Vivaldi vuelve a sonar 300 años después

La violinista Lina Tur Bonet rescata en un disco, que sale hoy a la venta, algunas obras inéditas del compositor italiano

Actualizado:

Lina Tur Bonet iba para bailarina y ha terminado con un violín en cada mano, pues toca tanto el barroco como el moderno dependiendo del repertorio que aborda. En esta ocasión ha utilizado el primero para grabar algunas partituras que han permanecido en silencio alrededor de 300 años, y que ahora verán la luz gracias a la grabación «Vivaldi premieres» (Pan Classics) que sale hoy este lunes a la venta, y que se presentará el día 16 en La Quinta de Mahler.

Se trata de varias obras compuestas por «Il Prete Rosso» cuando este daba clases en un orfanato de Venecia. Unas partituras que han llegado a manos de la violinista balear a través del musicólogo Olivier Fourés, que se encargó de las ediciones críticas y del trabajo con los manuscritos. «Es uno de los máximos especialistas en la obra de Vivaldi y con él he colaborado en varias ocasiones. En uno de nuestros encuentros me comentó que quedaban algunas obras por grabar, consideré aquellas que eran apropiadas para mí y en las que pensé tenía algo que decir. Me llegaron, como quien dice, por casualidad», explica a ABC.

Música muy variada

El disco incluye sonatas y conciertos de violín solo que muestran a un Vivaldi muy variado. «Las obras van desde 1710 a un periodo más maduro, 1730», explica la violinista, que asegura que tras unos años de redescubrimiento de la producción de este compositor «ya quedan muy pocas obras por salir a la luz».

Algo que convierte esta experiencia en algo muy especial para Tur Bonet, quien confiesa que cuando interpreta estas páginas inéditas se imagina «quien fue el último que las tocó, o la última porque probablemente sería una chica, pues Vivaldi trabajaba en una escuela de niñas que eran huérfanas, L'Ospedale Della Pietá, donde consiguió hacer de su orquesta una de las mejores de Europa. Entre las virtuosas se encontraba Anna Maria, considerada la gran violinista de Italia...», señala.

Esta grabación sirve también «para hacer justicia para que esas obras sean escuchadas de nuevo», afirma Tur Bonet, que advierte que «no es que sea lo peor de Vivaldi lo que queda por grabar, en absoluto. Aquí hay desde obras muy sencillas a otras muy elaboradas y complejas. El disco está lleno de contrastes».

Una labor reconfortante

Con un repertorio que abarca desde el barroco hasta obras contemporáneas, la violinista reconoce que disfruta de una manera especial con la recuperación de partituras. «Hay cantidad de música escrita, tanto de compositores célebres como no, que hoy no puede ser escuchada. Los músicos tenemos una misión muy importante: no somos creadores, somos recreadores. En el siglo XXI, una violinista tiene la oportunidad de hacer sonar música del XVIII. Es una labor muy reconfortante». Cuando se la compara con la mezzosoprano Cecilia Bartoli, que ha dedicado los últimos años a recuperar repertorio barroco (ha grabado dos discos con obras rescatadas de Vivaldi), se ríe.

«Prefiero la música interpretada con instrumentos originales, pero no desdeño lo demás»Especializada tanto en la interpretación con violín barroco como romántico -«es el doble de trabajo y de estudio, pero desde que empecé con los dos no he podido dejar ninguno», bromea-, Tir Bonet afirma que es «flexible» a la hora de utilizar instrumentos modernos. «Respeto a la gente que toca a Bach con piano. Otra cosa es que yo haya decidido especializarme y aprender otro lenguaje. Prefiero la música tocada con instrumentos originales pero no desdeño lo demás. Lo importante es la música y la calidad de cómo se interpreta».

La violinista está acompañada en la grabación por el grupo MUSIca ALcheMIca, fundado por ella y que también dirige. «Nació para un proyecto determinado en Alemania y como funcionó muy bien me di cuenta que tenía que ser el germen de algo que tuviera un desarrollo más largo, haciendo cosas musicales e interdisciplinares. Me gusta mucho trabajar con otras artes, quizá por haber estudiado danza, y si tuviera tiempo pintaría, diseñaría, esculpiría... Como no puedo hacer todo eso decidí, en la medida de lo posible, interactuar con otras disciplinas». Solo pone una condición para ello: «Que la música sea pura, no quiero hacer fusión».

Una de estas disciplinas que marida con su música es la literatura, para lo que cuenta con un compañero de lujo, el poeta Antonio Colinas, que también participa en este disco con un poema escrito para la ocasión. «Se ha convertido en una inspiración y en un gran amigo. Ya escribió un poema sobre Bach, que él leía mientras yo interpretaba una de sus partitas, y tenemos previstos más proyectos en el futuro».

Tur Bonet también ha colaborado con importantes agrupaciones internacionales como Les Musiciens du Louvre, Les Arts Florissants, la Mahler Chamber Orchestra y la Orchestra Mozart de Bolonia, que le han permitido trabajar cerca de grandes directores como Abbado, Harding, Gardiner, Minkowski, Christie o Nagano. Se emociona cuando se le pregunta por el fallecido Claudio Abbado. «Se me ponen los pelos de punta. Aprendí una barbaridad con él. Si tuviera que elegir una lección de Claudio sería la de aprender a escuchar a los otros músicos».