Vampire Weekend, perdidos en la gran ciudad - abc

Las veinte mejores canciones del pop y el rock internacional de 2013

Habrá olvidos, arbitrariedades, fijaciones personales y no estarán todas las que son, pero aquí van algunas de las melodías más destacadas que nos ha dejado este año a punto de concluir

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Habrá olvidos, arbitrariedades, fijaciones personales y no estarán todas las que son, pero aquí van algunas de las melodías más destacadas que nos ha dejado este año a punto de concluir

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  1. «Step», de Vampire Weekend

    Vampire Weekend, perdidos en la gran ciudad - abc

    Aunque su directo, poco más que pulcro, todavía despierte algunas dudas, negar que «Modern vampires of the city» es la más fastuosa colección de joyas pop de 2013 son ganas de hacerse el interesante y de atentar contra la apabullante evidencia. En el siempre difícil tercer disco, el que debe marcar la diferencia entre las bandas que saben asumir riesgos y las que apenas tienen pulso para mantener una idea fija, los neoyorquinos abandonan la feliz cabaña donde florecían sus memorias de una África de postal para adentrarse en un terreno urbano y neblinoso (la portada se ajusta como un elegante guante al contenido), versátil pero a la vez compacto, en el que cada detalle sonoro de cada canción está resuelto de la mejor manera posible. Al menos media docena de cortes podrían estar en esta lista de lo mejor del año («Diane Young» o «Hanna Hunt», por ejemplo, encabezarían la de cualquier año) , pero escogemos, porque todo no se puede tener, esta preciosa balada barnizada con ritmo hip hop y atiborrada de referencias pop. Un clásico instantáneo, lo sientes en los huesos....

  2. «GMF», de John Grant

    John Grant pensando si ha apagado los teclados - abc

    El que fuera líder de The Czars debutó hace tres años en solitario con un magnífico disco de filiación setentera, «Queen of Denmark», con el que trataba de restañar las heridas de una vida de inadaptación, adicción y frustración. La catarsis debió ser incompleta y, del mismo modo que nos aplicamos hielo en el golpe para amortiguar el dolor y evitar la hinchazón, se marchó a la fría Islandia para encontrar la anestesia en una continuación, «Pale green ghosts», que sorprendió por sus abiertos y desconcertantes flirteos electrónicos, aunque aquí nos quedamos con este «GMF», un corte clásico en el que, como en buena parte del disco, Grant confirma que no hay mejor autodefensa que pasar al ataque con la ironía. «Quiéreme como si fuera un crimen, y no olvides que te reirás un 65% más del tiempo», proclama después de haber sentenciado que es el mayor cabronazo que te puedas echar a la cara. No será para tanto...

  3. «Jubilee Street», de Nick Cave & the Bad Seeds

    Nick Cave & The Bad Seeds sonríen al pajarito - abc

    El Nuevo Testamento no incluye como «bonus disc» el evangelio según Nick Cave, aunque quizás debiera. El australiano lleva más de treinta años pergeñando su propio blues bíblico en una discografía salpicada de referencias divinas y violentas explosiones metistofélicas. En su último trabajo, el espléndido «Push The Sky Away» (2013), reina la calma pero es una paz que solo cubre la superficie de la marea porque la intensidad siempre late en el fondo del océano. La mejor prueba de ello es la belleza de «Jubilee Street», una liturgia fabulosa con forma de crescendo. El fraseo de Cave arropado por ese colchón de cuerdas da epicidad a este pop de cámara de los bajos fondos que se construye poco a poco. Hasta que para el final las Malas Semillas estallan en una apoteosis colectiva de coros que elevan al de Sidney al séptimo cielo: revelación nacida del exceso, de la carne. «Estoy volando, mírame ahora», se despide Cave desde las alturas.

