Arcadi Volodos, esta semana en Madrid
Arcadi Volodos, esta semana en Madrid - Efe

Arcadi Volodos: «Cada vez se está perdiendo más el valor del silencio, es triste»

El intérprete ruso afincado en España, uno de los grandes virtuosos actuales del piano, publica un disco decicado a la música de Brahms

MadridActualizado:

Arcadi Volodos (San Petersburgo, 1972) tiene una apariencia apacible y su conversación se desarrolla en un adagio continuo, que solo en alguna ocasión se convierte en andante. Con cuarenta y cinco años, el pianista muestra un reposo que camina parejo con la firmeza de sus ideas; no le gusta dar pasos en falso, y por eso ha tardado varios años en grabar un disco con obras de Brahms. «He estado tocándolo toda la vida -dice Volodos-; para sacar un disco necesito años viviendo con esa música. En nuestra época todo está grabado y hay doscientas versiones de la misma obra; antes de sacar una nueva hay que preguntarse: “¿es necesaria para la humanidad?” Siempre hay algo nuevo que decir, es verdad, pero tenía que esperar para poder ofrecer una grabación que pudiera aportar algo interesante».

¿Las discográficas aceptan esta filosofía? Su ritmo puede ser diferente del suyo.

Yo no soy el artista perfecto para una casa de discos. Pero no puedo traicionar mis ideas artísticas. Los discos hoy tienen a menudo una intención promocional, y no el valor de documento que tenían hace sesenta años, y que es el que yo creo que deben tener. Yo grabo para la posteridad, no por marketing.

¿Y no prefiere grabar en directo?

Es mucho más fácil, hay más espontaneidad, se cuenta con la ayuda del público, pero por contra existe la posibilidad de que no salga un buen concierto. Y en el estudio no es tan fácil que salga la magia, pero se puede repetir una y otra vez hasta conseguir la versión deseada. Para mí, grabar es un proceso muy doloroso, hasta que logro exactamente lo que quiero.

¿Grabar es un mal necesario?

Es un deber. Si tengo talento y toco varios años una obra, debo dejar un documento de mi interpretación.

¿Qué es lo que más destacaría de las piezas de Brahms que incluye en el disco?

Su personalidad, su genio; es un compositor universal. Brahms es único, con dos compases se puede reconocer su música. Es difícil de explicar... Yo no sé por qué me gusta Brahms ni quiero saberlo. Si lo supiera, se perderían la magia y el misterio. Es algo irracional.

Ha repetido la palabra magia. ¿La música ha de tenerla siempre?

Claro. Pero hablo de la música de los genios, no del «ruido organizado» de muchos que se creen músicos.

¿Se puede en nuestros días hacer la carrera que uno quiere?

Depende de los resultados que se obtengan, claro. Actualmente la música, las artes en general, viven un momento difícil con el imperio de internet y las tecnologías. Todo es muy visual, la gente quiere ver, y la música clásica llega fundamentalmente al oído.

Usted vive actualmente en España. ¿Qué le ha aportado nuestra cultura a su manera de tocar y de entender la música?

Me gusta España: la gente es muy positiva, no sé si por clima o por qué. Los españoles valoran las cosas pequeñas, y eso me gusta. Ahora que tengo una hija, me he dado cuenta de que en España se tiene un aprecio por los niños que no hay en otros países.

¿Y eso se traduce en su forma de tocar?

Claro. Nosotros estamos aprendiendo constantemente: con la vida, con los amigos, con el sufrimiento, con la naturaleza... Estamos siempre cambiando y aprendiendo.

¿Del silencio qué se aprende?

Mucho. El silencio es el origen de la música, el misterio de donde salió. Federico Mompou, por ejemplo, estuvo obsesionado toda su vida por encontrar la sonoridad del silencio. Lo triste en nuestros días es que cada vez se está perdiendo más el valor del silencio. Algunos tienen cada vez más miedo del silencio.

Usted ha dicho que la música no es su profesión, es su vida.

De profesión se puede cambiar. Pero si se es un verdadero músico, no se puede vivir sin la música. Es más fuerte que uno. Te despiertas por la mañana y vives envuelto en música, pensando en ella. Y con la edad se aprecia más la importancia de la música: sabes que has nacido para ella y que te morirás aferrado a ella.

También cambia la manera de tocar.

Sí, cuando se es joven hay una energía que se necesita liberar, y se hace a través de pasajes velocísimos o de furiosos fortísimos. Con cierta edad se dejan de tocar ciertas obras...

¿Hay algún repertorio para el que esté esperando estar preparado?

Yo suelo tocar el mismo programa durante un año o año y medio. Lo más importante es el proceso, la evolución. No puedo tocar una semana una obra y a la semana siguiente otra. No me interesa. Lo esencial para mí es el viaje que hago con cada obra.

¿Hay algún repertorio para el que esté esperando estar preparado?

Yo suelo tocar el mismo programa durante un año o año y medio. Lo más importante es el proceso, la evolución. Yo no podré tocar una semana una obra y a la semana siguiente otra. No me interesa. Lo esencial para mí es el viaje que hago con cada obra.

Ha hablado de Mompou. ¿Qué relación tiene con la música española?

He tocado a Albéniz, pero quien más me ha impresionado es Mompou. No conocía su música, pero cuando lo hice, hace seis o siete años, me maravilló especialmente la «Música callada».

¿Le gusta combinar los conciertos con orquesta y los recitales?

Cada vez toco menos con orquestas, no tengo un repertorio amplio en este campo. Toda mi vida me han interesado mucho más los recitales. En las orquestas hay mucha dependencia, la relación con el director es fundamental, y no siempre tiene las mismas ideas artísticas que tú. Yo además soy nocturno; me gusta levantarme tarde, y las orquestas muchas veces programan los ensayos por las mañanas. No soy pianista de orquestas.