Los siete minutos perdidos de Arrieta
El compositor Emilio Arrieta - abc

Los siete minutos perdidos de Arrieta

La cantata, escrita para la apertura del Museo Arqueológico en 1871, volverá a sonar esta tarde en su reapertura. Por la mañana, será Mariano Rajoy quien inaugure el renovado edificio

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Apenas cuatro líneas se le dedica en el libro «Emilio Arrieta: de la ópera a la zarzuela», exhaustivo y magnífico volumen sobre la obra del compositor realizado por María Encina Cortizo, a la cantata con la que fue inaugurado el 9 de julio de 1871 el Museo Arqueológico Nacional (MAN), fundado por real decreto en 1867. Un acto que estuvo presidido por el Rey Amadeo de Saboya. Lo único que se afirma con certeza es que no se ha podido encontrar la partitura, con letra de Nogués, compuesta expresamente para aquella ocasión, y que por diversas circunstancias no ha vuelto a sonar desde entonces.

De ahí, el notable acontecimiento que supone que esta tarde, a las siete, en uno de los actos de reapertura del renovado Museo Arqueológico Nacional (por la mañana lo inaugurará Mariano Rajoy), vuelvan a escucharse, casi 143 años después, los siete minutos de música que contiene dicha partitura. Un gesto de justicia poética, podría decirse, resultado de la fortuna, tras décadas de infortunios.

Del conservatorio a la casa de subastas

Supuestamente guardada, y resguardada, en la biblioteca del Conservatorio Superior de Música de Madrid, del que fue director Emilio Arrieta entre 1868 y 1894, la realidad no era así como pudo comprobar, paradojas del destino, José María Luzón, director del MAN entre 1988 y 1994, cuando, hojeando un boletín de la casa de subastas Durán, se tropezó con la venta de la mencionada partitura.

El ministerio de Cultura pagó 400.000 pesetas a Durán por la partitura de ArrietaDecidió entonces comunicárselo al Ministerio de Cultura -entonces en manos de Alfredo Semprún-, que, a través de la Dirección General de Bellas Artes y Archivos, ejercició el derecho de tanteo sobre la pieza de Arrieta. Fue adquirida por el precio de salida, 400.000 pesetas, el 27 de marzo de 1989, como se puede leer en el BOE del 8 de mayo de 1989, en el que también se dispone que la cantata «se deposite en el Museo Arqueológico Nacional, que debe proceder a su inclusión en el inventario del patrimonio propiedad del Estado que allí se custodia, una vez consumada la venta».

Luzón, actualmente responsable del museo de la Academia de Bellas Artes, pensó, acertadamente, que, tras otro intento infructuoso por devolverle la vida en los años 90, era el momento de desempolvar la partitura de Arrieta, y recuperarla para que volviera a sonar en la reinauguración del renovado Museo Arqueológico, y así se lo comentó a su director, Andrés Carretero, quien le encargó a Luzón buscar a alguien que pudiera llevar a cabo dicha tarea. El elegido fue José Luis García del Busto.

Música solemne y brillante

«Alguien debió sustraer la partitura de la biblioteca del Conservatorio a la que Arrieta donó parte de sus obra y después la vendió muy cara a la casa de subastas», relata a ABC el musicólogo y académico, responsable de analizar la partitura y facilitar su interpretación. «Una vez en mis manos la repasé y comprobé que estaba muy bien. Escrita para la ocasión. Con música solemne y muy brillante para dar realce al acto. Y que era breve, ajustándose a su cometido».

En 1993 fue cancelado su reestreno por la muerte de Don Juan de BorbónCompuesta para coro y para banda sinfónica -«muy propio de la época»-, el siguiente objetivo era encontrar a los intérpretes, empeño difícil con un presupuesto cero -«solo ha cobrado el copista, pues el texto no era legible, estaba escrito con claves del siglo XIX y había que sacar las particellas», indica García del Busto-. Finalmente se sumaron al reto la Banda Sinfónica de Madrid, dirigido por Rafael Sanz, y el Coro Nacional de España, que grabaron la música durante un reciente ensayo en el Auditorio Nacional.

Todos ellos se situarán esta tarde -si el tiempo no lo impide- en las escalinatas del museo para que tanto los invitados como el público que quiera acercarse disfruten de este momento tan especial, que coincide tristemente con el funeral de Estado de Adolfo Suárez. «Espero que no cancelen la intepretación», confesaba hace unos días con cierto desasosiego Luzón, pues aún recuerda cómo en 1993, «estaba previsto su reestreno con motivo de una exposición, pero fue cancelado por la muerte de Don Juan de Borbón». Entonces se guardaron siete minutos de silencio.