  4. «Joy to You Baby», de Josh Ritter

    Josh Ritter y el largo adiós - abc

    Por derecho propio ha entrado en la categoría de los mejores cantautores norteamericanos del momento. En 2013 lanzó su álbum «The Beast In Its Tracks», un exorcismo acerca de su ruptura sentimental con la también estupenda cantante Dawn Landes. En el álbum despliega un ejercicio de nostalgia serena que toma forma en canciones tan extraordinarias como este «Joy to You Baby». Una de esas melodías que uno piensa cómo es posible que a nadie se le ocurriera antes.

  5. «Demons», de The National

    The National, los americanos impasibles - abc

    No está el mundo del streaming y sus sucedáneos ilegales para sutilezas. Lo que entra a la primera pasa y saluda un rato, tampoco demasiado; lo que necesita una segunda escucha, la canción que podría quedarse con nosotros un buen tiempo, quizás toda la vida, no es capaz de encontrar ni el timbre. A mí con matices, que pase el siguiente.... Y la verdad es que Matt Berninger y los suyos no son muy de derribar las puertas a patadas. Como le pasaba a las chicas que le gustaban a Loquillo, las canciones de estos neoyorquinos necesitan tiempo y dedicación. El esfuerzo merece la pena. Bajo una aparente ataraxia se esconden bombas de enorme profundidad emocional como esta «Demons», una elegía nostálgica que invita a la aceptación serena de la inevitable derrota. Y a estar más o menos listo para otra nueva batalla. Cada uno se agarra a lo que puede para seguir peleando con sus propios demonios...

  6. «Night still comes», de Neko Case

    Nelo Case, reventando etiquetas - abc

    La canción pertenece al álbum, de larguísimo título, «The worse things get, the harder I fight, the harder I fight, the more I love you». Ella, además de colaborar de vez en cuando con The New Pornograhers, es una cantante country en continua evolución hasta hacer que la etiqueta le quede demasiado estrecha. El álbum surge de la terrible experiencia de perder primero a su abuela, a la que estaba muy unida, y después a sus padres. La consiguiente depresión la llevó a encerrarse en un rancho de Vermont a componer las canciones del álbum, pero el resultado no ha sido un reflejo de esa melancolía, aunque el tema seleccionado aquí, «Night Still Comes», sea un medio tiempo.

  7. «Every step», de Mavis Staples

    Mavis Staples, raíces profundas - abc

    Hay que quitarse el sombrero y la peineta ante el álbum que nos trajo Mavis Staples este 2013, «One true vine». Tras aquel también enorme «You are not alone», y por segunda vez con la inestimable colaboración en las labores de producción de Jeff Tweedy (Wilco), la voz de aquellos inmortales The Staple Singers vuelve a hundirse en el subsuelo del sur de los Estados Unidos para arrancar toda la fuerza espiritual que atesora en sus raíces. Porque de eso se trata, de gospel puesto al día sin renunciar a su profunda tradición.

  8. «Just to make me feel good», Adam Green & Binki Shapiro

    Adam Green y Binki Shapiro, en plan Gainsbourg y Jane Birkin - abc

    Una de esas colaboraciones chico-chica que tan buenos réditos suele ofrecer. Se trata del segundo dúo de Adam Green, que probó la experiencia con Kimya Dawson en The Moldy Peaches. Como suele ocurrir en este tipo de formaciones, hay guiños al pop de los sesenta, además de respeto la personalidad de cada uno de los artistas implicados. Binki Shapiro no es tan conocida en España como él, aunque, además de militar en el grupo Little Joy, fue novia del batería de los Strokes, Fabrizio Moretti. Pero lo importante es que en el disco, titulado simplemente como «Adam Green & Binki Shapiro», encontramos canciones tan deliciosas como este «Just to make me feel good», con esa melancolía alegre tan seductora.

