Alejandro Sanz
Alejandro Sanz - Belén Díaz Alonso

Alejandro Sanz: «Cuando empecé me aconsejaron no decir que me gustaba el flamenco»

El cantante publica el primer adelanto de su próximo disco y anuncia cuatro grandes conciertos en España

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Cuenta la leyenda que cuando Alejandro Magno se encontró al borde de la muerte, ordenó que su ataúd fuese llevado a hombros por un séquito que iría esparciendo todos sus tesoros a su paso, y que dejaría las manos del monarca balanceándose en el aire, fuera del féretro y a la vista de todos. Sus generales, atónitos, le preguntaron si había una razón especial para tan extraño deseo. Y él respondió: «Quiero que el suelo sea cubierto por mis tesoros para que todos puedan ver que los bienes materiales aquí conquistados, aquí permanecen. Y quiero que mis manos se balanceen al viento, para que las personas puedan ver que vinimos con las manos vacías, y con las manos vacías partimos».

Alejandro Sanz, que firmó su disco de debut con el seudónimo de Alejandro Magno, quiere lanzarnos un mensaje muy parecido con su nuevo single, «No tengo nada». «Creemos que por tener más bienes materiales vamos a ser más felices, pero no es así», asegura el cantante, que regresa tres años después de «Sirope» con una balada convencional que sirve de primer adelanto del álbum que publicará «dentro de unos meses» con el título de «#ElDisco». Para entonces, ya estarán más que agotadas las entradas de los cuatro grandes conciertos de presentación que tendrán lugar en Sevilla (1 de junio, Benito Villamarín), Barcelona (8 de junjio, RCDE Stadium), Madrid (15 de junio, Wanda Metropolitano) y Elche (21 de junio, Martínez Valero).

¿Cómo está?

Muy bien, sorprendido por tanto lío con lo de los coches en Madrid. En algún momento habrá que hacer el cambio, ¿no? Y que la gente se enfade porque en 2050 no pueda conducir coches de combustión...

Antes de coger el coche para venir he visto la cifra de reproducciones de su nuevo videoclip, estrenado a medianoche, y ya tiene casi 300.000.

Son muy poquitas. Más que los «views», que ahora nos movemos mucho por los «views» y los «likes» y todo eso, lo que a mí me gusta es ver los comentarios de la gente, y también el feedback que me dan amigos, familiares, conocidos, que siempre que saco un disco me llaman o me escriben. Hoy estoy viendo mucha gente emocionada, y eso es para mí el éxito. Lo demás llegará si tiene que llegar.

En el videoclip hay un contraste entre la producción, muy ambiciosa y medida al milímetro, y su actuación, muy natural y espontánea.

Sí. Y he intentado hacer lo mismo en la canción. Tiene una lírica muy sencilla, con metáforas muy sencillas. No retuerzo nada para dar con algo muy complicado, sino todo lo contrario. En los arreglos igual. Tenemos a la Orquesta de Praga tocando de una forma increíble, pero pasada por un filtro para que parezca chiquitita. Tiene la grandilocuencia de una de las mejores orquestas del mundo, pero con toda esa simplicidad. Con todo eso intento describir una emoción compleja. Es como lo que intenta todo pintor, poder explicar todo con un solo trazo.

Su personaje en el videoclip es como un ángel, un mago, o un cupido...

O un fantasma (risas). Cuando hablé con los realizadores del vídeo, charlamos acerca de ese tipo de imagen muy Hopper, el pintor norteamericano, que representa muy bien esa frialdad de la gente que va abstraída, metida en su mundo sin prestar atención a los que les rodean, incapaz de comunicarse... Mi personaje surge como alguien que va despertando a esa gente, con un susurro, con un toque cariñoso... Eso es un poco lo que tenemos que hacer entre todos, ayudarnos a despertarnos unos a otros.

El contenido del disco aún es alto secreto, pero podrá hablarme de la grabación. ¿Ha sido fluida?

