ALTAS CUMBRES MUSICALES

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COSME MARINA

El 22 Festival Internacional de Canarias cierra con esta edición una primera y fecunda etapa dirigida por Rafael Nebot, que ahora pasará a dirigir el teatro Pérez Galdós. En la inauguración, en el Auditorio Alfredo Kraus, la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria dejó claro el magnífico momento que atraviesa bajo la batuta de Pedro Halffter. La formación, competitiva y con músicos de alta calidad, inició la sesión con «Tromba lontana» y «Short ride on a fast machine», dos muestras del severo eclecticismo formal de John Adams que dejaron paso al «Concierto para piano y orquesta número 5, op. 73, en Mi bemol mayor, Emperador» de Beethoven. Esta obra, cumbre de la literatura pianística, encontró en Rudolf Buchbinder un traductor de alta escuela, de sobria introspección en el desarrollo de la misma, al que sólo se le pudo pedir mayor garra y emoción en los pasajes más líricos de la partitura. Buchbinder fue a lo práctico y sacó un rendimiento notable que pudo, no obstante, ser aún mayor ya que tuvo como aliado un acompañamiento impecable por parte de Halffter y la formación canaria.

Ese «déficit emocional» se vio ampliamente cubierto con la brillantísima ejecución de esa cima monumental y de dura exposición que es la «Sinfonía Alpina, op. 64» de Richard Strauss. Este repertorio es muy querido por Halffter, que lo domina con madurez soprendente, aportando versiones sólidas, contundentes, en las que, además de criterio, demuestra un talento y oficio en progresión constante hacia arriba. La «Alpina» planteada por Halffter, con una orquesta entregada, juega y se recrea en las texturas sonoras que Strauss propone y articula sobre una orquestación magistral, soberbia. Todo ello fue envuelto en un caudal de ideas melódicas resueltas con primor y en las que el absoluto control de los diferentes planos llevó a una exposición lúcida en la que el equilibrio fue la pauta de un acercamiento que es el mejor exponente de la ambición a la que esta orquesta puede y debe llegar. Como propina Pedro Hallfter optó por realizar «Tiento y Batalla Imperial» de su padre Cristóbal -presente en la sala-, obra espléndida de concepto y resolución que, quizá, hubiese sido más acertado haber incluido en el concierto como inicio del mismo en vez de las de Adams.