Simón Orfila: «Sólo soy un obrero de la ópera que espera mantenerse»
Simón Orfila
entrevista

Simón Orfila: «Sólo soy un obrero de la ópera que espera mantenerse»

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La voz de Simón Orfila impone tanto al natural como en los escenarios. Su calidad vocal y dicción impecable revelan que nunca escatimó en esfuerzos para labrarse un éxito fulgurante y temprano. Su próximo desafío pasa por Londres, donde el barítono menorquín ha irrumpido con la fuerza de un vendaval para conquistar uno de los coliseos líricos más prestigiosos del mundo, la Royal Opera House.

Empapado de la creatividad que rezuman las inmediaciones de Covent Garden, donde convergen multitud de artistas callejeros sedientos de reconocimiento, Orfila se halla inmerso en los ensayos de «La donna del lago», de Gioacchino Rossini con la que debutará en Londres el 17 de mayo. Casi tres horas de música con un peculiar aliento romántico para desenredar una historia de amores cruzados que acaba brindando por la alegría del joven Malcolm y de Jacobo V, rey de Escocia que viaja huido por su país bajo el nombre de Uberto.

Exultante y puntual, Orfila abandona el teatro por la puerta de artistas en Floral Street, una calle que no comparte la pompa y la muchedumbre de la entrada principal, para atender al diario ABC.

A lo largo de su excelsa carrera ha interpretado más de 30 papeles operísticos, otros tantos de zarzuela en muchos escenarios líricos consagrados a nivel internacional.

- ¿Qué supone su debut en otro de esos templos como Londres?

-El primer día que entré en la ROH sentí la historia de este escenario y sobre todo, todos los grandes que han pasado por él. Lo había visto muchas veces en vídeos, pero al estar dentro impresiona y experimentas una sensación que impone. Además de su estética y su belleza, la acústica es muy buena y el público un gran entendido que se sabe las óperas de arriba a abajo.

-¿Qué otros escenarios tiene pendientes?

-El Metropolitan de Nueva York me haría muchísima ilusión. El año que viene debuto en Hamburgo interpretando el papel titular de «Don Giovanni». Poco a poco voy cumpliendo sueños.

-¿Cómo van los preparativos para la obra, qué tipo de relación se respira en el equipo de la ROH?

«Todos los que participamos somos amigos y eso se nota en el escenario»

-Todos los cantantes que participamos en esta producción además de cantantes somos amigos. Hemos trabajado muchas veces juntos en otras óperas. Es un ambiente muy desenfado y amigo y al final eso también se refleja en el escenario. En este teatro se trabaja muy bien, está todo muy controlado y planeado. Muy positivo.

-Se podría decir que su especialidad son las obras de Mozart y Rossini. Su voz bella y potente, su técnica precisa y su instinto teatral le han llevado a interpretar numerosas obras del compositor italiano. ¿En qué radica su dificultad?

-Sin duda, en la coloratura. La voz tiene que ser muy flexible y estar ágil y fresca para poder dar todas las coloraturas que Rossini escribió. También la tesitura, que normalmente es aguda y media, y tiene bastante en la zona global.

-Hace unos meses lanzó al mercado su nuevo disco, «Mydream», en el que rinde homenaje al cancionero menorquín. Es un trabajo que tenía pendiente desde hacía tiempo.

-Es un gusto que me he dado. La banda sonora de mi vida. Recoge todas las canciones y romanzas que me han gustado desde que era niño. Independientemente de si eran para bajo, tenor o soprano las han adaptado para mi vocalidad y me di el placer de grabarla con grandes músicos y una de las mejores orquestas de España. El resultado es excepcional musicalmente.

-Creo que también se convirtió en un regalo del destino de Alfredo Kraus.

-Sí, fue una sorpresa muy grande que me dio el productor Antoni Parera Fons, que tenía una deuda pendiente con Kraus al que le prometió grabarme un disco en solitario. Yo no sabía absolutamente nada, él se fue y 15 años después descubrí la sorpresa.

-La Escuela Superior de Música Reina Sofía es uno de los proyectos promovidos y mimados por la Fundación Albéniz. Para usted como discípulo del tenor Alfredo Kraus, quien creó y dirigió la Cátedra de canto, ¿cuál es su legado y cómo fue su relación con él?

«Kraus fue mi maestro y mi mentor. Me descubrió en la Ópera de Mahón»

-Mi maestro y mi mentor, quien me descubrió en la Ópera de Mahón. Aprendí todo él y además de la técnica y me enseñó a seleccionar el repertorio. Con 18 años, cuando estaba estudiando, me llamaban de teatros pero mi voz aún no estaba preparada. Me han ofrecido cantar Verdi, Atilas, pero aún es muy pronto para ello. Hay que saber decir que no y saber manejar los tiempos. A partir de los 40 años es cuando una voz de bajo-barítono empieza a estar formada y puedes acometer papeles de más bagaje.

-Acostumbrado al éxito desde muy joven, disfrutas actualmente de una posición privilegiada en el mundo lírico. ¿Qué ha supuesto lograr tanto de forma tan prematura?

-Estoy contento con mantenerme. Tengo trabajo cada mes. Intento superarme, sigo estudiando, escuchándome mucho para mejorar. No soy mucho de querer ser un triunfador, yo soy un obrero de la ópera que sólo aspiro a continuar como ahora.

-¿Qué papel de gran exigencia figura entre sus planes de futuro y que supondría el culmen de su carrera?

-El Atila de Verdi. Uno de mis grandes ídolos es Samuel Ramey, que hizo un Atilla impecable y llegar a aspirar a ello sería un sueño. Pero de momento, esperaré seis o siete años a la espera de que mi voz esté más hecha.

-¿La crisis económica, que afecta a toda la sociedad, también ha llegado al mundo de la lírica?

Sí, claro que se nota. Los teatros te piden que bajes el caché. Las condiciones han empeorado y hay que ajustarse a la realidad lo cual no queda más que aceptarlo. Lo que no me parece bien es el 21% de la subida del IVA que está matando a la cultura y un pueblo sin cultura está muerto.