Antón Reixa, de Os Resentidos
Antón Reixa, de Os Resentidos - Ignacio Gil
Pop-Rock

Antón Reixa: «La SGAE es el lugar menos interesante del hemisferio norte para fomentar la cultura»

El expresidente de la sociedad de gestión reunió en marzo a Os Resentidos para grabar el directo «Fai Un Sol De Carallo-suite», una revisitación del clásico de 1986 que ahora se publica en CD+DVD

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El mítico grupo gallego Os Resentidos, liderado por Antón Reixa, regresó a los escenarios el pasado 2 de marzo con una «big band» de primera categoría, la histórica Banda Municipal de Ribadavia, fundada hace 175 años. Esta fastuosa unión se produjo para dar un concierto especial en Ourense, que afortunadamente se grabó para editar en un CD+DVD que celebra el treinta aniversario de la icónica canción «Galicia Canibal (Fai Un Sol De Carallo)», y que también contiene lo mejor de su repertorio más algunos temas nuevos, entre los que está la versión del «Mambo galego» de Xavier Cugat.

Ya celebraron el 30 aniversario de la fundación de Os Resentidos. ¿Por qué decidió volver a reunir a la banda?

La canción «Galicia Canibal» fue la canción más difundida y conocida del grupo, pero además de eso había dos razones importantes. La primera es que Os Resentidos fuimos un grupo muy transgresor, pero por otro lado éramos muy dogmáticos, porque cuando grabábamos una canción de una manera, en directo siempre la tocábamos exactamente igual. Para mí eso era muy aburrido, muy tedioso, y de hecho eso tiene mucho que ver con la disolución del grupo en 1994. Con este concierto por fin hemos encontrado la fórmula de revisitar ese repertorio de una forma distinta, con la colaboración con la Banda de Ribadavia y nuestro arreglista Piti Sanz para conseguir que las canciones perdieran su esencia y su identidad, y cogieran un poco más el sonido de pachanga balcánica que nos interesaba. Por otra parte, el gusanillo de componer no se nos había muerto, así que de esta forma hemos dado salida a varias canciones nuevas.

Seguro que tiene muchas más.

Sí, sí. Lo que más echaba de menos de la música era escribir canciones. De hecho, a finales de año en Galicia se va a editar un libro con todas las canciones que he hecho desde 1982. Me parece que va a ser un volumen gordo. He tenido la suerte de escribir para Os Resentidos, para mi carrera en solitario, para otros músicos... Soy un letrista cien por cien. Cuando empezamos a trabajar en este repertorio empezamos de cero, y curiosamente entendimos que las canciones que mejor han aguantado el paso del tiempo son las más transgresoras en el planteamiento sonoro y las más protestonas en cuanto a letras. Eso tiene una constatación macabra... yo querría que todos esos temas no tuvieran vigencia a estas alturas.

«Sector naval», «Economía sumergida», «Pensionismo ou barbarie»... ¡hasta tenían una canción llamada «Follow me»!

El sector naval sigue en crisis, la economía sumergida se ha incrementado, el fraude fiscal, incluso teníamos otro tema que pasó desapercibido en la época, que se llamaba «Zoológico» pero hablaba sobre el Fondo Monetario Internacional... sin saber cuánto iba a influir en nuestras vidas en los años venideros. Todo ese espíritu protestón había quedado latente y se ha manifestado en estas nuevas canciones.

¿Qué sensaciones tuvo durante el concierto?

El público tenía que validar esta especie de «walking dead» de unos tipos que tenían un grupo en los ochenta, era como pedir una segunda oportunidad. Pero hablando en serio, mis sensaciones fueron de mucha seguridad, porque estuvimos ensayando varios meses. Nunca me he sentido tan seguro en el escenario como ese día, estábamos muy rodados y teníamos el lujo de tener a un montón de músicos extraordinarios tocando con nosotros.

En los ochenta las bandas solían dejar bien claro quiénes eran, de dónde eran, algo que Os Resentidos hicieron de maravilla. Pero esa tendencia se invirtió en los noventa, ¿no?

Sí, esa era la esencia estético-poética del grupo. Para bien o para mal, éramos un grupo muy característico. En los noventa se invirtió, sí... El indie es un fenómeno paradójico. En nuestro caso, nuestra promiscuidad tuvo un resultado muy feliz. Musicalmente nunca tuvimos relación con el country, por ejemplo, que estaba muy de moda en el pop español de la época. Nosotros nos fijábamos en la vanguardia anglosajona, de hecho Os Resentidos nos llamamos así porque sonaba a The Residents, cuyos discos sólo se conseguían por importación. Pero por otro lado, teníamos una querencia por la melancolía cultural y antropológica de la música de verbena y de baile en Galicia. Era una dicotomía que se acentuaba más o menos según la canción, pero que siempre estaba ahí. Luego cuando irrumpió el rap, nuestros discos se llenaron de rap, que para mí fue un alivio ya que veníamos de un punk nada virtuoso, y además yo no tocaba ningún instrumento. Así que con el rap podía cantar más. Mi familia todavía se maravilla de que pueda ganarme la vida cantando.

¿Cuál fue el disco de rap que le abrió los ojos?

«Todos en Os Resentidos coincidimos en que fueron los mejores años de nuestra vida. Las leyendas del rock'n'roll son verdad»

Para mí escuchar rap fue como ver el cielo abierto. Y en mi caso fue con Public Enemy. Aquello fue un impacto fortísimo. Si ves mis letras antes y después de escucharlos, no tienen nada que ver. De unas pocas líneas paso a auténticos testamentos.

Muchos grupos de la llamada «movida gallega» (o más concretamente «viguesa») sacaron su mejor disco en plena ebullición de aquel movimiento. Pero Os Resentidos lo hizo en 1990.

