Celso Albelo: «No empiezo una producción de ópera pensando en cantar un "bis"»
Celso Albelo, en el Teatro Real, hace un guiño a una de sus grandes aficiones - oscar del pozo

Celso Albelo: «No empiezo una producción de ópera pensando en cantar un "bis"»

El cantante tinerfeño está inmerso estos días en los ensayos de «L’elisir d’amor» de Donizetti, título con el que regresa por la puerta grande al Teatro Real

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Celso Albelo se ha convertido en solo siete años en la voz lírica española con mayor proyección internacional. En poco tiempo ha pasado de cantar boleros en pubs y en la tuna universitaria a interpretar óperas como «Pagliacci» y «La sonámbula» en la Scala de Milán y el Covent Garden, respectivamente. Los galardones, como el Oscar de la Lírica de la Fundación Verona per l’Arena, que recibió hace un par de años, y su debut en todos los grandes templos operísticos -se le resistía el Met de Nueva York y hace unos días cerró un compromiso para dentro de un par de temporadas, «pero no puedo desvelar el título», espeta antes de que se lo preguntemos- le han aupado a un lugar privilegiado. Para colgarle más méritos hay que decir que es de los pocos cantantes españoles que forman parte de la programación del Teatro Real en un papel protagonista, a excepción de Plácido Domingo y Ainhoa Arteta (en los últimos años).

Después de su debut en el coliseo madrileño hace tres temporadas con «Rigoletto», en el que compartió escenario con su padrino y amigo Leo Nucci (quien protagonizó el primer «bis» del Real en tiempos modernos), regresa por la puerta grande con el papel de Nemorino, en «L’elisir d’amore» de Donizetti. Título que se estrenará el 2 de diciembre en una coproducción a tres bandas que ya se ha presentado en el Palau de les Arts de Valencia y en Palermo. Un personaje con el que Albelo ha pasado ya a la historia de la ópera gracias al aria «Una furtiva lágrima», que tuvo que repetir ante las demandas del público de la Fenice de Venecia, la Ópera de Hamburgo y el Euskalduna de Bilbao. Casi nada. Una hazaña que coincidió en el tiempo con los «bises» de otro grande de la lírica, Juan Diego Flórez (por el aria «Ah mes amis» de Donizetti).

Unos días antes de su cita con el Real, este martes, Albelo participará también en una gala extraordinaria que celebrará el 50 aniversario de la Asociación de Amigos de la Ópera de Madrid en el Teatro de la Zarzuela. «Será una gran reunión de “amigos”. Pasaremos un ratito alrededor de la música». Un escenario al que volverá el 2 de enero con un concierto de Año Nuevo. El tenor, que tiene compromisos hasta 2017, debutará a continuación en el Liceo de Barcelona con «La sonámbula» de Bellini.

-Vuelve al Real con Nemorino, papel que le ha dado muchas satisfacciones...

-Si hubiese pedido un sueño o un papel para volver, habría elegido este. Si era de Donizetti, me quedo con «L’elisir»; y si hubiera sido de Bellini, «Puritani». Y de camino doy una idea... (se ríe).

-Hace unos días la viuda de Pavarotti, Nicoletta Mantovani, afirmaba que Nemorino era el papel favorito del tenor italiano...

-La ventaja que tengo es que soy de amor fácil (se ríe). Me gusta lo que estoy cantando en cada momento. Tengo facilidad para enamorarme de las cosas que hago. Y con Nemorino, además, me lo paso terriblemente bien.

-Tengo que preguntárselo. ¿Habrá «bis» en el Real?

-Uno no empieza una producción pensando en el «bis». Eso son circunstancias que pasan, no es una regla general. Es algo que sucede muy de vez en cuando. Ya se verá...

-En la producción de Damiano Michieletto la acción se ha trasladado a la actualidad, y se desarrolla en una playa, con chiringuito incluido. ¿Qué le parece este montaje?

-Yo canté con este montaje en Palermo, y está muy bien hecho. Siempre he sido muy crítico cuando cambian las óperas de época, pero aquí está muy lograda. La gente va a ver una playa en plena Navidad (se ríe). Es muy realista, y es una de las producciones de «L’elisir» que más me gustan.

-Año de celebraciones del bicentenario de Verdi, su «Rigoletto» también ha marcado positivamente su carrera.

-Junto con «L’elisir» es la ópera que más he representado. La habré cantando en 80 representaciones, representaciones pagadas, claro... (se ríe), como diría Leo...

-Se refiere a Leo Nucci, imaginamos, persona fundamental en su carrera.

