La ópera «Aliados», de Sebastián Rivas
La ópera «Aliados», de Sebastián Rivas - Bienal de Venecia

Bienal de Venecia, la vigencia del manifiesto

El certamen estrenó la ópera «Aliados», del compositor argentino Sebastián Rivas

VeneciaActualizado:

Si algún gesto resume el propósito totalizador de la actual Biennale Musica es la concesión del Leone d’Oro y el Leone d’Argento. El primero se otorga a un músico reconocido por su maestría y cuya obra tenga carácter referencial en la creación actual. La lista de premiados es larga aunque el tránsito desde Goffredo Petrassi (1994), a Tan Dun (2017), significa una deriva hacia autores capaces de conciliar repertorios y géneros. Este año, el Leone d’Oro se ha concedido a Keith Jarret (1945), figura relevante del jazz y la improvisación cuya colaboración con el productor discográfico Manfred Eicher, en la década de los setenta, sirvió para acercarse también a la música de Bach, Barber, Bartók, Händel, Mozart, Arvo Pärt y Shostakovich, y difundir sus propias composiciones orquestales y de cámara. Jarret ha colaborado con músicos de muy distinta adscripción estética desde Miles Davis, con quien inició su carrera, a la flautista Michala Petri en proyectos barrocos. Un problema de salud ha obligado a Keith Jarret a cancelar todas sus actuaciones durante 2018 incluyendo la presencia en Venecia donde tenía previsto ofrecer un concierto.

En el caso del Leone d’Argento, se premia la vitalidad y la innovación. Con cierto sentido del humor, Paolo Baratta, presidente de la Biennale veneciana, ha señalado que quienes los reciben son candidatos a un futuro Leone d’Oro. Es muy posible que sea así en el caso de Sebastian Rivas, autor que desde el rock y el jazz, y tras una sólida formación con importantes maestros europeos, se interesa ahora por la experimentación acústica y electrónica. Nacido en Argentina en 1975, Rivas es francés de adopción y allí ha desarrollado su carrera. La Biennale Musica señala su capacidad para «fusionar el “duende” hispanoamericano con el enfoque sistemático del mundo occidental contemporáneo» con un interés muy particular en el video, la danza y el teatro musical.

La presencia de Rivas en Venecia se ha formalizado con la escenificación en el Teatro Goldoni de «Aliados», «una ópera en tiempo real» escrita en 2013 a partir de un libreto de Esteban Buch. Descrita como ópera multimedia con sonido, imágenes y voces manipuladas, toma como argumento la entrevista real entre Augusto Pinochet y Margaret Thatcher, el 26 de marzo de 1999, con el trasfondo de la guerra de las Malvinas. La realización es potente, el acabado minucioso, el proyecto global. Ha contado con la presencia del Ensemble Multilatérale dirigido por Léo Warynski, una importante dotación informática a cargo del Ircam de Paris, la realización en video de Philippe Béziat y un reparto muy cuidadoso en la consolidación del gesto y la interpretación musical. Es de justicia mencionar a Nora Petrocenko y Lionel Peintre en los papeles protagonistas, y junto a ellos a Mélanie Boisvert, Thill Mantero y Richard Dubelski. Más allá de las individualidades, prevalece la sensación de totalidad lo que reafirma el carácter de espectáculo a favor de una narración histórica aunque suficientemente actual como para condicionar al espectador (y no precisamente desde la comodidad).

En realidad, la estructura dramática se distribuye fiel al prototipo. La continuidad es lineal y el enredo queda en manos de un típico cuarteto vocal. Apenas un quinto personaje viene a romper la estructura: el recluta que «resucita» al comenzar la obra y cuyas apariciones y protestas rompen la continuidad en varios momentos. También un detalle musical añade un interesante sentido referencial a la obra: la abundancia de citas musicales desfiguradas, desde el aria del catálogo de «Don Giovanni» a Purcell, Stravinsky o ese estilizado tango que acaban bailando Pinochet y Thatcher.

Antoine Gindt es el director de escena y responsable, por tanto, de un espacio de compleja coordinación. Sobre el escenario, al fondo, el grupo instrumental. Delante la escena, definida por un suelo lleno de fotografías y los muebles exactos para delimitar el salón de la casa de Pinochet durante su arresto londinense. Varias cámaras registran lo que allí sucede y lo proyectan sobre una gran pantalla en la parte superior. La realidad y el reportaje, lo actual y lo subjetivo se fusionan, al tiempo que la observación cinematográfica de los detalles y primeros planos acrecienta el dramatismo de lo que se cuenta. El gesto de los intérpretes es fundamental, incluyendo la precisión de los movimientos.

Otro elemento esencial de «Aliados» es la vocalidad. Rivas maneja la voz con sentido instrumental. Deconstruye la palabra hablada en fonemas y ruidos que dan a los personajes una calidad caricaturesca y hasta ridícula. Enfatiza las palabras, fuerza los acentos, y los expande gracias a la distribución espacial del sonido. Poco a poco, los procedimientos se superponen con el único fin de otorgar un significado superior, una opinión capaz de personalizar el suceso, subrayar la acción y corroborar su propósito de ópera política. El adjetivo puede parecer tópico y hasta manido, pero «Aliados» se desvincula de la propaganda y se afirma en el compromiso. Con el de su propio tiempo y con otro ya pasado aunque suficientemente cercano, desagradable y desgraciadamente real.