crítica de música clásica

Jonathan Nott, una deuda pendiente

El director de orquesta ha vuelto al ciclo de Ibermúsica, después de casi una década de ausencia, al frente de la Sinfónica de Bamberg

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Jonathan Nott es un director que ha frecuentado muy poco Madrid. Ibermúsica registra una sola actuación en su ciclo: en 2006 con la Sinfónica de Bamberg, de manera que la vuelta a esta programación bien puede calificarse de novedosa. Pero Nott es un veterano: acumula catorce años de relación artística con esta orquesta y es director que ha transitado por repertorios muy dispares partiendo del más actual, al que se dedicó en detalle durante sus años de trabajo con el Ensemble intercontemporain. «El sonido contemporáneo te ayuda a ser flexible –declaró por entonces– a entender la música como un balance, como una improvisación, y a asumir nuevos riesgos». Hoy Nott es un reputado mahleriano, un director soberbio capaz de presentar el primer acto de «La valquiria» con una elocuencia formidable y al tiempo acercarse a la «Sinfonía 87» de Haydn con calidad de especialista.

Pero entre uno y otro mundo está el abismo de dos sonoridades distintas: la capacidad de Nott y su orquesta para otorgar a Wagner, también a la «Sinfonía 8» de Dvorak, una densidad poderosa extendiéndola a través de una dramaturgia consistente. En el primer caso muy bien apoyada por la generosa voz de Mikhail Petrenko, el gran fiato e incisiva expresividad de Andreas Schager, y la suficiente presencia de Michaela Kaune. Wagner y Dvorak terminaron por ser los platos fuertes de los dos conciertos de este fin de semana, pero la interpretación de ambas músicas tiene su origen en el «Triple concierto» de Beethoven y la «Sinfonía 87» de Haydn.

En el primer caso anticipando el nervio interno, el acento expresivo, la viveza de la partes internas ensambladas a través de una articulación cercana a una voluntad filológica. En Haydn con un cierto problema de calidad instrumental, que en Beethoven quedó enmascarado gracias al sentido expansivo del violonchelista Ulrich Witteler y el violinista Bart Vandernogaerde, miembros de la orquesta y, sobre todo, de un pianista formidable y vivaz como David Kadouch.

Lo importante es que el paso de Jonathan Nott no ha sido fugaz: Ibermúsica anuncia su vuelta el 11 de abril con la Orquesta Juvenil Gustav Mahler y la segunda sinfonía de este compositor.