Un momento de la ópera
Un momento de la ópera - abc
música

Verismo en vena

La Asociación Bilbaína de Amigos de la Ópera encontró el punto medio perfecto en «Cavalleria Rusticana y Pagliacci»

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No es tan habitual a día de hoy como, a priori, se pudiese pensar la programación de «Cavalleria Rusticana» y «Pagliacci» en nuestros teatros de ópera. El verismo es un estilo que requiere cantantes de primera línea y un estilo peculiar, muy cuidado, siempre al borde de la exageración, pero sin caer en ella para no resultar ridículo.

Esta nueva propuesta de la Asociación Bilbaína de Amigos de la Ópera encontró ese punto medio perfecto, sobre todo en el título de Leoncavallo, en el que todo se concitó para cuajar una estupenda representación. Quizá porque la gran estrella del reparto, el tenor Gregory Kunde, encontró en el rol de Canio un personaje idóneo, un vehículo perfecto para dar cauce a su espléndida realidad vocal. ¡Qué maravilla su encarnación apasionada y vibrante! frente a su Turiddu más contenido y plano expresivamente.

En la «Cavalleria» de Mascagni no todo funcionó en su sitio porque a la falta de mordiente de Kunde se añadió una muy desdibujada Santuzza de Daniela Barcelona. El personaje se le atraganta en la zona aguda, exhibiendo la cantante un vibrato molesto. No me parece este un buen camino para la imponente mezzo italiana. En el título de Mascagni poco más hubo que resaltar vocalmente. Sí en cambio en «Pagliacci», donde Luca Grassi fue un buen Tonio e Inva Mula una magnífica Nedda. A destacar, el lujo de contar con el tenor José Manuel Zapata como Beppe. Un acierto. Bien el coro de la Ópera de Bilbao en ambos títulos.

Musicalmente, correcta la Sinfónica de Navarra, pese a unas versiones muy poco interesantes por parte del director Alesandro Vitiello, especialmente la de «Cavalleria». Falto de ritmo y con una lectura cansina y poco contrastante, estas obras requieren de un maestro de mayor entidad, que sea algo más que un correcto concertador. Junto a parte de los intérpretes, lo mejor de la velada llegó de la mano de la puesta escena firmada por Joan Antón Rechi. Excelente su idea de juntar temáticamente ambos títulos, enlazando las dos historias de pasión, celos y violencia de género. Busca los nexos en común y las unifica con un tono neorrealista que funciona a la perfección. Intensas ovaciones confirmaron el éxito de este doble fresco naturalista.