Sara Baras, en un momento de su espectáculo «Voces»
Sara Baras, en un momento de su espectáculo «Voces» - pablo sánchez-agm

La embajadora de los cantes mineros

Electrizando el alma, entre el fulgor de la luminotecnia y las voces de los maestros, Sara Baras dio una clase maestra del arte

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Con un gran espectáculo con artistas netamente murcianos se celebraba anoche la tercera gala del Festival, en la que participaban las dos sagas flamencas más importantes de la Región. El guitarrista Carlos Piñana, junto a la Orquesta Sinfónica de Murcia interpretaba su suite para guitarra flamenca y orquesta «El cuidado de una esencia». Una suite de ocho movimientos basada en los principales palos flamencos, bulerías, fandangos, alegrías, soleá, donde combina el flamenco con el sonido clásico. Un gran espectáculo para los aficionados al flamenco y la música clásica, que contaba, además con la colaboración del percusionista Miguel Ángel Orengo.

Una noche muy especial también para La Unión y para su gran cantaora, embajadora de los cantes mineros, Encarnación Fernández, que estuvo acompañada de su hijo Antonio Muñoz a la guitarra. Ahí estaba nada más y nada menos que ganadora de las Lámparas Mineras de 1979 y 1980 y su hijo, el Bordón más joven en la historia del Festival que ganó en 1989. Antonio Fernández es también guitarra oficial del concurso de cante.

Mientras tanto esto es lo que pasaba la noche del sábado, con una sencilla y sobria coreografía presentaba la bailaoraSara Baras: «Voces», su último trabajo, en el que homenajea a los grandes del planeta de los cabales, a los maestros que se nos fueron y ahí están en el Olimpo: Paco de Lucía, Camarón, Antonio Gades, Enrique Morente, Moraíto Chico y Carmen Amaya.

Y ahí las voces bailan, las guitarras cantan y el baile y Sara se ponen el mundo por montera. No hay más trampa ni cartón en esta coreografía de Sara que el baile sencillo y por derecho de la Baras en un trabajo hecho con el corazón, una idea concebida durante el funeral de Paco de Lucía, que simplemente trasmite y emociona, en muchos momentos. No hay nada más grande para el flamenco: transmitir y emocionar. Lo demás son palabras, obviamente entre ellas, las mías.

Las imágenes de los seis «maestros», a la luz de un candil, se nos muestran en un escenario vacío y la voz en off de Carlos Herrera nos introduce en el espectáculo: «Desde la libertad de un corazón flamenco nace "Voces". De un corazón que baila su propia música, que late a su propio compás».

Y a compás ya nos metemos en el hilo del tiempo y el baile con el primer cuadro por bulerías, en que antes se ilumina en el escenario la figura de Paco de Lucía y suena su voz: «Yo creo más en el trabajo, si estas esperando a la inspiración que venga por sí sola, te puedes pasar seis meses sin hacer nada...». Con las «bulerías del Chavo» se luce Sara Baras con su cuerpo de baile; desde Algeciras para irse hasta San Fernando y homenajear a Camarón, que dice en off: «El flamenco no tiene nada más que una escuela, transmitir o no transmitir...», con un excelente baile de Sara Baras con José Serrano, por seguiriyas.

Ahora se recordaba a Antonio Gades y Sara Baras salía al escenario con una capote, vestida de negro jugando con el rojo de la pasión en una escena que puede trasladar a «Bodas de Sangre» de García Lorca y baila con fuerza y tronío por tarantos, con ese zapateado eléctrico, siempre a compás, que electriza el alma, entre el fulgor de la luminotecnia y las voces.

Llega a unos momentos cumbres del espectáculo que se prolongan en el siguiente cuadro cuando se ilumina la figura en el escenario de Enrique Morente y dice su voz en off: «En el flamenco no hay maestros, hay discípulos, yo pertenezco a una generación donde no había maestros...». Y ahí frente a él, arrodillada está Sara Baras. El público aplaude. Y el espectáculo bello y colorista prosigue con un estupendo cuerpo de baile con «Las Cármenes» y la farruca de Sara.

Otro momento espectacular Sara Baras sola con la guitarra, baila ante unos paneles que forman espejos hasta que sale el saxofonista y Sara Baras en un diálogo espectacular con los mágicos sonidos del instrumento. Un momento sublime. Pues, el saxofonista es nada más y nada menos que el americano Tim Ries, que toca en las giras con The Rolling Stones.

La fiesta continuaba, porque el espectáculo es gozoso. Y se recordaba al gran guitarrista Moraíto Chico y su voz sonaba: «A veces ese dolor también alegra el alma, el espíritu te lo alegra porque a veces el dolor también es necesario para el alma, no todo tiene que ser alegría, el dolor también fortalece y como decía tía Anica la Piriñaca: cuando canto la boca me sabe a sangre».

Y por soleá por bulerías bailaba Sara Baras, contenta, pletórica, metiéndose al público en el bolsillo, hasta que propagaba la belleza y la gracia bailando por bulerías, con José Serrano, y el cuerpo de baile, así como con unos excelentes músicos: A las guitarras: Keko Baldonero y Andrés Martínez; al cante Rubio de Pruna, Miguel Rosendo e Israel Fernández y a la percusión: Antonio Suárez y Manuel Muñoz «Pájaro». Aplausos y más aplausos, durante minutos, ante un público feliz y la Baras se despedía: «¡Viva el flamenco y viva La Unión!».

Poco antes de la actuación de Sara Baras, el alcalde de La Unión, Pedro López Milán, hizo entrega del premio Catedral del Cante al embajador de China en España, Lyu Fan, en reconocimiento a labor de este país en la difusión de la cultura flamenca. El diplomático destacó el creciente interés del pueblo chino por el flamenco, que se traduce también en un elevado número de escuelas distribuidas por las principales ciudades de la República Popular China.