Sónar 2013: 121.000 maneras de seguir haciendo historia
Dos de los integrantes de la banda estadounidense «Jurassic 5» - EFE

Sónar 2013: 121.000 maneras de seguir haciendo historia

El festival baja la persiana de su XX aniversario con la explosiva actuación de Jurassic 5 y récord histórico de asistencia

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Llegará un día, si no ha llegado ya, en que el Sónar se acabe convirtiendo en objeto de estudio y asignatura obligatoria. No tanto como negocio próspero, que también, sino como marca en continua expansión y crecimiento. En tiempos de crisis y apreturas económicas, el Festival de Música Avanzada y New Media Art no solo superó con nota el traslado de la actividad diurna a Fira de Barcelona, sino que además pulverizó todas sus marcas y cerró su edición más redonda y sonada, la del XX aniversario, con 121.000 espectadores.

Casi nada. 121.000 personas. Ahora que todo se derrumba y que la crisis ha secuestrado cualquier posibilidad de crecimiento, llega el Sónar y atrapa a 23.000 personas más que en 2012, año que, hasta el momento, marcaba el récord histórico del festival. 121.000 manera de seguir haciendo historia. Ver para creer. “¿El Sónar no tiene techo”?, preguntaba un periodista en la rueda de prensa de balance que la organización ofreció el sábado por la tarde. “El techo lo pondrá el público”, contestaba Sergi Caballero, uno de los tres directores de un festival que, ahora más que nunca, se antoja como oasis de diversión y burbuja recreativa a mayor gloria de todas las músicas electrónicas.

Extasis y creación

Si por algo será recordada esta edición del Sónar, además del monumental pase de Kraftwerk o del doblete de Pet Shop Boys, es por la mudanza del CCCB a la Fira de Barcelona. Del Raval a Montjuïc, el Sónar de Día ha ganado amplitud y espacio, anchura a paletadas para que la gente retoce en el césped artificial del Village, se pierda en las entrañas del Hall o se maraville viendo desde una pasarela como los geniecillos del Sónar+D manipulan artefactos, asisten a ponencias sobre asuntos ininteligibles para el común de los mortales y despachan aplicaciones mientras el eco de alguno de los escenarios llega amortiguado a ese santuario de creación y sapiencia digital.

Una imagen que contrastaba con lo que se cocía –nunca mejor dicho; el calor era de impacto- en el exterior: descamisados por doquier, pieles de importación –el 55% del público ya es extranjero- enrojecidas o directamente despellejadas y, sobre todo, gente, mucha gente, exprimiendo el Sónar como si no fuese a haber una edición número XXI. Una idea que más de uno debió de empezar a barajar después de ver como Jackson & His Computer Band, un productor francés que apareció en el escenario con un complejo juego de espejos que recordaban a una suerte de Estrella de la Muerte versión 2.0, empezaba a repartir electrónica saturada, beats enfermizos y música industrial descabezada y más oscura que el interior de una manguera. Apocalipsis sintético que, sin embargo, mutó pronto en pólvora mojada.

Nada grave: a pocos pasos, Chromatics abrillantaban su pop electrónico de melodías gloriosas y, a pleno sol, proponían un viaje ensoñado y evocador. Los de Oregón, propulsados hacia el éxito tras participar en la banda sonora de “Drive”, apuraron las últimas horas del Sónar de Día echando mano de sus teclados de goma y sus bases saltarinas y acabaron conquistando al público con sus melodías de fantasía. Al final no tocaron su célebre versión de “I’m On Fire” de Springsteen, pero se despidieron con una turbadora y elegantísima relectura del “Into The Black” de Neil Young. De nota.

Jurassic 5, enormes

Del sábado, noche tradicionalmente abonada al músculo electrónico y la canallesca que, sin embargo, ha ido mudando de piel en los últimos años, se recordará especialmente el espléndido concierto de Jurassic 5. Como ya hicieran The Roots el año pasado, los californianos fundieron a negro la última noche del festival y ondearon la bandera del hip hop con una magistral, lúdica y frenética exhibición de rap participativo y tremendamente efectivo. No solo no cayeron en ninguno de los tópicos que suelen lastrar este tipo de actuaciones –nada de egotrips ni exhibiciones técnicas gratuitas-, sino que acabaron firmando una soberbia lección de flow, ritmo imparable e impecables idas y venidas entre el funk de bajos engrasados, el rap old school y las lúdicas exhibiciones de scratch a cargo de Nu-Mark y Cut Chemist.

Para cuando Jurassic 5 bajaron del escenario, Pet Shop Boys apuraban su segunda noche de gloria con un concierto idéntico al que ofrecieron el jueves –mismo repertorio, público diferente- y una explosión de confeti naranja que, mientras sonaba “Always On My Mind”, parecía celebrar el exitoso desenlace de este Sónar de récords absolutos y lecciones de historia que, la fiesta es la fiesta, se hicieron a un lado el sábado por la noche para dejar paso a la frenética vuelta de tuerca sintética de Delorean y el despiporre final, guiño a Chimo Bayo incluido, de 2manydjs.