Bieito debuta en Berlín con una discutida visión de «El rapto del serrallo»

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El director teatral español Calixto Bieito estrenará este domingo en Berlín su personal visión de «El rapto del serrallo», de Mozart, que sólo respeta del original la partitura y en la que proliferan, como en sus últimas producciones, los actos de violencia, sadismo y perversión sexual.

«Arte vomitivo con dinero del contribuyente», tituló ayer el diario «Bild», que testimonia esa afirmación con media docena de fotos tomadas en uno de los últimos ensayos de la producción. En una de ellas se ve al bajo Jens Larsen (Osmin) recostado, con la camisa desabrochada y la boca abierta, recibiendo el orín de una de las prostitutas del burdel donde Bieito sitúa la trama, mientras que en otra se ve al actor Guybert Warns (Selim) con los pantalones caídos, a cuatro patas, fornicando con otra mujer del lupanar.

Primitivo y asqueroso

Las imágenes de «Bild» se tomaron durante el ensayo abierto a la prensa gráfica que organizó la Komische Oper este miércoles, a cuatro días del estreno y al que también asistió Efe. Los comentarios que se oyeron en el patio de butacas durante el ensayo de esas y otras escenas, donde maquilladoras y miembros del equipo del teatro esperaban últimas instrucciones, iban desde «qué mal gusto» hasta «primitivo» o «asqueroso». También llamó la atención entre los asistentes que, durante el ensayo, Bieito instaba a una intérprete en el papel de prostituta a que golpeara con fuerza al cantante, aunque el ruido del látigo entorpeciera la audición del aria.

Según recordó ayer el diario Bild, la muestra de «arte vomitivo» que es «El rapto del serrallo» de Bieito resulta aún más escandalosa en el sentido de que está pagada por los contribuyentes. La Komische Oper depende, junto con la Staatsoper unter den Linden y la Deutscher Oper, de la Fundación Operas de Berlín, creada hace dos años por el Senado de Cultura de Berlín para una mejor gestión de los recursos disponibles. Salvo la Staatsoper unter den Linden, que dirige en lo musical Daniel Barenboim, todas son deficitarias y dependen de las subvenciones del gobierno berlinés, de por sí muy endeudado.

Según declaró a «Bild» el senador de Cultura de Berlín, Thomas Flierl, un remedio a esa situación de crisis es fomentar la venta en taquilla, receta exitosa cuando va asociada al escándalo. «Las óperas berlinesas tienen una media de 700.000 espectadores al año. Si lográramos subir esa media al millón, nos ahorraríamos diecisiete millones (de euros) en subvenciones», agregó.

La prensa local cuestiona esa estrategia en nombre del arte y de la ópera, que en el caso de esta producción de Bieito sólo se ajusta a la obra de Mozart en lo musical, pues el libreto entremezcla el original con diálogos de la película «El último tango en París» y recitativos de corte rapero.