  9. «Retrograde», de James Blake

    James Blake, el joven soul del siglo XXI - ABC

    Ha tenido que ser un reconcentrado veintenañero londinense el que mejor ha sabido combinar la esencia clásica del soul con las texturas sonoras del nuevo milenio. En «Overgrown», la joya que da título a su estupendo segundo advenimiento, asegura que no quiere ser una estrella, pero nos tememos que ya ha comprado demasiadas papeletas para el envenenado premio. Es imposible resistirse por ejemplo a la magia y la precisión de esta sensual y enrarecida «Retrograde», en la que un bucle sintético arropa un lamento atávico. Toma atmósfera y humedad relativa del aire... Sí, si Marvin Gaye levantara la cabeza sentiría al menos curiosidad. Como poco.

  10. «Get Lucky», de Daft Punk

    Daft Punk, la rebelión de las máquinas será bailada - abc

    Hasta Bono, junto a The Edge, ha realizado una versión de este «Get Lucky» de Daft Punk, aunque solo fuera en directo. El irlandés se hizo acompañar de Nile Rodgers, el gran artista norteamericano que ayudó al dúo francés a redondear su homenaje a la música disco de los años setenta y primeros ochenta. Al fin y al cabo, él estuvo allí, en primera fila del movimiento (nunca mejor dicho) con su grupo Chic. También pone su granito de arena en el tema, como podemos observar en el vídeo, Pharrell Williams. Y es que el regreso de Daft Punk tras siete años de silencio con el álbum «Random access memories» vino repleto de colaboraciones estelares, además de buenos momentos bailongos.

  11. «The stars (are out tonight)», de David Bowie

    David Bowie, un regreso estelar - reuters

    Algo ha cambiado en la carrera de David Bowie. Han pasado nueve años desde que en 2004 sufriera un ataque al corazón pero la muerte está más presente que nunca en su último disco, «The next day». Desde entonces, el «Duque Blanco» se retiró de los escenarios y disparó los rumores sobre lo precario de su salud, dadas sus escasas apariciones en público. Finalmente volvió cuando nadie lo esperaba, colgando hace unos meses su nuevo videoclip en su página web, «Where are we now», cuya belleza lánguida ya recogía parte de los guiños a los momentos vividos. «Stars are never sleeping, dead ones and the living» apunta Bowie en «The stars (are out tonight)», cuyo vigor también esconde una reflexión sobre el paso del tiempo presente en todo el disco. Desde la carátula (la portada de «Heroes», de 1977, tapada) hasta la música, que retrotrae a etapas anteriores suyas como «Scary Monsters» (1980), cosa rara en un artista que siempre ha avanzado a tenor de los tiempos. «The stars (are out tonight)» es una maravilla pop al nivel de los mejores temas del británico, lleno de detalles y preguntas que entran, salen y no dejan una respuesta clara al margen de su calidad.

  12. «Reflektor», de Arcade Fire

    Los canadienses Arcade Fire, ese secreto a voces - Ap

    Producción de James Murphy, tremendo vídeo del maestro Anton Corbjin, David Bowie haciéndote los coros... Es evidente que los canadienses juegan ya en las ligas mayores del pop mundial. Y su estatus no les ha hecho perder la inquietud, pero sí parece acercarles peligrosamente al callejón sin salida de la autoindulgencia. Desde su posición de privilegio, Win Butler y los suyos se han desmarcado con un disco experimental y denso, inspirado en el folklore haitiano, y en el que hay poquitas concesiones a la galería o la épica de estadio. Pero su segundo disco doble consecutivo confirma también que no acaban de medir bien sus fuerzas (ni las de su público): en «Reflektor» hay un puñado de buenas agujas sonoras pero el pajar se hace a veces demasiado grande. En cualquier caso, este single homónimo es un inapelable y poliédrico festín rítmico. Bolas de espejos entre tinieblas. La perfecta música de baile para un funeral.

  13. «Your Name On My Tongue», de Billy Bragg

    El bardo de Barking repasa las lecciones aprendidas en Mermaid Avenue - afp

    El bardo de Barking ya no es joven y, aunque seguro que aún está bastante airado, se le nota menos. En su regreso discográfico después de un lustro de silencio abandona las trincheras para preparar un cálido y reconstituyente caldo de folk rock y soul (paso que ya anticipaba «Mr. Love and Justice») que retoma las lecciones aprendidas junto a Jeff Tweedy y los suyos en las dos entregas de «Mermaid Avenue», el tributo a su adorado Woody Guthrie. En un lote sin mácula al que da brillo y lustre el gran Joe Henry, destaca esta hermosa declaración de amor y deseo. Tu nombre en mi lengua, y a punto de ser gritado con orgullo.