«Cuando fui a Italia a estudiar con Bergonzi, era mi última oportunidad»-Conocerle fue un momento de suerte en mi vida. Siempre le digo que le debo la carrera; y me contesta que «al final el que se sube al escenario eres tú». Yo estaba estudiando en la Academia de Busseto con Carlo Bergonzi, alguien muy importante también para mí. Había ahorrado algo de dinero dando conciertos escolares y decidí invertirlo en aquel viaje. Tenía entonces 29 años. Allí me pasaron dos cosas. La primera, que conocí al director de orquesta Nello Santi, que me hizo una audición con «Don Pasquale». Recuerdo que le canté hasta el índice. Me preguntó si era capaz de cantarlo en Zúrich, y le contesté que si él era capaz de llevarme yo lo cantaba. La segunda sucedió en el concierto de fin de curso, donde el principal invitado era Leo [Nucci], quien me preguntó con quién trabajaba, y le dije que no tenía agente, que esa era mi última oportunidad. Me pidió los datos... y hasta el día de hoy, que estoy trabajando con su agente.

-Usted, que casi llegó por casualidad a la ópera, en siete años ha tocado el cielo. ¿Se ha parado a pensar en todo lo que le ha sucedido en este tiempo?

«Con 30 años ya sabes que lo verdadero de la vida no lo encuentras en la ópera»-Una vez que descubrí la música quise vivir de ella, pero de otra manera. Nunca me esperé estos premios. Lo cierto es que esto me llegó con casi 30 años, cuando ya tienes ciertos criterios de la vida y sabes que es muy bonito, que es muy sacrificado, pero también que lo verdadero de la vida, de una persona no lo encuentras en el mundo de la ópera. Yo lo he intentado asimilar con la mayor tranquilidad. Es cierto que no me han regalado nada, estudio muchísimo. Aunque la gente me compara o dicen que imito a Alfredo Kraus, y sí es cierto que para mí es un punto de referencia, pero yo pretendo hacer las cosas a mi manera. Además, representamos dos etapas en la lírica que no tienen nada que ver la una con la otra.

-Como Kraus, usted tiene un repertorio muy concreto del que no se sale.

-En estos siete años he cantado muchos roles, y en todos me he sentido bien. La virtud que he tenido y sigo teniendo es que el producto que yo ofrezco es justo lo que me demandan.

-La gente sigue queriendo escuchar bel canto, aunque dicen que faltan buenas voces para interpretarlo.

-Esa es la eterna discusión. Sucede como en el deporte, que antes se batían más récords, se corría mejor y más rápido. Yo no estoy de acuerdo con que todo lo pasado es mejor. Es diferente y no se pueden medir por el mismo rasero. Hay que entender cada momento según los contextos históricos.

-De no haber hecho carrera en la música, alguna vez ha dicho que habría terminado siendo un gamberro de barrio...

-Tal vez. Yo empecé en la tuna y tocando la guitarra en los pubs, cantando boleros. Vivía la noche, me gustaba mucho y me divertía mucho.

-¿Ya no le divierte?

-¿Sabe cuándo me di cuenta de que estoy cumpliendo años? Cando salí hace poco tiempo como mi hermano y bebiendo un vino me escuché diciendo : «Esto ya no es lo que era». Y pensé: «Estoy mayor». Sí, me gusta. Y creo que soy una persona muy simpática para salir. Siempre busco el lado positivo de las cosas. (Risas).

-Algo de lo que muchos cantantes se quejan es de la soledad de los hoteles cuando pasan largas temporadas lejos de casa.

«Este mundo no es fácil, pero yo no tengo derecho al pataleo»-Al final te acostumbras. Yo elegí esto, y he asumido lo que conlleva. A veces no es fácil, pero menos fácil es trabajar y no saber si llegas a final de mes. Yo no tengo derecho al pataleo.

-¿Va a ampliar su repertorio?

-Acabo de interpretar en la Ópera de Guangzhou, en Cantón (China) [donde le han nombrado asesor artístico honorario, junto con otras personalidades con Mutter y Ashkenazy], el papel de Alfredo de «La Traviata». Y el debut en Europa de este papel lo haré en La Coruña, donde me apoyaron siempre. Luego, en enero de 2015, debutaré Arnold de «Guillermo Tell».

-Hace dos años decía que aún no había llegado el mejor Celso Albelo. ¿Está al caer?

-No, no va a llegar nunca. Ser inconformista nunca fue malo. Es algo que no me quita el sueño.

-Acaba de cumplir 37 años, se acerca a la cuarentena, una edad crítica para los tenores. ¿Le preocupa? ¿Se lo ha planteado?

-Sí, es algo para lo que me estoy preparando, escuchando cada vez más el aparato, mi voz, con paz, calma y sosiego. Hay que saber entenderlo. La gente habla de carreras de 30 o 40 años, pero que me digan quién ha hecho carreras tan largas. Podemos citar a Plácido Domingo, que es extraterrestre; o Leo Nucci... Son unas excepciones.