Wayne Coyne, líder de los Flaming Lips, durante un reciente concierto de su grupo
Wayne Coyne, líder de los Flaming Lips, durante un reciente concierto de su grupo - abc
colaboración musical

Miley Cyrus, de ácido con los Flaming Lips

La banda de Oklahoma presenta su versión del «Sgt. Pepper» de los Beatles, en la que interviene la aspirante a reina del pop

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Los orígenes experimentales de los Flaming Lips no están reñidos con su indisimulada, creciente y perversa pasión por las estrellas del pop adolescente. Anduvieron con Ke$ha, con la que hace ahora dos años grabaron una versión del «Elizabeth My Dear» de los Stone Roses -ahí quedó un proyecto que iba para largo-, y ahora fichan a Miley Cyrus. La provocación también cabe en el miniuniverso psicodélico del grupo de Wayne Coyne, que este otoño toca techo con su nuevo trabajo: una versión integral del «Sgt. Pepper» de los Beatles. El hambre se junta con las ganas de comer. La banda que más y mejor ha manipulado, desarrollado y sacado de quicio los ingredientes musicales de la psicodelia en las últimas tres décadas se fija ahora en una de las cumbres de género. El resultado, llueve sobre mojado, no podía ser otra cosa que un ácido de doble gota. La lengua la pone Miley.

A Miley Cyrus -Lolita de excepción, Lucy de sobredosis- le ha tocado el corazón de la manzana, un «Lucy in the Sky with Diamonds» cuyas formas originales respetan los Flaming Lips para que su último fichaje se luzca como intérprete, aquí de un papel de niña inocente, soñadora y, como exige el guión, puesta de cornezuelo hasta las trancas. Solo el estribillo de este homenaje lisérgico, retrasado en una tensa cuenta atrás, percusiva y vocal, se reservan los autores de «Zaireeka» para hacer reventar la canción y sugerir el camino de vuelta, distorsionado, saturado de locura, de un mal viaje.

Doble o nada

En una lista de invitados en la que aparecen destacados miembros la aristocracia del rock alternativo (Brian Chippendale, J. Mascis, Phantogram, el líder de Tool y Puscifer, Julianna Barwick, Foxygen o los veteranos Zorch), Miley Cyrus hace doblete. Además de «Lucy in the Sky with Diamonds», la cantante de los lengüetazos es la encargada de ponerle voz a «A Day in the Life». Tampoco en esta ocasión la meten en líos los Flaming Lips: Wayne Coyne y la exchica Disney se reparten la letra, mitad y mitad, como si fuera un secante, y cada uno se lo administra a su manera. Miley se pone de fondo a los New Fumes para reproducir con teclados, y bajo la dañina tutela de los Lips, el entorno de su pop limpio y sintetizado. La parte de Coyne aparece ligeramente más sucia.

Miley Cyrus sale airosa del trance. Cierto es que los de Oklahoma se lo han puesto más fácil que a los New Fumes, que bajo el nombre de Birdflower se enfrentan a la que quizás es la prueba más difícil de este disco: «Within You Without You», la pieza pseudohindú que George Harrison introdujo en el «Sgt. Pepper». El resto del álbum, pese a su sobresaliente acabado y su heterogéneo reparto, peca de previsible. Si lo peor que le puede suceder a una versión musical es remitir a su original sin demasiadas dobleces, las adaptaciones musicales de los Flaming Lips, especializados en el subgénero de la falsificación, han terminado por sonar, después de dar muchas vueltas, al catálogo de versiones de los Flaming Lips, un mérito que, sin embargo, rebaja el listón de la sorpresa.

Excesos del pasado

Los Lips grabaron en 2009 «The Dark Side of the Moon» de Pink Floyd junto a Henry Rollins, Peaches y la banda del sobrino de Wayne Coyne, y el año pasado lanzaron su propia adaptación del álbum de debut de los Stone Roses. pero durante toda su carrera no han dejado de contrahacer canciones sueltas, sin límites de género y, también, sin vergüenza, de Madonna a los White Stripes, pasando por Kylye Minogue. Solos o en compañía de otros, los creadores de «The Soft Bulletin» se han especializado en darle la vuelta a los calcetines del prójimo. Miley Cyrus, debutante en el circo de Oklahoma, sale bien parada de una jugada de riesgo. Gente con más escamas, como Erykah Badu, que puso la voz y se dejó la piel en «The First Time Ever I Saw Your Face», no puede decir lo mismo. A Badu la trataron como a una mujer adulta, quizá demasiado.