  14. «Entertainment», de Phoenix

    Phenix, es solo entrenimiento, pero nos gusta - abc

    El baile de máscaras de Daft Punk se sigue llevando la fama en el pop francés, pero hay que ver con que clase cardan la lana sintética estos parisinos. Es verdad que «Bankrupt», su cuarto disco, ha dado algunas muestras de agotamiento, o al menos tiene menos canciones redondas que el pluscuamperfecto «Wolfgang Amadeus Phoenix», pero cuando aciertan con la tecla y les sale propulsado el hit, solo queda asentir ligeramente con la cabeza, dejarse llevar y disfrutar sin sentimiento de culpa. «Entertainment» es esa clase de canción que parece un disparate odioso en la primera escucha, pero de forma instantánea ese trotón teclado de juguete y los coros orientales (casi rocieros, glups) te nublan por completo el cerebro y tus pies, actuando con voluntad propia, comienzan a perder el contacto con el suelo. Hagan la prueba, resistirse es misión imposible.

  15. «Victim of love», de Charles Bradley

    Charles Bradley, la voz que conmueve - abc

    Cuando Charles Bradley presenció la mítica actuación de James Brown en el Teatro Apollo de Nueva York en 1962, el concierto le cambió la vida. Tenía 14 años y decidió ser como el padre del funk, pero Bradley no grabaría su primer disco hasta los 62 años. Entremedias, fue cocinero en varios estados del país, pasó por la cárcel a causa de una pelea, estuvo un periodo de «sin techo» en Brooklyn y después trabajó como imitador del propio James Brown. Hasta 2011, cuando este artista de Florida grabó su primer disco, «No time for dreaming» (2011), y reveló al mundo una voz conmovedora, que combina la garra de Brown con el soul de Otis Redding. No inventa nada, pero estremece como pocos. Y este año ha publicado su muy disfrutable segundo disco, «Victim of love» (2013) cumbre de una carrera labrada a puñetazos. «I'm a viiiictim...»: un sollozo suyo resume una vida.

  16. «Dance apocalyptic», de Janelle Monáe

    Janelle Monáe, la bomba rítmica - efe

    Unos directos explosivos, con una puesta en escena que incluye a Monáe bailando de un lado a otro del escenario al más puro estilo Funkadelic. Una propuesta musical llena de imaginación, con referencias que van desde el «Metrópolis» (1927) de Fritz Lang hasta la Motown de Michael Jackson y Stevie Wonder. Y una voz hecha para expandir el soul a toda radio de vecino que se precie. No hay detalle que no se le escape al diablo de Atlanta. En su anterior disco, el genial «The ArchAndroid» (2011), Janelle Monáe se presentaba al mundo como Cindi Mayweather, un androide sexual que viene del futuro para liberarnos a todos (Ziggy Stardust nunca murió, a fin de cuentas). Esta rebelión parece gestarse en el cerebelo y más abajo, como proclamó George Clinton en su «Free your mind... and your ass will follow» (1970). Su último trabajo, «The electric lady», sin llegar al nivel de su predecesor, continúa volando alto e incluye una cohorte de invitados de lujo: desde Erykah Badu hasta Prince pasando por la hermanísima de Beyoncé, Solange Knowles, se pasean por esta conga sin hora de cierre que va del soul al pop más contagioso. Como primera dosis perfecta, «Dance Apocalyptic» es una bomba rítmica que estalla desde la primera escucha y prueba que Bo Diddley solo estaba de parranda.

