Barenboim confía en que Zapatero lleve a cabo en España una reforma de la enseñanza musical

ROSALÍA SÁNCHEZ, SERVICIO ESPECIAL/
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BERLÍN. «Espero que Zapatero convierta la música en parte orgánica de los programas educativos escolares». Éste es el consejo que Daniel Barenboim, a iniciativa propia, lanzó al nuevo Gobierno español asegurando que «Zapatero participa de esa sensibilidad, sabe de la importancia de la música en la formación de la persona, y un cambio de Gobierno es la ocasión para emprender las grandes modificaciones».

Ante un grupo de corresponsales extranjeros en Berlín, el director de la Staatsoper subrayó las carencias del sistema educativo español en esta materia y avanzó, como ejemplo a seguir, la próxima apertura en Ramala de un jardín de infancia centrado en las experiencias musicales en el que niños de muy corta edad dispondrán de instrumentos musicales. «Igual que se da a los niños la oportunidad de pintar, de utilizar los colores y expresarse con garabatos, es esencial darles la oportunidad de hacer garabatos musicales para posibilitar que enriquezcan sus vidas con la música», insistió Barenboim, al tiempo que se quejaba de que «la música sirve cada día más para evadirse de la realidad, y casi nadie parece darse cuenta de que la música sirve precisamente para comprender mejor esa realidad».

Tras romper con la Orquesta Sinfónica de Chicago, el director y pianista desea concentrarse en lo esencial: «Tocaré más el piano y trabajaré sin tanta presión, con más aire, pero no pretendo dirigir otra nueva orquesta», afirmaba igual de vital que siempre, pero desde una nueva serenidad.

Respecto a la cancelación del Teatro Real de Madrid, sin embargo, se mostró más comprensivo y no descarta futuras colaboraciones: «Lo entiendo perfectamente. El Real es ya un gran teatro que requiere espacio para sus propias producciones». Tras cosechar un gran éxito con «Moisés y Aaron», de Schönberg, estrenada la noche anterior, Barenboim anunció un «Parsifal» con escena de Bernd Eichenger para el Festival de Pascua de 2005. Reconoció, además, el gran vacío personal y profesional que ha supuesto la reciente muerte de Edward Said, cofundador del East-West Divan: «El proyecto necesita de alquien de la parte árabe que tome el relevo para poder continuar hacia adelante».