Angela Denoke se alternará en el papel de Alceste con Sofia Soloviy
Angela Denoke se alternará en el papel de Alceste con Sofia Soloviy - javier del real

Warlikowski: «El que quiera escuchar música en mis óperas que se quede en casa y se ponga los cascos»

El director polaco vuelve mañana al Teatro Real con «Alceste» de Gluck, víctima y heroína que actualiza en la figura de Diana de Gales. La dirección musical es del nuevo titular Ivor Bolton

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Krzysztof Warlikowski vuelve al Teatro Real en la que es su cuarta colaboración, tras dirigir «El caso Makropulos» (2008), «El rey Roger» (2011) y «Popea y Nerón» (2012). En esta ocasión se ocupa de «Alceste» (1776), de Gluck, cuyo libreto está inspirado en una tragedia homónima de Eurípides. Estará dirigida musicalmente por su nuevo titular –a partir de 2015–, Ivor Bolton. El director polaco, al que le apasionan «los personajes extremos» y que se caracteriza por sus personales relecturas de las obras, ha querido dar un salto atrás para recuperar la esencia original de la historia, en su opinión desvirtuada por los «convencionalismos» del siglo XVIII. Pero vuelve a dar un salto hacia adelante en el tiempo al transformar el personaje de la heroína Alceste (una mujer que da su vida por su marido) en Diana de Gales.

–¿Qué es lo que le atrajo de esta ópera?

–La historia de alguien que va a morir, aunque tiene una oportunidad de que se salve sustituyéndole por otra persona. Es el máximo pensamiento filosófico escrito.

–Usted se aparta del libreto escrito para Gluck en el siglo XVIII.

–La fuente de la historia es griega y, si se compara con este texto, se aprecia cómo todo el drama se ha perdido, ha sido completamente cambiado. En Gluck aparecen dos héroes, y los dos quieren morir; mientras en Eurípides tenemos una heroína (Alceste) y un antihéroe (Admète), que no quiere morir y que acepta el sacrificio de su esposa. La versión del siglo XVIII está dedicada a la emperatriz María Teresa, católica, y en ella se plantea a dos seres humanos como ángeles, y eso no es verdad. En la de Eurípides se puede ver la mezquindad de Admète, mientras en la de Gluck se plantea a los dos protagonistas como seres capaces de hacer algo puro, siguiendo los convencionalismos de la época. Son personajes de papel.

–¿Por qué ha elegido a Diana de Gales para representar a Alceste?

–Intenté mirar qué es lo que había detrás de Alceste y buscar una figura actual que tuviera algo en común. La verdadera pregunta, antes de que Alceste tenga que morir, es si eran ella y Admète una pareja feliz. Ymi respuesta es que no lo eran. Entonces, ¿quién es Alceste? Maria Callas, Jessie Norman... He intentado enriquecer este personaje. Lo primero que me llamó la atención en la entrevista de Lady Di [de la que se proyecta una reinterpretación] fue cuando habló del divorcio. Sobre mi escenario, primero está el divorcio de esta pareja infeliz, después el marido que va a morir y, tercero, Alceste se pregunta qué es lo que debe hacer.

–¿El peso de un icono como Diana de Gales no puede eclipsar la figura de Alceste?

–Para mí el problema es que la verdadera Alceste ha sido olvidada durante siglos, en especial en el siglo XVIII, cuando las convenciones eran diferentes y le quitaron toda la carga trágica. En mi versión Alceste vuelve a tener velo, como en el original.

–Sus montajes suelen dividir al público, y a algunos les resultan escandalosos...

–Gran parte del repertorio operístico es escandaloso, porque es un arte que no habla de lo mediocre sino de sangre, asesinos, grandes conflictos... Cuando vamos al teatro no estamos en la iglesia..., aunque es una iglesia diferente a la que vamos los días entre semana a las siete, y no los domingos a las 12.

–En su trabajo es habitual ver muchos elementos que a veces pueden distraer de la música.

–Lo hago para que el público no se duerma (bromea). Hace cinco años, en la obertura de «El caso Makropulos» la gente estaba dormida. Si lo que quires es escuchar música, te vas a tu casa y te pones los cascos para escucharla, y te creas tu propias imágenes sobre la ópera. Y, aunque la grabación sea maravillosa, con voces maravillosas, los personajes de dentro estarán muertos. Esto es teatro lírico. Yo creo un mundo sobre el escenario porque el teatro de ópera me ha invitado para que lo haga. Creo que es más interesante vivirlo en la vida real que escucharlo en casa o en la radio.

–¿Tiene más proyectos en el Teatro Real? ¿Ha hablado ya con Matabosch?

–Sí, pero no sabemos qué va a pasar. A mí me encanta Madrid, pero después de mencionarme lo de los escándalos no sé si yo le gusto a ella (bromea).