  17. «I wanna be yours», de Arctic Monkeys

    Los de Sheffield siguen progresando adecuadamente - ABC

    Ahora se podrán reescribir los recuerdos como se quiera, pero las apuestas estaban claras en 2005: esos chavalitos de Sheffield se iban a ahogar en su propia efervescencia la segunda vez que se agitara de nuevo la botella, esa que solo eran capaces de ver medio llena esos críticos británicos tan dados a descorchar hypes. De hecho, les pasó a la mayor parte de los compañeros que bailaban en su misma generación. ¿Qué fue de The Rakes? ¿A quién le importa? Pero además de acneico, Alex Turner resultó proteico, y terriblemente inquieto. También listo, una cosa sin la otra sirve más bien para poco. Se paseó por el desierto con Josh Homme y volvió para contarlo. Y seguía teniendo sed. Jugó a ser Morricone y no resultó herido al desenfundar, retomó la psicodelia sesentera con gusto y sin volverse loco, se arrimó al soul y sus alas no se quemaron... En la canción que cierra su quinto disco se anima con una suerte de R&B sedoso que funciona a las mil maravillas y anuncia un futuro inmediato en negro, aunque igual solo es una nueva pista falsa. Todo se andará. Desde luego, el viaje no parecía tan largo, ni la mitad de apasionante, cuando llenaron la mochila por primera vez.

  18. «Song for Zula», de Phosforescent

    A falta de amor, Matthew Houck brinda por la salud - abc

    Nacido, como otras tantas obras mayores, entre las ruinas de una ruptura sentimental, «Muchacho» es el disco que ha elevado a Matthew Houck desde el estatus de aparente secundario al de protagonista estelar del country alternativo estadounidense. Sin aspavientos, pero adornado con mil matices, este breviario del dolor explora paisajes inéditos en un género en el que los pequeños paseos campestres casi siempre son en círculos, a veces viciosos. Una sutileza que se condensa en esta estremecedora y brillante «Song for Zula», con unos arrebatadores arreglos electrónicos que esquivan las tentaciones épicas. Para eso están unos textos en los que Houck promete, con una voz doliente que te convence de que para muchas bromas no está, que jamás volverá a sentirse tan expuesto por nadie.

  19. «Black skinhead», de Kanye West

    Kanye West, fantástico fanfarrón - abc

    Te puede caer mal o incluso peor, pero no conviene que su ego, más grande que el Everest, no nos deje ver el bosque: más allá de su vocación de perderse por la boca y de su proverbial capacidad para provocar, Kanye West tiene un talento descomunal, como una catedral. Y en su séptimo disco es gótica, claramente. «Yeezus», una variación mesiánica de su apodo «Yeezy» (así se las gasta el hombre), es un doble salto mortal sin red de ambientes oscuros y tintes industriales que tuvo su tarjeta de presentación con este inquietante single sincopado que resume la grandeza de un álbum denso, atrevido, excesivo, alambicado y finalmente adictivo. Magia muy muy negra. Como si Michael Jordan y Ron Artest se hubieran reunido en una sola, arrolladora personalidad.

  20. «European me», de Johnny Marr

    Johnny Marr, veintincinco años sin The Smiths no son (casi) nada - ABC

    ¿Pero quién es ese chaval que toca la guitarra con semejante brío? Más de un cuarto de siglo después de que The Smiths pusieran fin a una de las más increíbles y fascinantes historias del pop de ayer y de siempre, el guitarrista que construyó el sonido de la mítica banda de Manchester ha debutado este año en solitario (no contamos el irregular disco del 2003 con The Healers), después de lustros de colaboraciones de más o menos lustre, superbandas (el proyecto Electronic, junto a Bernard Summer, de New Order, tuvo sus momentos) y variado trabajo de intendencia aquí y allá. Es evidente que ya nada será como era (salvo que Morrissey seguirá robándote todo el protagonismo, en este caso con sus estruendosas memorias), pero «The messenger» tiene suficientes muestras de músculo y energía, las que por ejemplo adornan a esta redonda y vibrante «European me», como para recordar que uno de los más grandes e imaginativos guitarristas del pop británico sigue más que vivo.