Pablo Sarasate, en una imagen alrededor de 1900
Pablo Sarasate, en una imagen alrededor de 1900 - abc
libro y concierto

Sarasate, inédito y corregido

Coinciendo con la publicación de una nueva biografía realizada por María Nagore, la violinista Ana María Valderrama estrena esta tarde en Madrid dos partituras desconocidas del violinista y compositor que logró la admiración de toda Europa

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Calificado en su época como «el mago del violín» y «el moderno Paganini», Pablo Sarasate (1844-1908) logró concitar en el siglo XIX la admiración de toda Europa por sus dotes interpretativas. Dotes que convirtieron sus conciertos en verdaderos acontecimientos para los que era preciso acudir muchas veces a la reventa para lograr una entrada, como sucede hoy con las grandes estrellas del pop. Escritores célebres como Arthur Conan Doyle o Herman Hesse lo mencionaron en alguna de sus obras, y pintores como Whistler lo retrataron.

Su fama y prestigio superó fronteras y continentes, hasta el punto que en Japón existe una revista dedicada al violín bautizada con su nombre; mientras que en el campo de las grabaciones, Julia Fisher acaba de sacar al mercado un CD dedicado al músico español.

A pesar de todo esto, no es muy profusa la documentacion sobre la obra y la vida de Pablo Sarasate. Una carencia que viene a paliar una nueva biografía sobre el compositor y violinista nacido en Pamplona y fallecido en Biarritz, que ha sido realizada por la musicóloga María Nagore y publicada por el Instituto Complutense de Ciencias musicales (ICCMU). Un trabajo, «Sarasate, el violín de Europa», que retoma la investigación iniciada -y no concluida por su prematuro fallecimiento- por Luis G. Iberni, que ya se había adentrado en la figura de Sarasate con anterioridad en otro texto publicado en 1994.

«Me encargaron desde el ICCMU que continuara el trabajo, pero me encontré con que no había nada escrito. Luis tenía mucha documentación recogida, que yo heredé, y un índice de capítulos proyectado, pero tuve que completar la labor de recopilación de datos y elaborar el libro entero (lo que me hizo cambiar el proyecto inicial que él tenía). Sin embargo, me había contagiado el entusiasmo por la figura de Sarasate, y además me legó una documentación muy valiosa, por lo que el libro está dedicado "A Luis Iberni, in memoriam" y en la introducción le agradezco toda la parte que le corresponde», explica María Nagore a ABC.

-En su investigación descubrió que existían muchos errores sobre el músico, perpetuados en el tiempo. ¿Cuál fue el descubrimiento que más le sorprendió?

«He intentado rectificar errores y tópicos muy difundidos sobre Sarasate»

-Había muchos errores en fechas, por ejemplo he descubierto que Sarasate empezó a dar conciertos en Madrid un año antes de lo que se pensaba, en 1852, con ocho años; he rectificado todas las fechas e itinerarios del primer viaje a América (1870-72), etc.; y aporto muchos otros datos nuevos. Pero sobre todo he intentado rectificar tópicos muy difundidos: por ejemplo, el de que Sarasate tocaba maravillosamente sin haber estudiado nunca en serio (no es cierto, durante su infancia y primera juventud dedicó muchísimo tiempo y esfuerzo al estudio); que no debió nada a ninguno de sus profesores (se decía que cuando llegó al Conservatorio de París ya lo sabía todo y Alard no pudo enseñarle nada); que siempre tuvo éxito (uno de los capítulos se titula «Los años difíciles», y resalto la durísima infancia que tuvo); que no le gustaba Brahms (el concierto para violín no le gustaba, le parecía antiviolinístico, pero la música de cámara la tocaba habitualmente y la admiraba); etc., etc. También he intentado evitar el tono laudatorio, casi «hagiográfico», que domina en casi todas las biografías, sacando a la luz todo tipo de datos y críticas, también las negativas hacia Sarasate.

Pero el descubrimiento más sorprendente han sido las treinta cartas que encontré, después de dos años de búsqueda (sabía que existían por una referencia de Luis Iberni), dirigidas por Sarasate a su madre adoptiva (madame Lassabathie) desde América entre 1870 y 1872. Las localicé en la Sibley Library de la Universidad de Rochester (NY), y me descubrieron al Sarasate más humano: un personaje entrañable, divertido, ingenioso, ingenuo, despistado, muy apegado (exageradamente) a su madre adoptiva... eso me ha permitido hacer un retrato humano del personaje. También he descubierto su entrañable relación con el famoso pintor Whistler, reflejada en una correspondencia muy interesante...

-¿Este trabajo redefine la figura de Sarasate? ¿De qué manera?

