En el vídeo de «Lazarus», Bowie encarna a un enfermo atado que agoniza con los ojos vendados
En el vídeo de «Lazarus», Bowie encarna a un enfermo atado que agoniza con los ojos vendados - ABC

Bowie supo que su cáncer era terminal tres semanas antes de morir

Grabó su último disco, «Blackstar», bajo los efectos de las sesiones de quimioterapia

Corresponsal en LondresActualizado:

A punto de cumplirse un año de la muerte de David Bowie, que falleció un 10 de enero en Nueva York por su cáncer de hígado, emergen nuevos detalles de sus últimos días, cuando se entregó a un estallido final de creatividad. El documental «Bowie, los últimos cinco años», que emitirá hoy la BBC, revela que el músico londinense supo que su enfermedad era irreversible tres semanas antes de fallecer.

Bowie, un gran renovador de la música pop en sus mejores momentos de los sesenta y los setenta, flirteó durante muchos años con el riesgo físico: cocaína a mansalva en sus años de Duque Blanco en Estados Unidos, alcohol y una adicción compulsiva al tabaco casi hasta sus últimos días. Cuando su vida se había vuelto saludable, con unos hábitos más burgueses tras su matrimonio con la modelo somalí Imán, el pasado pasó su factura. En 2004 sufrió un infarto en un concierto. Tras el susto inició una vida de recluso en su amplio dúplex del barrio de Nolita (North of Little Italy), en Manhattan, junto a su mujer y su hija pequeña, Lexi. Enmudeció para la prensa y dejó de grabar. De cuando en vez los paparazzis lo captaban con ropa normal de calle y visera, haciendo vida de compras y de visitas a espacios culturales.

«Lazarus», su testamento

En 2013 rompió su silencio con «The Next Day», un disco que parecía un caleidoscopio de los mejores hallazgos de su carrera y que incluía una canción de tono melancólico sobre el vigor y la juventud perdidos. Acto seguido, el museo V&A de Londres, dedicado a las artes decorativas, le dedicó una triunfal exposición, con su ropa y recuerdos. Bowie parecía de vuelta.

En enero de 2015 entró a grabar el que sería su último disco, «Blackstar». Al igual que «The Next Day», lo registró a solo unos pasos de su casa, en los estudios Magic Shop, frecuentados por Coldplay o Arcade Fire. La sorpresa es que en lugar de músicos de rock se rodeó por una banda de jazz progresivo, quería seguir avanzando. Cuando comenzaron las sesiones, Bowie llevaba seis meses de pelea con el cáncer. A los músicos se les exigió confidencialidad absoluta, pero por fuerza hubieron de saber que no estaba bien de salud, porque llegó a grabar sin pelo ni cejas, por efectos de la quimioterapia.

«Blackstar» se acabó en marzo y se lanzó el 8 de enero, el día del cumpleaños del músico y solo dos días antes de su sorpresiva muerte. El canto del cisne fue brillante, un disco arriesgado, con una canción escalofriante, «Lazarus», que hoy se interpreta como su testamento. En el lacerante vídeo que la acompaña, Bowie encarna a un enfermo atado que agoniza con los ojos vendados. El director que lo grabó ha contado a la BBC que en aquel momento supuso que era una alegoría bíblica y no una valiente parábola de la inminente muerte del propio músico.

Última aparición en público

Bowie hizo su última aparición en público el 7 de diciembre de 2015, en una sala del Off-Broadway, en el estreno teatral de su musical, «Lazarus», su último proyecto, hoy en cartel en Londres. Aunque era un enfermo terminal, se las apañó para presentarse elegante, atractivo y con su mejor sonrisa. Pero cuando la obra acabó, salió por una puerta trasera hasta el coche exhausto, sostenido por Imán y el director de escena de la representación.

Los músicos, productores y actores que lo trataron en sus últimos días cuentan que jamás le escucharon una queja sobre su problema de salud, al que solo se refería en términos de si le podía limitar una actividad de su agenda o no. De trato, aseguran que se comportaba «como un gentleman». Hizo un esfuerzo ímprobo por aquilatar su legado final. En la serie de fotos para ilustrar «Blackstar» aparece vestido con un traje perfectamente cortado y de corbata, tocado con un sombrerito coqueto, con sonría enorme y un engañoso bronceado de bote. En cierto modo, la manera en que programó su muerte fue su última obra de arte.

En el Reino Unido, «Blackstar» ha encabezado las listas de venta estas navidades, en vinilo y cedé. Las revistas musicales inglesas más prestigiosas, como «Mojo» o «Q», lo han elegido el mejor disco del año, superando a la despedida de otro gigante, Leonard Cohen, y al sobrecogedor disco de Nick Cave de elegía a su hijo adolescente que se despeñó en Brigthon.