Kiss, en plena actuación en el Barclaycard Center de Madrid
Kiss, en plena actuación en el Barclaycard Center de Madrid - maya balanya

Mientras haya pólvora, habrá Kiss

La mítica banda de Paul Stanley y Gene Simmons celebró su 40 aniversario con explosiones y rock'n'roll en un abarrotado Barclaycard Center

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«School's Out», decía la canción, y así era el ambiente anoche en el Barclaycard Center. Ya fueran imberbes recién incorporados a la Kiss Army o veteranos más que talluditos, todos ayer vivieron al excitación de ese momento en el que se acaban las obligaciones y la fiesta más rockera y desenfadada se apodera de tus instintos. Aquel himno que invocaba el fin del año escolar no es de Kiss sino de Alice Cooper, uno de sus antecesores en esto del circus-rock o rock teatralizado, como también lo fueron Arthur Brown y los «Screaming» Lord Sutch y Jay Hawkins. Pero como en tantos otros casos, el aprendiz se comió al maestro.

Alguno pensó ayer que ocurriría lo mismo con los teloneros, que se comerían al grupo principal. Y es que en los Dead Daisies tocan miembros (o ex) nada menos que de Guns'n'Roses, Thin Lizzy, Motley Crüe y Whitesnake. Sonaron bien, muy bien incluso, pero siguieron quedando a años luz de Kiss y no sólo por el espectáculo. También porque los clásicos de la banda neoyorquina son prácticamente insuperables.

Mientras muchos miraban al techo imaginándose para qué servirían esos extraños raíles que lo recorrían, se apagaron las luces y se anunció la llegada de los monstruos. ¡Bum! Primera explosión y comienza «Detroit Rock City» con una fuerza de otro tiempo, espoleada por ese riff capaz de derribar montañas. Igual que el de «Deuce», otro buque insignia que puso el pabellón a sus pies.

La imagen del público, sumergido en una humareda que no era sólo de los cañones del escenario, también fue un poco de otro tiempo. Los minis de cerveza corrían como la pólvora de la pirotecnia del show, que no paró ni un segundo. «Creatures of the night», «Love it loud», «War machine», luces, docenas y docenas de explosiones y fuego por todas partes, aquello era como un infierno, o como el mismísimo cielo rockero, según se mire, tal y como insinúa «Hell or Hallelujah».

Un sueño cumplido

Cuando entraron en juego los solos de batería y guitarra y los vuelos de Gene y Paul con sus tirolinas, los más pequeños debieron ver cumplido un sueño. Para algunos aquello no hacía más que desaprovechar el frenético empuje inicial, especialmente cuando las arengas al público empezaron a hacerse constantes. Pero nada que «God of Thunder» no pudiera remediar.

La flagrante canita al aire radioformulera de «I was made for lovin' you» enfiló el final del concierto con la hinchada coreando hasta la extenuación, y cuando los acordes de «Rock'n'roll all nite» rebotaron en las paredes de palacio, el confeti cayó del techo anunciando el final de una fiesta de cumpleaños que, a jugzar por lo visto, oído y olido, no será ni mucho menos la última.