Idealista, enamoradiza, soñadora, constante y con una energía inagotable, Georgina regresa a los escenarios
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Entrevista con la cantante Georgina

La «Supermujer» que dejó Venezuela para triunfar con su música en España

Tres años después de su anterior trabajo, Georgina está de vuelta con Dilema, su tercer disco en solitario

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Georgina León tiene una sonrisa desenfadada. Acaba de editar su tercer disco en solitario (Dilema) con una compañía multinacional y su single, Supermujer, suena con regularidad en las emisoras de radio españolas. La cantante venezolana, que se pasa los días entre ensayos, entrevistas, giras, viajes y grabaciones, hoy recibe a ABC con una energía arrolladora. De hecho, el próximo 16 de septiembre lanzará en la sala But de Madrid la presentación de una creación «sincera, elaborada y atmosférica», donde a guitarra y voz se suman ecos festivaleros.

A fuerza de girar, Georgina ha tardado tres años en orientarse entre miedos, dudas e ilusiones. También entre decenas de influencias musicales: «Estaba en tierra de nadie y no sabía por dónde tirar», dice la artista. «En este proceso pasaron por mi vida tres novios y miles de cambios, pero finalmente enganché un hilo y tiré de él hasta que salió Dilemas». De todas las encerronas mañaneras en su casa de la calle San Bernardo, escogió 11 himnos a la ironía en español.

«A veces siento que estoy en tierra de nadie, ni venezolana ni española»

«Son temas cargados de optimismo, realismo e ironía», explica su criterio de selección de entre 35 canciones que compuso durante este tiempo. Estas son también las características que impregnan su vida, rebotando de un lado a otro del planeta. Veterana de apenas tres décadas, Georgina habla como alguien que acumula ya bastantes batallas perdidas. «No me siento ni venezolana ni española. Noto que el mundo está cambiando muy rápido y cada vez que voy a mi país percibo que soy más extranjera». Después recupera la sonrisa y con tono divertido afirma: «Ya puedo considerarme ciudadana del mundo».

Un camino empedrado

Ahora se dedica solo a la música. Pero hubo un tiempo, cuando llegó a Madrid hace once años, en el que tuvo que recurrir al pluriempleo. Por el día trabajaba de teleoperadora vendiendo seguros y por la noche actuaba en garitos con público con más apego al alcohol que a la música. «Fue una etapa dura. Tocar a las tres de la madrugada y para un público borracho no es el mejor plan», comenta recordando aquella época.

Georgina se quedó en Madrid por amor. Formaba parte de un dúo, Tisuby y Georgina, con bastante éxito en su Venezuela natal, donde disfrutaron de los últimos coletazos de la Edad de Oro de la industria musical. Incluso llegaron a vender 250.000 discos en Puerto Rico con su segundo trabajo. En 2004 vinieron a probar fortuna a España, ella se enamoró de un madrileño, también músico (Crespo, guitarrista de los Despistaos), y se quedó a vivir con él. El idilio apenas duró cuatro años, pero para entonces ya se había apegado a la capital del reino y luchó por quedarse.

Aunque su situación ha cambiado, es realista con respecto al futuro. Como gran conocedora de la crisis de la industria, no descarta tener que volver a compaginar varios trabajos para poder dedicarse a su pasión. Pero concluye ladeando la cabeza: «Sé que nunca voy a dejar la música. Es lo único que sé hacer».