Ludwig van Beethoven, retratado por Joseph Karl Stieler
Ludwig van Beethoven, retratado por Joseph Karl Stieler - Joseph Karl Stieler
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Beethoven no compuso «Para Elisa», lo hizo para Teresa

La confusión se debe al musicólogo Ludwig Nohl, que en 1865 la descubre en un documento en mal estado y se confunde al tratar de reproducir la dedicatoria

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Ludwig van Beethoven nació el 16 de Diciembre de 1770 en una buhardilla de Bonn, ciudad alemana situada a orillas del Rin. Su infancia se desarrollo entre muchas penurias y dificultades personales y económicas. Su padre era un tenor borracho y mediocre. Su madre una criada con muchos problemas de salud.

A los cuatro años el niño Ludwig comienza a manifestar grandes cualidades para la música, algo que intenta explotar su padre que le somete a una dura disciplina de ensayos. Permanece horas frente al clave o ensayando con el violín. A los once años comienza su vida profesional como músico y a los diecisiete es él quien sustenta a su familia.

En 1792 se traslada a Viena después de experimentar su primer desengaño sentimental. Se había enamorado de Leonor de Breuning, pero ella decide casarse con el doctor Wegler, uno de los mejores amigos de Beethoven.

En Viena, capital musical del mundo, se inicia como compositor. Tiene 25 años. Comienza a ser popular por sus creaciones. Las mujeres se enamoran de su talento. Pero al conocerlo, le rechazan por su físico y sus modales. Le consideran un salvaje o un vagabundo.

Enfermedad, pasión y desengaño

Una noche se despierta con un fuerte zumbido en la oreja. La enfermedad esta dando su primer toque de alerta. Le comunican que se va a quedar sordo, pero se niega a admitirlo y guarda en secreto su problema, fatal para un compositor.

Pero las desgracias del Ludwig no terminan ahí. Al dolor que le produce su sordera se suma el desamor, la pasión y el desengaño. Por su vida pasaron muchos amores, todos frustrados. Todo agravado por su carácter soñador y volcánico. Se suman los rechazos: Leonor de Breuning , Maria Erdödy, Julieta Guicciardi, Bettina Brentano...

Corre el año 1810. Beethoven, ya llegado a los cuarenta, ha compuesto algunas de sus sinfonías pero pasa grandes apuros económicos y apenas tiene para pagarse la comida. Es entonces cuando conoce a la joven Teresa Brunswick, veintidos años más joven que él. Había sido su profesor y era amigo de la familia, que le invita a Martonvásár, en Hungría. Allí surge una amistad sincera, esta vez parece que correspondida por la joven. Dos almas sensibles y apasionadas. Es una época de gran creatividad, el ya maduro Ludwig compone algunas de sus mejores obras, entre ellas la sexta sinfonía y una breve obra para piano en «la menor».

Con el tiempo la pieza sería conocida como «Para Elisa», pero Beethoven la compuso para Teresa. La confusión se debe al musicólogo Ludwig Nohl, que en 1865 la descubre en un documento en mal estado y se confunde al tratar de reproducir la dedicatoria.

Teresa Brunswick terminó por abandonar al genial músico alemán por la diferencia social. Beethoven era un genio. Pero un genio pobre.