«Lo que demuestro en el libro es que Sarasate nunca quiso ser compositor»

-Por lo menos eso pretende. Hay facetas de Sarasate que aún no se conocen y desde mi punto de vista son importantísimas: sobre todo su papel como inspirador del repertorio violinístico de su época. Hay una cierta idea muy extendida de que Sarasate es un músico superficial porque sus obras son populares, fáciles de escuchar, porque nunca compuso sonatas o conciertos... Lo que demuestro en el libro es que Sarasate nunca quiso ser compositor: sus obras, maravillosas desde el punto de vista violinístico y muy atractivas (por eso nunca se han dejado de tocar), son composiciones hechas para las «propinas» de sus conciertos. Lo que hacía era pedir a compositores de su época que escribieran obras para él (Saint-Saëns, Lalo, Max Bruch...), y además elegía otras obras contemporáneas y clásicas que difundió por todo el mundo. En el libro presento una catálogo de unas 80 obras dedicadas a Sarasate, y a esas habría que añadir muchísimas más que surgieron inspiradas por su manera de tocar. Sarasate creó un repertorio específico, y fue un modelo de violinista (máximo representante de la escuela francesa de violín) opuesto a la escuela alemana de Joachim pero igual de influyente o aún más, ya que su vertiente «popular» le hacía llegar a más público (fue el violinista mejor pagado de su época).

Tres estrenos

Coincidiendo con la presentación de esta nueva biografía, el Real Conservatorio Superior de Música de Atocha, que atesora el Stradivarius que Sarasate le legó -calificado recientemente como BIC por la Comunidad de Madrid-, va a acoger el estreno mundial de varias obras desconocidas del compositor, interpretadas por la joven violinista Ana María Valderrama y el pianista Luis del Valle.

- ¿Cómo y dónde encontró las tres partituras que se van a estrenar este martes en el conservatorio, y cómo las calificaría?

-«Fantasía sobre Don Juan de Mozart», para violín y piano, la encontré en la Biblioteca Nacional de París, en una edición de hacia 1871. La razón de que nadie la hubiera «descubierto» antes se debe quizá a que hay otra «Fantasía sobre Don Juan» de Sarasate, también para violín y piano, de 1904, muy conocida. Probablemente se pensó que era la misma, pero son muy diferentes. La que se estrena ahora es una obra de juventud, por lo que es de menor dificultad que la fantasia posterior, que es muy virtuosística para el violín, y además los temas de la ópera sobre los que se basa son casi todos distintos. Sin embargo, es una obra de gran encanto e interés. En la investigación he encontrado datos de que Sarasate tocó ya en 1862, junto con su amigo el pianista Louis Diémer, un «dúo para violín y piano sobre Don Juan». Seguramente es esta misma obra, por lo que sería entonces una de las primeras obras compuestas por Sarasate (de ese año son las primeras obras que compuso, Sarasate tenía 18 años).

Otra de las obras que se va a estrenar es «Preludio para violín solo» que fue publicado en facsimil (firmado y fechado) en una revista española, «La Vida Española», en su número de 7 de octubre de 1905. Es una obra muy breve, de circunstancias. La encontré por casualidad, buscando datos de prensa sobre Sarasate. Y la tercera es una canción para voz y piano,-que interpretará Magdalena Llamas- titulada «L'Éventail noir» («El abanico negro»), con letra del escritor y periodista Eusebio Blasco, que fue publicada en 1885 en París dentro de una colección de partituras, el «Album du Gaulois», ofrecida por el periódico «Le Gaulois» a sus abonados (el volumen recogía obras breves de todos los compositores importantes de la época, entre ellos Liszt, Chaikovski, Dvorak...). Es una piecita de salón muy sencilla, dedicada a Madame Lalo (la mujer del compositor Édouard Lalo, gran amigo de Sarasate). Se trata de una canción muy breve, con ritmo de habanera y una melodía balanceante de gran encanto que evoca los «vaivenes» del abanico al que hace referencia el texto de Blasco. Buscando partituras de Sarasate, me encontré con todo el volumen de partituras subido en pdf en internet.

-A pesa de su éxito en Europa, no obtuvo el mismo reconocimiento en España en vida, ¿cree que Sarasate sigue siendo en la actualidad un músico no apreciado en la medida que debería serlo?

«Durante su vida el país en el que fue menos valorado fue el suyo»

-Totalmente. Las obras de Sarasate se conocen, pero no su auténtica dimensión, como intérprete, como inspirador, como creador de un estilo y una serie de técnicas violinísticas novedosas... Durante su vida el país en el que fue menos valorado fue el suyo, España, y ahora es posible que también. En ello ha podido influir el desconocimiento de su figura y la herencia de un modelo de historiografía elitista surgido en centroeuropa y que todavía seguimos arrastrando. Según ese modelo, hay géneros y estilos «importantes» y otros de menor categoría. Es la eterna y estéril discusión Verdi-Wagner, zarzuela-ópera o culto-popular, que debería estar superada.