Carlos Álvarez (subido a la mesa), como Yago, en una escena de «Otello»
Carlos Álvarez (subido a la mesa), como Yago, en una escena de «Otello» - FESTIVAL DE PERELADA
ÓPERA

Un «Otello» impresionante en Perelada

Éxito absoluto de este montaje de Paco Azorín con una grandiosa aportación del barítono malagueño Carlos Álvarez como un Yago inconmensurable, sin lugar a dudas el mejor en el rol a nivel mundial

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La ópera española tiene en Paco Azorín, reconocido escenógrafo y desde hace poco tiempo, dando sus primeros pasos como «regista», el relevo en el mundo de la dirección escénica que tanto se esperaba. Su evidente amor por el género lírico, su talento, su conocimiento, su formación, su trayectoria en el mundo del teatro y sus ganas, le permiten construir espectáculos tan bien logrados como su «Tosca» (Barcelona, Sevilla, San Sebastián) o, mejor todavía, como este «Otello» redondo que presentó en el Festival Castillo de Perelada, una coproducción con el también festival estival de Macerata (Italia) y que en enero viajará a Valladolid. No hay que perdérselo. Al estreno ampurdanés, además, hay que añadir la impresionante aportación del barítono malagueño Carlos Álvarez como un Yago inconmensurable, sin lugar a dudas el mejor en el rol a nivel mundial.

Mucho sufrieron con las tormentas previas a la «première» los responsables del montaje, que temían por la cancelación de un espectáculo que, finalmente, acabó refrendado por un éxito absoluto: sí, valió la pena, y mucho. Porque el trabajo de Azorín, con un planteamiento genial, con olor a Shakespeare y envuelto en una modernidad muy actual y con una plástica -escenografía, vestuario, peluquería, iluminación y caracterización- que creaba un mundo propio, como de un planeta lejano de un capítulo de «Star Trek», rebasó todas las expectativas construyendo un lenguaje propio, claro, elegante y respetuoso, pero también innovador. La dirección de actores y los movimientos convencieron desde la genial escena de la taberna a los íntimos dúos de amor, de celos, trabajando desde las manos de los protagonistas a los movimientos de las masas: todos los detalles. El omnipresente grupo de esbirros de Yago y sus coreografías, las acertadas proyecciones y las actuaciones acabaron de redondear una velada con un Coro y Orquesta del Liceo muy compenetrados bajo las eficaces órdenes de Riccardo Frizza.

Con un Yago fantástico en los andares de Carlos Álvarez -que dejaban ver desde los celos al perturbado amor que siente por Otello-, la portentosa forma vocal del malagueño lo encumbra a lo más alto. El Otello de Gregory Kunde, de sobreagudos pletóricos y gran actor, convenció incluso ante la incomodidad que le representa el pasaje hacia el grave, siempre negociándolo. Como Desdémona, Eva-Maria Westbroek hizo suyo un personaje para soprano lírica controlando su caudal de voz, sobrada en todo momento. A este trío de ases insuperable, se unieron los impecables Cassio, de Paco Vas; Emilia, de Mireia Pintó; Roderigo, de Vicenç Esteve, y Montano, de Damián del Castillo.

Este regreso del «Otello» verdiano a Perelada no tuvo nada que envidiar a ese de hace 24 años, cuando aquí lo cantó un Plácido Domingo en plenitud bajo la batuta de Valery Gergiev y en un montaje de la Royal Opera de Londres. Con Azorín, este reparto y las fuerzas vivas del Liceo, el evento ampurdanés se aseguró un «Otello» para el recuerdo.