Sí, «Jei». Yo creo que está considerado el mejor por un cúmulo de casualidades. Sobre todo porque Rockdelux lo eligió mejor disco nacional del año... ¡Pero fue el disco que menos vendió! Yo me acuerdo de que hablé con alguien de la revista medio en serio medio en broma preguntándole cuánto nos podría costar que nos pusieran a parir en el siguiente número ¡jaja!, a ver si así vendíamos más. El segundo de la lista fue «Veneno en la piel», que fue un hit de ventas, pero el nuestro se quedó como un disco de culto.

En 1994 lo dejaron «por sinceridad».

El grupo lo fundamos Javier Soto, que sigue en activo en Siniestro Total, Javier Losada, que ha vuelto con este nuevo disco, Alberto Torrado, que ha compuesto canciones nuevas pero no ha tocado... Y Alberto era en realidad la esencia de Resentidos. En el '94 teníamos unas 120 canciones, y recuerdo que dijo: «Ya no tenemos nada nuevo que contar». Por mi forma de vida hubiera seguido con el grupo, me daba un poco igual que hubieran cambiado las cosas, porque yo hacía otros trabajos dentro y fuera de la música, pero esa autenticidad de Alberto, nos la transmitió tan bien que por eso lo dejamos. Los grupos en aquella época se deshacían por dinero o por discusiones. En nuestro caso fue por autenticidad real. Eso prevaleció. Pero bueno, al final el asesino siempre vuelve al lugar del crimen, y yo me siento a gusto con todas las personas que formamos parte de esta banda. Hay una fraternidad real. Todos coincidimos en que aquellos fueron los mejores años de nuestra vida. Las leyendas del rock'n'roll son verdad.

¿Notó el progresivo bajón de la «movida»?

Reixa
Reixa- I. Gil

Sí, sí que lo fui notando poco a poco. Nosotros surgimos cuando se liquidó la cultura resistencialista del antifranquismo, y nació un movimiento diferente, basado en la conquista popular del ocio. La gente iba a los bares, a tomar copas, a las plazas, a los conciertos... más que actitudes políticas hay actitudes vitales. Los grupos de música concidimos con esa ebullición social, y enseguida te veías tocando para miles de personas. Hacías una maqueta en tu casa y a la semana que viene estabas sonando en Radio Nacional, si sacabas un disco de verdad enseguida tenías tu lugar en la escena, salías mucho en la televisión, etc... Fíjate que ahora, apenas voy a hacer tele con esta promoción. Todo eso antes era muchísimo más fácil que ahora, y eso que ahora se hace mucha más y mejor música que antes. Todo cambió cuando empezó a acercarse la era digital, cuando las claves sociales y económicas cambiaron, se hicieron más reaccionarias e individualistas y anularon todo lo anterior. Los ochenta eran muy frívolos, pero con un gran sentido de la tolerancia y de la diversidad. Echo de menos aquella tolerancia.

¿A la directiva de la SGAE se entra por desazón, y se sale por el mismo motivo?

Esa etapa la siento como un fracaso. Estoy agradecido a la vida porque he podido vivir en todo tiempo de ambientes, en la música, las artes plásticas, el cine, la radio, la televisión... he sido muy feliz. Pero borraría de mi biografía los catorce meses en la SGAE. Entré con un programa que debía renovarlo todo y no lo conseguí.

¿Fracaso suyo o de la institución?

De los dos. A mí me echaron porque me empeñé en investigar lo que estaba ocurriendo con la música que suena de madrugada en las cadenas de televisión. Ahí se estaba moviendo una cifra que yo calculé en torno a unos cincuenta millones de euros al año, un negocio en el que los productores se hacían pasar por autores para así cobrar derechos de autor, lo cual es un fraude. Creía que había que investigarlo. Era fácil detectarlo, había incluso falsificaciones de los arreglos de música sinfónica que eran muy evidentes, y había quien había registrado más de 10.000 en cinco años. Era un red de personas que estaban muy inflitradas en toda la institución, incluso en mi propia candidatura, y cuando me puse a investigar comenzaron a lanzar difamaciones contra mí, que ninguna de ellas ha progresado porque no han llegado a juicios orales. Y sin embargo, el fenómeno de la música nocturna sigue intacto. Se abrieron unos expedientes que acabaron en nada, con total impunidad. Sigue siendo un negociete.

Miguel Ríos se posicionó en su contra.

De Miguel Ríos no quiero hablar ni bien ni mal, porque le tengo un respeto muy grande. Teníamos posiciones distintas, no tanto en relación a este problema sino a cuestiones de política institucional. Todo mi respeto para Miguel. Pero en la SGAE no hay participación de los socios. Sin embargo, los socios que sí se mueven en esos 50 millones de euros de recaudación, que tienen recaudaciones que van de 30.0000 a 40.000 o hasta más de un millón de euros al año, esos no se olvidan de votar, no se olvidan de que sus intereses estén presentes en los órganos directivos. Y eso acabó conmigo. Y sigue impune. La propiedad intelectual está a años luz de las necesidades de creadores y consumidores de cultura. El otro día vi no sé qué coalición antipiratería que se quejaba de que los partidos de fútbol de pago se estaban pirateando... ¡Que no me confundan! ¡Eso no es propiedad intelectual! Es propiedad industrial de unos millonarios, y los problemas de los creadores son otros. Y con eso tenemos un problema de déficit democrático, porque la SGAE es la única institución donde podemos defender nuestros derechos, y además ha dado muestras de evidente mala gestión, de que no es una entidad fiable, y que no ha sabido regenerarse. Ahora mismo, la SGAE es el lugar menos interesante de todo el hemisferio norte para fomentar la cultura.