Alicante cordial

Por JOSÉ LUIS GARCÍA DEL BUSTO
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El último tramo de la brillante edición decimoctava del Festival Internacional de Música Contemporánea de Alicante ofrece este fin de semana un variado abanico de homenajes que añadirán un toque cordial al interés puramente artístico que ofrece cada una de las propuestas. Poco -nada- tiene que ver Francisco Tárrega con la contemporaneidad musical, pero no deja de tener sentido que se haya montado un recital guitarrístico como sucesión de catorce estrenos, por parte de José Luis Ruiz del Puerto, de piezas breves solicitadas a otros tantos compositores españoles con destino expreso a recordar la figura de Tárrega en este año en que se cumplen 150 de su nacimiento. La emotividad estará presente cuando el Trío Bernaola inicie su concierto de homenaje al gran maestro desaparecido hace cuatro meses, Carmelo Bernaola, tantas veces presente en este Festival porque se tocaba su música, porque le gustaba oír la que hacían otros, porque impartía lecciones o, sencillamente, porque le apetecía ver a los amigos que allí se concentraban.

Y tres ilustres compositores en su madurez, por cincuentones a partir de este 2002, serán felicitados en dos conciertos de grupo. El Barcelona 216, dirigido por Martínez Izquierdo ofrece un programa monográfico con obras de Kaija Saariaho, mientras que el Proyecto Guerrero, bajo la dirección de Joseba Torre, reparte su programa entre composiciones de José Luis Turina y Santiago Lanchares. Admirables, y muy distintas entre sí, son las aportaciones de estos tres músicos cuyas obras, escuchadas tan próximas unas de otras y con tanta calidad como cabe esperar de los referidos intérpretes, darán una buena prueba de la apertura de horizontes y, en consecuencia, de la diversidad de orientaciones técnicas y estéticas en que se mueven hoy los creadores musicales. Pasaron los tiempos en los que los trayectos de la modernidad parecían canalizados y, además, con pocos canales. Empezaban a ser pasado (reciente, pero pasado) cuando Saariaho, Turina y Lanchares se forjaron como compositores. Estos jóvenes que, como tales, fueron presentados en su día por el Festival de Alicante, son hoy homenajeados como maestros. En realidad, cuando el Festival de Alicante echó a andar eran lo mismo que ahora: jóvenes maestros, pero el paso del tiempo y la acumulación de composiciones (buenas, se entiende), obra a favor del reconocimiento.