Descemer Bueno: «Uso frases de Dostoievski en mis canciones»
Descemer Bueno durante su último concierto en Madrid con motivo de la presentación de su trabajo «Bueno» - congeneres
Bailando, de Enrique Iglesias

Descemer Bueno: «Uso frases de Dostoievski en mis canciones»

El compositor de «Bailando», canción del verano y último triunfo de Enrique Iglesias, indaga en la fórmula del éxito

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Que bajo los bises de un himno playero se agite la prosa trascendental de Dostoievski invita a destapar el misterio. Porque la vida de un hacedor de éxitos -más de lo que parece- encubre ciertos enigmas, cuestión de supervivencia. Descemer Bueno (La Habana, 1971) no cree en urgencias y condensa sus respuestas con una humildad prudente mientras apura su café en el hall de la Embajada de Cuba en Madrid, donde recibe a ABC.

El cubano, un tímido vocacional, reivindica la lentitud y tal vez por ello su carrera despegue ahora, tras casi dos décadas esculpiendo las letras de, entre otros, Juan Luis Guerra, Luz Casal o Enrique Iglesias, a quién le ha regalado el que ya es el tema del verano, «Bailando». Bajo un ajustado sombrero de ala corta, este alquimista de números uno sonríe. Sonríe todo el tiempo. Descemer lo ha vuelto a hacer.

«Cuando le mostré la canción a Enrique se parecía muy poco a lo que es hoy en día. Demoramos la producción e hice un par de ajustes. Ni él ni yo creíamos en el proyecto», reconoce. «Llamé al dúo de reggaeton Gente de Zona, le dieron un último toque y juntos grabamos otra versión. A Enrique le convenció y entonces comenzó a vaticinar lo que iba a pasar». Y pasó.

Ocho éxitos

Bueno regatea con habilidad cuando se le interroga por esa perseguida ecuación, la canción del verano. «No conozco ninguna fórmula», concluye reservando la solución a un misterio –otro, y ya van unos cuantos– que decididamente domina: al menos ocho de los 20 temas que compuso para Iglesias se colaron en las listas de la revista «Billboard», una patente de corso en el mercado discográfico. «“Cuando me enamoro”encadenó 18 semanas y “Bailando” va camino de batir la marca. Es una lotería, un sueño», sentencia el cubano para espantar ese fantasma despectivo que asfixia los éxitos estivales. «Se trata de una realización personal: conectar con la gente». Pero despacio, a su modo.

Dostoievski sólo era una manera entre otras muchas. «Me obsesioné con Fiodor en Cuba y reconozco que uso frases suyas en mis canciones. Leí su obra completa cuando era un estudiante de conservatorio en La Habana». O cuando Bueno se batía con partituras de guitarra clásica mientas el resto de chavales bateaban al otro lado de la calle, apenas unos años antes de garabatear corcheas sobre las pizarras de Stanford, de flirtear con el Buena Vista Social Club y embolsarse un Goya por «Habana Blues» allá por 2005. «Es verdad que estudié y fui profesor, pero sobre todo he oído mucha música para llegar hasta aquí. A Serrat, Sabina, Cat Stevens. Aunque, ¿quién no ama a Serrat?».

A Bueno le gusta reivindicar la música como «un asunto de amigos». En el buen sentido. «Conozco a artistas con talento que se encierran. Estudié en un barrio muy humilde de La Habana vieja, la gente no tenía mucho pero era feliz», asegura un cubano que se reparte entre Nueva York, Miami y la isla, y que hoy presenta en España su álbum «Bueno». «La música me acerca a los sitios».

El caso es que «Crimen y Castigo» arrancaba en «una tarde extremadamente calurosa de principios de julio». Y Descemer, desde hace 20 años, compone para tardes y, sobre todo, noches calurosas. Cada vez más. «Pues ya era hora».