La banda irlandesa, durante su actuación de anoche en Barcelona
La banda irlandesa, durante su actuación de anoche en Barcelona - ORIOL CAMPUZANO

U2Barcelona se rinde a la leyenda de «The Joshua Tree»

Los irlandeses conquistan el Estadio Olímpico en la única parada española de la gira de 30 aniversario de su disco mítico

Barcelona Actualizado: Guardar
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A diferencia de algunos de sus más aplicados discípulos, a quienes hemos visto crecer disco a disco y escenario a escenario, a U2 ya se les conoció por aquí a lo bruto y en formato extragrande: se estrenaron en 1987 en el Estadio Santiago Bernabéu y desde entonces no han hecho más que maniobrar desde las alturas, conscientes de que representan una de las últimas estirpes (si no la última) de ese menguante Olimpo del rock de estadios.

Una condición que la banda irlandesa, apabullante cuando de lo que se trata es de conquistar gigantescos espacios abiertos, volvió a defender anoche con uñas y dientes ante 55.000 personas en el Estadio Olímpico de Barcelona mientras recogía, una vez más, los frutos de ese «The Joshua Tree» monumental que el tiempo ha acabado por convertir en una imponente leyenda. Noche grande, pues, para reestrenos, (auto)homenajes y, sobre todo, para hacer memoria y darse un baño de masas a cuenta del 30 aniversario de su disco estrella.

Antes de entrar en materia, sin embargo, tocaba un rápido vistazo al pasado aún más remoto y a los años de electricidad punzante, así que en cuanto se apagaron las luces con diez minutos de retraso y mientras Adam Clayton, The Edge, Larry Mullen y Bono desfilaban por la pasarela para tomar posiciones, la atronadora batería marcial de «Sunday Bloody Sunday» convirtió un simple arranque en el primer clímax de la noche. «Estos éramos y así es cómo hemos llegado hasta aquí», parecían decir los irlandeses, apiñados en un escenario secundario en forma de, claro, árbol de Joshua, al tiempo que brincaban de 1983 a 1984 para repescar fibrosas y enjutas versiones «New Year’s Day» y «Pride (In The Name Of Love)».

Himnos primerizos servidos sin adornos con los que Bono, tan locuaz como siempre, agradeció estar de vuelta en este país «poetas y arquitectos» y desveló que se había dejado caer por la exposición de David Bowie que se puede ver en Barcelona, motivo más que suficiente para calzar un pedazo de «Heroes» en «Bad». A su lado, la banda calibraba el poderío de las gargantas del público y tomaba impulso para aterrizar en, ahora sí, «The Joshua Tree».

Fue entonces cuando cobró vida la espectacular y gigantesca pantalla ondulada de más de 60 metros de largo y 14 de ancho y la silueta del icónico árbol sobre resplandeciente fondo rojo anticipó el festín de épica expansiva que se avecinaba. La guitarra infinita de «Where The Streets Have No Name», esa telaraña de punteos y acordes en bucle, activó los resortes de la memoria y, como en el disco, «I Still Haven’t Found What I’m Looking For» y «With or Without You» tomaron el relevo formando un tramo inapelable –probablemente el mejor de la noche– que levantó al público un palmo del suelo. Un trío de ases acompañado por paisajes rocosos, desoladas tomas panorámicas y sonido aplastante para acabar de meterse al Estadi Olímpic en el bolsillo. «Sois increíbles», constató Bono en catalán al ver que no quedaba nadie en la pista que no se hubiese desgañitado a conciencia.

«Bullet The Blue Sky» redobló la tensión y añadió carga política a una noche repleta de mensajes, consignas y lemas; mientras que «Running To Stand Still» y «Red Hill Mining Town» alternaron pausa y épica desbocada antes de que Bono anunciase en tono solemne que era el momento de darle la bienvenida la cara B de «The Joshua Tree». Y con idéntica rotundidad fueron cayendo «In God’s Country», «Trip Through Your Wires», «One Tree Hill», «Exit» y «Mothers of the Disappeared», citas explícitas a ese pasado esplendoroso que los irlandeses estiraron aún más para asomarse a las consecuencias de «The Joshua Tree» y regalar una generosa tanda de bises encabezada por «Miss Sarajevo», «Beautiful Day» y «Elevation».

A esas alturas, ya nadie se acordaba de las colas ni de lo pronto que había tenido que llegar al Estadio para esquivar aglomeraciones –el público hizo caso a los consejos y acudió con antelación, a tiempo de ver cómo Noel Gallagher, descorchaba «Champagne Supernova» y«Don’t Look Back In Anger»–; sólo contaba el frenesí desatado de «Vertigo», la sorpresa de «Ultraviolet (Light My Way)», el suave mecerse de «One» y, claro, «The Joshua Tree», foto fija que a la que U2 inyectó anoche apoteósico movimiento. De propina, la banda se despidió con «The Little Things That Give You Away», adelanto de su próximo trabajo y única mirada al futuro de una noche consagrada al pretérito perfecto.