Barenboim, durante un ensayo con la Orquesta del Diván. AP

Barenboim abandonará la Sinfónica de Chicago por diferencias con la Directiva

El músico mantiene también una tensa relación con el Ministerio de Cultura alemán y ha amenazado con dejar la dirección de la Ópera Estatal de Berlín

El director argentino no quiere asumir «obligaciones no artísticas»
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ROSALÍA SÁNCHEZ

BERLÍN. Daniel Barenboim abandonará al final de la temporada 2005-2006 la Chicago Symphony Orchestra, formación que dirige desde que tomó el relevo de Sir Georg Solti en 1991. El argentino-israelí no renovará su contrato con la orquesta, según él mismo ha confirmado, por varias razones. Barenboim arrastra un largo conflicto con el consejo directivo de Chicago, que le atribuye obligaciones de gestión y no artísticas en las que no desea concentrarse por más tiempo. «En América se exige al director un alto nivel de compromiso con actividades relativas a viajes de la orquesta e iniciativas locales destinadas a atraer nuevo público. Son obligaciones no artísticas y siento que no tengo la energía ni el tiempo para cumplir con ellas», ha reconocido el director. Lo cierto es que Barenboim nunca logró conectar plenamente con el peculiar público de Chicago. Disgustaba la amplia presencia de música contemporánea en los programas a una audiencia a la que Solti había acostumbrado a interpretar la música moderna al final de los conciertos, para permitir que los asistentes no interesados pudieran salir y evitar las piezas. Las giras que realizó con la Chicago Symphony por Iberoamérica en 2000 y Japón en 2003 han sido algunos de los máximos exponentes de su trabajo al frente de la orquesta.

A sus 61 años de edad, Barenboim hace compatible la dirección de esta orquesta con la de la Staatsoper de Berlín desde 1992, mantiene relaciones con la Filarmónica de Berlín, la Filarmónica de Viena y la Bayreuth Festival Orchestra de Alemania, además de otras actividades entre las que destaca su labor con jóvenes músicos palestinos e israelíes, que le ha valido recientemente el Príncipe de Asturias.

En su complicada agenda se perfilan, además, nuevas despedidas, con las que podría darse un giro radical a su carrera. Recientemente, Barenboim amenazó con dejar también la Ópera Estatal de Berlín, que desde enero de 2004 ha pasado a ser gestionada conjuntamente con las dos restantes óperas de la capital alemana, por una Fundación que el director ha criticado duramente. «Si la nueva gestión supone cortapisas a mi trabajo artístico, si no puedo expresar lo que musicalmente es importante, entonces lo dejaré. No aceptaré rebajar la calidad artística del trabajo en la Staatsoper», afirmó Barenboim en una entrevista con «Die Zeit». En una sola institución con tres escenarios, ve amenazada su independencia artística y su presupuesto financiero. Durante varios años ha tratado de servirse de toda su influencia para evitar este desenlace de la crisis económica de las óperas berlinesas y en esa lucha ha dejado abiertos varios enfrentamientos con la ministra alemana de Cultura, Christina Weiss. En el Festtage del próximo abril, el Festival de Pascua de la Staatsoper Unter den Linden, en el que hace dos años Barenboim interpretó seguidas todas las óperas de Wagner, el director traerá a su Chicago Symphony Orchestra con obras de Bach, Schönberg y Chaikovski, en un ciclo con sabor a despedida. También están previstos en abril varios conciertos conmemorativos de sus 40 años de relación con la Filarmónica de Berlín.