Una escena de la represetnación de «Il turco in Italia» en el Liceo de Barcelona
Una escena de la represetnación de «Il turco in Italia» en el Liceo de Barcelona - efe

«Il Turco in Italia» llega al Liceo en un montaje frío pero muy inteligente

La ópera bufa de Rossini, con dirección escénica del alemán Christof Loy, estará en Barcelona hasta el 6 de junio

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Nunca hasta ahora había pisado el escenario del Gran Teatro del Liceo esta obra maestra de Gioacchino Rossini, una obra de juventud que innova como pocas en el repertorio introduciendo un personaje metateatral, un «poeta» en plena búsqueda de la inspiración para componer una ópera, factótum, precisamente, del devenir de unos protagonistas deliciosos, comenzando por esa mujer adelantada a su tiempo que es Fiorilla, más que casquivana, una auténtica maestra en las artes del coqueteo y la seducción.

El montaje escogido para presentar la obra al público barcelonés la firma Christof Loy, procede de Múnich y es pretendidamente «felliniana»: en escenografía y vestuario mira al neorealismo italiano, es verdad, pero no es nada cálida, nada mediterránea; por el contrario, es fea y fría, pero muy inteligente y explicita los mil detalles que pretende expresar con situaciones simpáticas y soluciones de gran efecto.

Víctor Pablo Pérez volvió al podio liceísta ante una reducida orquesta dominando la concertación sin mayores contratiempos, aplicándose en una lectura transparente y nada estridente, consiguiendo una magnífica entrega de los solistas y del afianzado coro liceísta que dirige José Luis Basso a pesar de no dar siempre las entradas y creando pequeños caos sobre todo en las escenas de conjunto. Contaba con grandes intérpretes y connotados actores, quienes defendieron la puesta en escena desde una absoluta honestidad, teniendo además todo muy bien ensayado.

Pietro Spagnoli encontró en este accidentado Prosdocimo (el Poeta) un papel que le va como anillo al dedo, bordándolo desde todo punto de vista, como también el modélico, simpático y tan bien cantado Don Geronio de Renato Girolami, todo un descubrimiento en la huella de Dara o Montarsolo.

La aplaudida pareja protagonista estuvo a cargo de Ildelbrando d'Arcangelo y Nino Machaidze, dos cantantes excepcionales; ella, además, es una consumada actriz, ofreciendo una Fiorilla encantadora, a la cual el embarazo de la cantante le sentaba de maravilla y redondeando el papel. Ella brilló en su última aria más que en la de entrada, algo tensa y estridente, mientras que él coloreó a su antojo dominando el personaje del turco Selim.

David Alegret perfiló un Don Narciso convincente, aunque algo tímido en su entrega, todo lo contrario de la desenvuelta y aplicada Zaida de Marisa Martins. Albert Casals intentó manejar a un Albazar aquí omnipresente, aunque el personaje, en esta visión, pareció definitivamente insondable.