La leyenda del álbum cuenta que hubo roces entre John, Paul, George y Ringo, pero esta reedición lo contradice
La leyenda del álbum cuenta que hubo roces entre John, Paul, George y Ringo, pero esta reedición lo contradice - ABC

Los Beatles, mística y resurrección del «Álbum Blanco»

Este viernes se lanza una gran reedición del noveno disco de estudio de los cuatro de Liverpool, gestado durante su retiro espiritual en la India

MadridActualizado:

En abril de 1968, Ringo Starr recibió una postal de John Lennon y George Harrison enviada desde la Academia de Meditación Trascendental del Maharishi Mahesh Yogi en Rishikesh (India), con un escueto mensaje: «Tenemos material ya para dos LPs, así que ve sacando la batería». Él había salido escopetado de aquel retiro espiritual un par de meses antes, asqueado por la falta de higiene en la comida y las instalaciones («había que luchar con escorpiones y tarántulas en el baño, y los insectos te comían en la cama», explicó a la prensa inglesa), pero sobre todo aburrido de unas prácticas de meditación que no entendía. Aguantó diez días, y Paul McCartney sólo unas semanas más. Tampoco se divertía con aquello, y se quedó sólo el tiempo necesario para no perder su cuota de control del proceso creativo que terminaría germinando en «The BEATLES», el noveno álbum de estudio de la banda.

Una vez reunidos en Inglaterra, Harrison convocó a los cuatro en su casa de Esher (Surrey) para grabar las demos acústicas de las veintisiete canciones compuestas en la India, conocidas en la mitología Beatle como las «Esher Sessions». Y un par de días después, el 30 de mayo, en los estudios de Abbey Road se dio el pistoletazo de salida a veinte semanas de grabación con las que los «Fab Four» cambiarían, otra vez, el curso del rock.

Nuevo estilo de grabación

El proceso no tuvo nada que ver con los métodos empleados en «Sgt. Pepper’s» (1967). En lugar de individualizar cada parte en una cinta multipista, muchas de las tomas se grabaron en cintas de cuatro y ocho pistas como interpretaciones de grupo con una voz principal en directo, lo que dio un nuevo nivel de expresividad que muchos consideran la semilla del rock alternativo. Pero esta evolución no tuvo un desarrollo nada fácil. El nuevo método de grabación puso de los nervios a su productor, George Martin, que en agosto decidió tomarse tres semanas de vacaciones lejos del estudio confiando el control a su joven asistente, Chris Thomas, y seleccionando al ingeniero Ken Scott como sustituto de Geoff Emerick, también desertor de las sesiones a mediados de julio.

Para colmo, las tensiones en el grupo provocaron una nueva estampida del bueno de Ringo: el 22 de agosto decidió marcharse a Cerdeña «desanimado y cansado» y no volvió por Abbey Road en diez días. Aquello hizo que se encendieran las alarmas y sus compañeros le imploraron que regresara a través de un telegrama que terminaba con la frase: «Eres el mejor baterista de rock del mundo, por favor vuelve a casa». Ringo aceptó y al día siguiente le recibieron con una sorpresa en el estudio. Habían decorado su batería con flores para darle una bienvenida al más puro estilo «paz y amor».

Sin embargo, para terminar el disco todavía faltaba mucho trabajo. Un mes y medio lleno de complicaciones en el que el cuarteto se centró más en acabar con todo aquello que en competir por ver quién se salía con la suya, y que terminó con una maratoniana sesión final el 16 de octubre. Afortunadamente, George Martin ya había regresado para entonces, y comandó una última jornada de trabajo de veinticuatro horas sin descanso, que sirvió para secuenciar las cuatro caras del doble álbum y completar los «edits» y «cross-fades» entre las canciones, antes de enviar todo el material a fábrica. Un mes después, el 22 de noviembre, millones de vinilos dobles llegaban a las tiendas de todo el mundo, donde los fans enseguida rebautizaron el disco como «The White Album» («El álbum blanco»).

El primer trabajo autoeditado por los Beatles con su propio sello, Apple Records, celebra ahora su quincuagésimo aniversario abriéndose en canal con una reedición que permite adentrarse en las sesiones de grabación hasta el último detalle. Se pueden escuchar las conversaciones de los cuatro de Liverpool antes y después de cada canción, conocer datos nunca antes revelados, y disfrutar de los treinta temas del álbum con una nueva mezcla realizada por el productor Giles Martin (hijo de George Martin) en estéreo y sonido «surround 5.1», sin olvidar las 27 demos en acústico de las «Esher Sessions» y 50 tomas de Abbey Road que nunca han salido a la luz hasta ahora.

La cebolla de cristal

«Hemos intentado acercarnos lo más posible a lo que eran The Beatles en el estudio», explica Martin en la introducción del libro que acompaña a la reedición. «Hemos quitado las capas de la ‘cebolla de cristal’ con la esperanza de sumergir a los viejos y nuevos fans en uno de los álbumes más inspiradores y diversos que se hayan realizado nunca».

Uno de los grandes aciertos de la reedición es que contextualiza la enorme influencia del disco («el mejor que se haya hecho nunca», dijo Jan Wenner en «Rolling Stone») con textos del historiador de los Beatles y productor de radio Kevin Howlet, del periodista y escritor John Harris, y del conservador de la Tate Modern, Andrew Wilson. Pero, sin duda, lo que pondrá los pelos de punta a los fans serán las conversaciones de los cuatro de Liverpool. Escuchar a John, Paul, Ringo (que vio compensado tanto sufrimiento con la inclusión de su primera composición para el grupo, «Don’t pass me by») y George debatir ideas sobre canciones como «Back in the USSR», «Helter Skelter» o «Dear Prudence» o «While my guitar gently weeps», tarareando, haciendo el tonto y riendo juntos, es de lo más emocionante.