los límites y convertirse en «la voz más esencial de 2018». «The Washington Post» va aún más lejos y asegura que ha entregado el mejor disco de 2019, antes incluso de que comenzase el año.

Directo de Coachella

Casualidad o no, esta cascada de elogios coincide con el fichaje del puertorriqueño por el todopoderoso festival de Coachella y con la revolución estética y sonora que ha llevado a citas como el festival californiano o al Primavera Sound barcelonés a abrir sus puertas al trap latino y el reguetón de la mano de artistas como J Balvin o Tomasa del Real.

«¿Recuerdas cuando te reíste de la confirmación en Arenal Sound de Bad Bunny?», señalaba ayer en tono irónico la web musical «Jenesaispop» para rememorar la polémica que generó la presencia del cantante boricua en la edición de 2017 del festival valenciano. Por aquel entonces, Bad Bunny no era aún la estrella que es hoy, pero ya apuntaba maneras: acababa de lanzar «Mayores» junto con Becky G y su arsenal de singles no hacía más que crecer gracias a canciones como «Tú no metes cabra» y «Soy peor», pero aún quedaban lejos (aunque tampoco demasiado) las noches de sold out en recintos para 20.000 espectadores o las llamadas para sumar su voz a las de Will Smith y Marc Anthony en «Está rico».

A estas alturas, es más que probable que alguien se esté preguntando quién se esconde detrás de tan fulgurante éxito, así que ahí van un par de apuntes biográficos. Nacido en 1994 en San Juan (Puerto Rico), Benito Antonio Martínez Ocasio creció en una familia de clase media y empezó a trazar su camino musical cuando sus padres le regalaron un single del neoyorquino Vico C, considerado uno de los padres del reguetón.

De adolescente, ya empezó a exprimir el ordenador en busca de nuevos sonidos y durante dos años cursó estudios de Comunicación Audiovisual en la Universidad de Arecibo, pero acabó aparcando los estudios. Para cuando Mambo Kingz y DJ Luián, fundadores de la empresa This Is Music, descubrieron las primeras grabaciones que colgaba en su cuenta de Instagram, Benito echaba las horas trabajando en un supermercado e imaginando cómo sonaría su voz deslizándose sobre ritmos sincopados y capas de autotune.

De Drake a Ricky Martin

A partir de ahí, el delirio: canciones cuyas escuchas en YouTube se cuentan, literalmente, por millones; producciones arropado por Ozuna, Farruko, Ñengo Flow y Arcángel, algo así como el póker de ases de los ritmos boricuas; un listado de colaboraciones salpicado de nombres como Cardi B, Nicky Jam, Future, Enrique Iglesias y Natti Natasha; la grabación de esa «MIA» con la que consiguió que el imbatible Drake se pasase al reguetón (y, ya de paso, también al español)...

Y así hasta llegar a «X100PRE», álbum que apareció prácticamente por sorpresa el 24 de diciembre y que en pocas horas ya se había convertido en uno de los discos más escuchados en todos los servicios de «streaming». En él, el puertorriqueño apuntala todos los códigos sonoros y estilísticos que ha venido compartiendo en los últimos años y centrifuga trap, reguetón e incluso destellos ochenteros para convertir el pop latino en un banco de pruebas en el que lo mismo cabe su voz arrastrada y servida entre humaredas que las colaboraciones con el omnipresente Diplo o, sorpresa, un cameo nada previsible de su compatriota Ricky Martin. «Ahora empiezo a comprender por qué Trump quiere construir un muro: sabe que los latinos conquistaremos el mundo y tiene miedo», dejó dicho el cantante el pasado verano, poco después de hacer cima junto a Cardi B «I Like It».

De momento, álbumes como «X100PRE», parecen demostrar que, después de todo, muy errado no debe andar.