El pianista cubano Chucho Valdés
El pianista cubano Chucho Valdés - abc

Chucho Valdés: «La reapertura de relaciones de Cuba con Estados Unidos está funcionando»

El pianista cubano ofrece hoy, junto a una formación de músicos jóvenes, un homenaje a la legendaria banda de jazz-rock Irakere

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Tenía tres años cuando comenzó a sentarse ante un piano y a los dieciséis debutaba en la banda Sabor de Cuba, dirigida por su padre, Bebo Valdés. Fue pianista después en las orquestas del Teatro Musical de La Habana y en la de Música Moderna de Armando Romeu, antes de que Dave Brubeck le invitase a seguir rastreando las raíces de la afrocubanía en el jazz. Desde entonces ha participado en toda clase de proyectos, propios y ajenos, si bien, como líder, siempre sintió una predilección especial por Irakere, una formación que, a imagen y semejanza de Weather Report o Return to Forever en Estados Unidos, mezclaba los hallazgos del rock y el jazz con la rítmica cubana.

En estos días, aquella formación nacida en los años 70, revive, gracias nuevamente a la iniciativa de Chucho Valdés, y el concierto que hoy se ofrece en el Teatro Circo Price, dentro de los Veranos de la Villa, al amparo del título «Chucho Valdés presenta un tributo a Irakere», dará una idea a la afición de las calidades y el rumbo seguido por esta reposición. «Se trata, en realidad», se apresura a explicar Chucho Valdés, «de un homenaje explícito que le hace una nueva generación de músicos cubanos a la banda Irakere». Y prosigue: «Todos ellos son profesionales provenientes de generaciones posteriores, que harán música original de Irakere y también música de todos nosotros dedicada a Irakere, un grupo con el que todos aprendimos. Es, pues, un repertorio mixto. Reunir a la banda original era del todo imposible, así que yo preferí elegir la fórmula de homenaje, dando, de paso, una oportunidad a los más jóvenes, a todos aquellos que aprendieron con Irakere».

—¿Quiénes son los componentes y qué repertorio, original de Irakere, llevan a los conciertos?

—La sección rítmica es de la los Afrocuban Messengers, mi grupo habitual. Es decir, Gastón Joya en el bajo, Rodney Barretto en la batería y Yarold Abreu en percusiones. Y a esto le hemos sumado las trompetas de Carlos Sarduy, Manuel Machado y Reinaldo Melián; el saxo alto de Rafael Águila, y el tenor de Ariel Brínguez. El repertorio tiene piezas nuevas mezcladas, pero los clásicos son «La misa negra», «Claudia», «La contradanza» y «Lo que va a pasar», entre otros.

Hijo de Bebo Valdés, figura central de la música cubana contemporánea, Chucho Valdés explica que este homenaje a Irakere «es un proyecto puntual paralelo al de su grupo Afrocuban Jazz Messengers, con el que piensa seguir trabajando en lo sucesivo». De hecho, inasequible al desaliento, Chucho presume de ser capaz de jugar a varias bandas cuando explica que, «recientemente, entre Michel Camilo, Gonzalo Rubalcaba y yo, todos pianistas, clausuramos el festival de jazz de San Francisco haciendo un homenaje a Ernesto Lecuona. Tocamos de forma individual, después alternamos dúos, y, finalmente, acabamos con los tres pianos juntos. Un concierto para la historia».

Al referirse a sus planes de trabajo inmediatos, Chucho informa de que en el próximo mes de octubre comparecerá junto al prestigioso pianista clásico Lang Lang en La Habana. «Lang Lang –dice– me invita a tocar con él y junto a la Filarmónica de Nueva York, un repertorio que en estos momentos estamos conviniendo entre ambos. Yo ya tenía organizada una versión del “Claro de luna”, de Beethoven, pero le comenté que deberíamos hacer algo diferente, y me ha dado su conformidad. Le he propuesto –y lo haremos– un danzón sinfónico, orquestado por Gonzalo Romeu, que es nieto de Antonio María Romeu, autor original del tema. ¿Alguien puede imaginarse a Lang Lang con un güiro, un contrabajo, dos pianos y la Filarmónica de Nueva York, haciendo un danzón? Pues este es el reto que tengo ahora. Y también me gustaría que hiciésemos una danza, a dos pianos, de Lecuona, que se llama "Gitanerías"».

—En otro orden de cosas, ¿qué puede comentar acerca de la situación en la que se encuentran los cubanos en estos momentos, cuando el bloqueo estadounidense ha remitido?

—Yo, realmente, desde España,. no puedo contar gran cosa. Me llegan noticias en las que se cuenta que las cosas están cambiando mucho, y que, aparentemente, el cambio va a ser más grande aún con el tiempo. Viene lento, pero se está viendo. Y, por otra parte, pienso que la reapertura de relaciones con Estados Unidos está funcionando y eso es muy importante para este pueblo.

—¿Qué recuerdos conserva de su participación en la película «Calle 54»?

—Los mejores. Fernando Trueba es muy inteligente. Jamás se había hecho un trabajo como ése sobre nuestra música. Ni siquiera en Estados Unidos. Yo, desde luego, nunca he visto un documental que se acerque en nada a eso. En la película aparecen algunas figuras que ni siquiera están ya entre nosotros: Tito Puente, Cachao, Chico O’Farrill… todos lamentablemente desaparecidos. «Calle 54» va a ser como el vino; cuanto más tiempo pase, más importancia tendrá.