No, caótica total, el método de no tener método. No se nota en el resultado, pero ha sido caótica en el sentido de que no tenía las letras escritas, las canciones a medio terminar, las improvisaba, sacaba un arreglo, metía otro... Por eso tuve que armarme con Julio Reyes y Alfonso Pérez, los dos productores, que son tíos más organizados. Cada disco lo he hecho de una manera, y creo que eso me ha dado resultado, el no casarme con ninguna forma en particular de hacer discos.

¿El proceso de composición también cambia en cada disco?

Sí, sí. Esta vez ni siquiera lo sabía, pero de ir con el móvil, por ejemplo estando en una fiesta y yéndote al baño a grabar alguna idea que te ha venido, acabé con cuarenta melodías muy desarrolladas.

¿Habrá algo de reguetón en el disco? Algunos compañeros suyos lo hacen por «actualizarse, seguir las tendencias...».

No. Es que no es lo mío, no sé ni cómo se hace el reguetón, así que para qué me voy a meter en una cosa que no sé ni hacer. Además, realmente creo que es un error ir con la moda. Esto ya pasó hace muchos años con el «grunge». Muchos se pegaron una gran hostia por querer ser Nirvana. Tú tienes que ser quien tú eres, y no puedes ir dando bandazos, «ahora se lleva esto, pues me voy para allá». Para empezar porque la gente a la que le gusta eso no te va a consumir porque no te va a creer. Y tu gente tampoco te va a creer, porque van a decir: «¿pero qué hace este?». Hay que ser fiel a lo que uno hace, y luego juguetear con la música como uno quiera.

¿Alguien le ha dicho a lo largo de su carrera que se apropiaba del flamenco?

No, al revés, los flamencos siempre me han agradecido que lo lleve por bandera. Cuando yo empecé, hubo gente que me aconsejó que no dijera que me gustaba el flamenco, porque no se llevaba, y que quedaba mal decirlo porque era como algo pestilente. Y que fuera a clases de dicción para que no se notara que era andaluz... Mi respuesta fue hacer «Corazón Partío».

Sabe por qué le pregunto esto, ¿verdad?

Por lo de Rosalía, pero eso de la apropiación es una tontería. El flamenco ha sido así siempre, se lo decían a Camarón. Pero los que son así son los menos. Ella es una tía con raíces flamencas, que le dan una posición de ventaja, y ha sabido combinarlo muy bien con las nuevas tendencias sin resultar chirriante. Dignifica su música.

El concierto del Calderón fue una cima que se antojaba insuperable. Pero las cuatro fechas en estadios que tienen por delante parecen prometer emociones igual de fuertes.

Sí, esa es la intención. Es muy importante mantener ese imaginario de los grandes conciertos, esas sensaciones de conciertos grandes no hay manera de lograrla en otros recintos. Y nosotros vamos a echar toda la carne en el asador para que sean inolvidables.

A Alejandro Sanz se le ve cómodo y sonriente durante la charla, pero cuando ésta llega a la mitad del tiempo acordado alguien de su equipo decide que ya hemos hablado suficiente. El artista no parece haber hecho ninguna señal, así que la decisión tiene que venir de sus representantes. Insistimos.

¿Está muy impaciente por la salida del disco completo?

No, porque una vez lo sacas es imposible controlar lo que pasa. Por lo menos sacaremos otros tres sencillos, para tener un poco de control de lo que pasará luego con el disco.

(Vuelven a interrumpir) Nos cortan ya así que termino. Pablo Alborán nos contó que usted organizó una cena entre artistas para buscar soluciones a «la rueda». ¿Cómo cree que evolucionará el tema tras las últimas elecciones en SGAE?

La «rueda» nos ha pasado por encima (sonríe). No, en realidad estoy ya un poco al margen, estoy cansado de eso. Lo único que quiero decir es que quiero y respeto a todos los compañeros, estén en «la rueda» o no, y cualquier cosa que pueda hacer daño a cualquiera, no va a salir de mí. Todo tiene que tener un proceso, pero no me voy a meter más en este tema, lo que quiero es trabajar. Nuestra intención nunca fue que la gente no pudiera vivir de tocar por la noche, sino que hubiera un reparto equitativo. Pero bueno, que sea lo que tenga que ser.