Bayreuth: «Tannhäuser» y «Lohengrin»: dos montajes con destinos contrapuestos
Una escena de «Lohengrin» - efe

Bayreuth: «Tannhäuser» y «Lohengrin»: dos montajes con destinos contrapuestos

Las reposiciones del festival tampoco acaban de funcionar

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Tercera reposición del «Tannhäuser» de S.Baumgartner y tercer abucheo. El pretencioso fárrago ideológico que condicionan la escenografía y el desarrollo dramático resulta axfisiante. De esta ópera se ofertan entre tanto entradas por doquier, incluso en las mismas puertas del festival y será retirada prematuramente de cartel.

Porta aún un lastre letal: la visión de una futura sociedad altamente tecnificada y posthumanista, realizada escénicamente como estructura ecofabril con calderas de fermentación, depósitos de biogás, cisternas de alcohol, bidones, mangueras, etcétera. La escenografía es la misma en los tres actos y llena todo el escenario, abierto con figurantes en acción todo el tiempo, incluídas las pausas (la fábrica no puede parar). Ese tecnocrat deprimente tiene dos niveles: subterráneo para el ámbito instintivo-sexual (Venusberg) y tres planos superiores (Wartburg) para el «mundo feliz» de la sociedad posthumanista.

La ración diaria del alcoholator apacigua las pasiones y la religión calma a los individuos y aspiraciones incontrolados. Tannhäuser es un ser atormentado, desgarrado entre ambos mundos. A la mayoría del público y la crítica sigue sin convencerle la propuesta y el abucheo fue mayoritario.

Abundan los despropósitos y contrasentidos. Un ejemplo: la famosa «romanza de la estrella» de Wolfram (L. Odinius)fue penosa, sin fluidez y melancolía. Baumgarten, sea por desconocer la letanía lauretana e ignorar el significado de «estrella vespertina» o por invertir maliciosamente el sentido, hizo salir a Venus del subterráneo para bailar con Wolfram un chotis de choteo, en una melodía nada bailable, ni siquiera a cámara lenta.

Por unas cosas u otras, de todos los grandes cantos se salvan los de C.Nylund (Elisabeth), cuya voz, presencia y prestancia (pese a los ridículos movimientos balísticos de alienada mental que le impone el regista) concuerdan con la figura de doncella candorosa. Cosechó con razón los mayores aplausos.

Sabiendo que para un tenor wagneriano el papel de «Tannhäuser» es el más difícil, la tarea de Torsten Kerl parecía imposible: no tuvo asentada la voz, muy presionada en el primer acto (tres veces el «Himno a Venus», y ninguna con la anchura requerida), mejoró pasajeramente en el segundo y desfiguró penosamente el «relato de Roma» en el tercero.

Sin ser excepcional, Kerl era un talento prometedor, con metálico agudo, pero o apunta muy alto o algo tiene desencajado que exige rectificación. Axel Kober, debutante y tercer director musical de la producción, no hurga en la arqueología sonora (Th.Hengelbrock) o teje filigranas de orfebrería musical (Chr.Thielemann); ofrece una lectura con rutina, entendida como seguro buen hacer.

Lohengrin

El «Lohengrin de las ratas», de Hans Neuenfels, fue retransmitido en 2012 por televisión a toda Europa y está a la venta el DVD de esa grabación. Por tanto, huelga referir pormenores escénicos. Del reparto original quedan sólo A. Dasch (Elsa) y Samuel Youn (imponente Heraldo). Petra Lang ha retornado como formidable Ortrud y repiten los demás, incluido Klaus Florian Vogt, sustituto hace tres años de J. Kaufmann, con una interpretación impecable, grandiosa. La voz bien dispuesta, clara y bella, con una técnica depurada de articulación y fraseo en todos los registros, perceptible y comprensible en todo momento. Vogt canta el papel como si le fuera connatural. Cuando salió a saludar, el público, espontáneamente puesto en pie, le premió con una enorme ovación.

A su lado, Elsa parecía, y en parte lo era, apagada, mate. Tarde de triunfo también para el coro y para Andris Nelsons, con dirección sólida pero menos inspirada. Hubo sólo muestras de desagrado, aisladas y débiles, para Th. Mayer (Telramund). Más ruidosas hubieran sido de haber salido Neuenfels a saludar. La difusión en la prensa internacional del parcial abucheo no sería el reclamo idóneo para promocionar la venta del DVD. Eso lo sabe perfectamente Katharina Wagner, responsable del proyecto. Y ella manda. El Regietheater, y ya son muchos los años y representantes del mismo, no cuaja en Bayreuth.