Concierto de Año Nuevo en Viena: sin novedad en el frente
Daniel Barenboim, durante un momento del concierto - AFP

Concierto de Año Nuevo en Viena: sin novedad en el frente

El pacifista Daniel Barenboim dirigió a la Orquesta Filarmónica de Viena. Hubo un recuerdo de la Primera Guerra Mundial. Zubin Mehta dirigirá la próxima edición

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¿Qué puede decirse del Concierto de Año Nuevo en Viena que no se haya dicho ya? La pregunta es inevitable y no capciosa ante la obligación de indagar en un acontecimiento que, año tras año, se repite con una sincronicidad admirable, digna de considerarse por quienes investigan el orden de fenómenos tan singulares como el chirriar de los grillos o los aplausos en un concierto. El tema no es baladí pues pocos estímulos habrá tan ordenadamente correspondidos como la marcha «Radetzky» , palmeada por gentes de toda condición. O la inevitable felicitación coreada por los miembros de la Filarmónica de Viena, tan convencional como esperada.

Lo que está claro es que nada queda al azar ante un protocolo muy exigente. Para la edición 74 del más famoso de los conciertos que en el mundo existen, las pantallas de noventa países estuvieron atentas a las evoluciones de 16 cámaras impecablemente dominadas Michael Beyer, si bien (es una opinión) ausentes de ese punto de gracia artística que el legendario Brian Large imponía en las realizaciones de años anteriores. Súmese el seguimiento a través de la radio e internet y será fácil entender que mil millones largos de almas queden embargadas por la gracia musical de los Strauss, Hellmesberger y Joseph Lanner. Este año, con el añadido de la «Mondscheinmusik», de Richard Strauss, en su 150 cumpleaños y «Sylvia», de Leo Delibes.

Entre las razones del programa, y a falta de otro aniversario más amable, la Filarmónica recordó el estallido de la Primera Guerra Mundial, que hábilmente compensó con la presencia del pacifista y mejor músico Daniel Barenboim, recuperado para el podio tras su estancia en 2009. Simpática fue la novedosa posibilidad de que cualquiera emitiera sus mensajes de felicitación desde el «hastag» #prosit2014 en el justo momento en que «El Danubio azul» volvía a emocionar con su poder sincronizador.

Y es que no hay más secreto que el determinismo de una fórmula indiscutible que se ha venido a aderezar con la exquisita devoción de Barenboim. Tres detalles: el formidable encanto de las «Dynamiden», de Joseph Strauss; la concentrada calidad de la «Agyptischer Marsch», o los «Cuentos de los bosques de Viena», espectacularmente interpretados en colaboración con la cítara de Wilfried Scharf. Y a partir de ahí la gracia del director saludando, al final, uno por uno a los profesores de la orquesta o las ordenadas carcajadas de la polca «Ohne sorgen». Todo precioso y preciso, como bien demostró el reportaje que la ORF envió durante el descanso a las televisiones para dejar al descubierto el «backstage» del acto: ya sea el diseño de Vivienne Westwood para el vestuario del ballet, la milimétrica colocación de las flores en la gran y maravillosa sala dorada del Musikverein, el trabajo del coreógrafo Ashley Page para el Ballet Estatal de Viena o la pulcritud con la que se afanan tantos instaladores.

Porque la acausalidad está descartada en el Concierto de Año Nuevo en Viena. Si acaso queda la posibilidad de que quienes se apunten en la web wienerphilharmoniker.at puedan conseguir entradas para la próxima edición, que dirigirá Zubin Mehta. Eso y poco más, pues hasta la grabación que se comercializará en unos días promete volver a ser todo un éxito de ventas.