Jordi Savall, durante su comparecencia ante los medios para explicar su renuncia al Premio Nacional de Música
Jordi Savall, durante su comparecencia ante los medios para explicar su renuncia al Premio Nacional de Música - EFE

Los motivos de Jordi Savall

Son sentimentales (aceptar un Premio Nacional español y recibirlo de su Rey sería un poco violento) y económicos (busca desde hace años una ayuda permanente que garantice sus proyectos)

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La renuncia de Jordi Savall al Premio Nacional de Música sólo ha podido sorprender a los que únicamente conocen su gran talento musical, se explica por motivos sentimentales... y económicos. Tocar admirablemente un instrumento (o escribir un soneto o pintar un cuadro) no tiene nada que ver con la calidad de una persona: la historia del arte presenta ejemplos de sobra. Recordemos datos concretos: Jordi Savall es hoy, probablemente, el mejor intérprete mundial de un instrumento tan hermoso como la viola de gamba. Además, realiza una gran tarea, con distintos conjuntos, en la recuperación de la música antigua europea. Por esa labor ha recibido numerosos galardones, que sí ha aceptado: del Gobierno español, la Medalla de Bellas Artes; de la Generalitat de Cataluña, la Cruz de San Jordi y, hace poco, la Medalla de Oro de la Generalitat, su máxima distinción; del Ministerio de Cultura de la Baja Sajonia, el Premio Pretorius (probablemente, sí le parece admisible su política cultural).

Existen motivos sentimentales, que cualquiera que lea la prensa conoce. El músico ha patrocinado y leído, en París, el manifiesto «Catalans want to vote» y ha declarado: «Es injusto que se nieguen los derechos elementales de Cataluña. Es perfectamente viable tener, en Cataluña, un espacio cultural y económico independiente». Después de esto, aceptar un Premio Nacional español y recibirlo de manos de su Rey, sería un poco violento; además, perjudicaría su imagen ante la Generalitat catalana.

También existen motivos económicos, fácilmente comprensibles. El sonido de la viola de gamba posee enorme belleza pero no atrae a las grandes masas. De las grabaciones de Jordi Savall, sólo se ha vendido mucho la música –de Marin Marais– de la película«Tous les matins du monde». De hecho, él ha creado su propio sello discográfico, Alia Vox. Buscando una audiencia más amplia, ha pasado a dirigir también óperas (el «Orfeo» de Monteverdi, «Farnace» de Vivaldi) y hasta sinfonías de Beethoven.

Según informa Pablo Meléndez-Haddad en las páginas de ABC, Savall declara «haber recibido algunas ayudas del Ministerio de Cultura, entre 25.000 y 30.000 euros anuales para viajes», lo que le parece «algo ridículo». Desde el punto de vista de un españolito de a pie, esa cantidad no lo es; para un divo internacional, puede resultarlo. Pero es que un gran divo (un Plácido Domingo, por ejemplo) no se presenta a ese tipo de convocatorias, cuya concesión decide un comité de expertos independientes –no el Ministerio–, dentro de unos topes económicos marcados en el BOE: se supone que su caché cubre ya holgadamente sus gastos de viaje.

El problema aumenta porque Savall ha creado y liderado una serie de conjuntos dedicados a la música antigua (Hesperion XX y XXI, la Capella Real de Cataluñya –con ayuda de la Generalitat–, Le Concert des Nations) que, de vez en cuando, se reúnen para un concierto o una grabación. Naturalmente, eso multiplica los gastos. ¿También los ingresos?

Lo que busca, desde hace años, Jordi Savall es una ayuda permanente que garantice todos sus importantes proyectos. Para ello, ha creado un Centro de Investigación de Música Antigua. Intentó que el Ministerio de Cultura lo asumiera como un organismo autónomo (semejante a la Orquesta Nacional, por ejemplo), enteramente sufragado por el Estado y dirigido, naturalmente, por el propio Savall. En la actual circunstancia económica, no parece fácil.

Por eso, le resulta más rentable renunciar a los treinta mil euros del Premio Nacional, envolverse en la bandera independentista y esperar que la Generalitat asuma ese proyecto, como algo propio de la nación catalana. Como es bien sabido, en Cataluña no existe problema económico...