Pablo Guerrero: «Es duro ver cómo se esfuman muchas conquistas sociales»
Pablo Guerrero ha seleccionado personalmente las canciones de «Lobos sin dueño» - p. m. p.
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Pablo Guerrero: «Es duro ver cómo se esfuman muchas conquistas sociales»

El cantautor extremeño publica el 12 de febrero una antología en un libro-disco de tres CD's que contienen cuarenta canciones

pablo martínez pita
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Era una época de himnos, de gentes que se aferraban a unas voces que les hablaban de un futuro de esperanza, más justo, más libre. Pablo Guerrero (Esparragosa de Lares, Extremadura, 1946), fue una de esas voces; y «A cántaros», una de esas canciones que retrataban a una sociedad sedienta de nuevos tiempos, pero cuyo mensaje se renueva en estos confusos momentos.

Hace ya más de 40 años desde que apareció este tema y su estribillo, «tiene que llover, tiene que llover, tiene que llover», y desde entonces él ha seguido a lo suyo. A hablar, sobre todo, de todo lo que tiene que ver con el hombre, de sí mismo y de los demás.

De la tierra, del amar y de la mar. Siempre con palabras hermosas. Vistiendo sus poemas de músicas diferentes, porque no es cantautor aferrado al mismo soniquete o guitarra, sino que ha sabido modernizar su sonido con el pulso de los tiempos, compartiendo labores de composición cuando era necesario, pero sin caer por el acantilado de la moda fugaz.

El 12 de febrero sale a la venta una antología de su obra, titulada «Lobos sin dueño». En formato libro que incluye las letras de los poemas y algunas fotografías, y con tres CD's que contienen 40 canciones seleccionadas por él y remasterizadas, tres de ellas inéditas y otras tres regrabadas. Sin dilaciones, el día 13 lo presenta en directo en la sala Galileo Galilei.

Pablo Guerrero nos recibe en su casa. Una casa como las de antes: con olor a tabaco y café.

Resulta curioso que para el título de este compendio haya elegido el de una canción en concreto. «Lobo sin dueño».

Era una canción que no recordaba, y al escuchar los discos para hacer la antología, me gustó. El título y la letra. También me gustó que fuera Hilario Camacho el autor de la música, la verdad, porque se habló mucho a raíz de su muerte, pero ahora se habla poco de él, y recordarle me pareció también bonito. La canción me sugiere muchas cosas. Cuando era niño había gente que cazaba lobos e iba por las casas vendiendo las pieles. Y yo lo pasaba mal, me ponía de parte del lobo. Me gustó recordar aquello, y, bueno, también uno de los libros que más me impactó en mi adolescencia fue «El lobo estepario». Y es también un poco símbolo de la actitud de mucha gente. Se habla mucho de los que cambian continuamente de chaqueta, pero no de los que tienen una especie de reducto de libertad interior a prueba de todo. Es un canto también a esta gente, a esos lobos solitarios.

«Recordar a Hilario Camacho me pareció bonito»

Cuando se hace un trabajo como este, ¿lleva a algún tipo de reflexión nueva sobre la carrera hecha hasta el momento?

La verdad es que sí. Me ha sorprendido ver que hay una fe en los valores más positivos del ser humano que están ya en las primeras canciones, y que luego desarrollo y profundizo en mis libros de poesía. También me he dado cuenta de que he grabado cosas que no debería (ríe). La verdad es que me ha gustado recordar. Estoy en una edad en la que recordar y tener una cierta nostalgia es un sentimiento bastante común.

¿No ha flaqueado esa fe en el ser humano a lo largo de estos años, a pesar de las veces que da motivos para desconfiar?

He hecho algunos discos en los que tuve que sobreponerme mucho, pero creo que no, que no ha flaqueado. Ahora estoy más triste por lo que pasa en el mundo en general, y en este país en particular, pero creo que la esperanza y la fe no hay que perderla. Hay que pensar que hemos pasado por momentos muy complicados y hemos ido saliendo y solucionando las cosas. La verdad es que es un poco duro para la gente de nuestra generación comprobar que, sobre todo conquistas de tipo social, que costaron tanto, conseguir, cárceles, muertes, dolor, ahora se esfumen, así por las buenas, de un día para otro, sin que la gente tenga posibilidad de decir nada. Bueno, se protesta, pero como que da igual, no hacen caso.

«Ahora estoy triste por lo que pasa, pero no hay que perder la esperanza»

Hay otro elemento muy presente en sus poemas, que es el mar. Llama la atención, en un extremeño

Sí. Ya aparecía en uno de los primeros singles, «Son hombres que se mueren sin haber visto la mar». Yo no vi el mar hasta lo 18 años, y quería verlo, pero no había forma. En aquella época no se veraneaba ni se viajaba tanto, y recuerdo que con algunos amigos jugábamos a imaginar cómo era el mar, con mucha agua, como un olivar pero muy grande muy grande. Es una palabra que me gusta, mar, es como madre, en francés. Algunos amigos me dicen que el tema del mar está muy tocado por grandes poetas y que no hay que tocarlo más. Pero no me importa. Es lo que me sale.

¿Porque decide en un momento dado empezar a compartir la autoría de las canciones?

Sucede a partir de «Los momentos del agua» (1985). A veces dos maneras de ver la música o de entenderla ayuda a hacer la canción. No me importa compartir autoría ni de la música ni de las letras. En «Luz de tierra» (2009) colaboré con poetas extremeños y fue para mí maravilloso conocerlos y que me regalaran poemas, y ponerles música yo y otros músicos de mi banda.

Acostumbrado a musicar sus propios poemas, hacerlo con los de otros, ¿fue más fácil o más complicado?

Me resulta más complicado. Porque cuando haces una letra, de alguna manera me va surgiendo a la vez la música. No exacta, pero sí por donde puede ir, el tiempo, el ritmo. Para musicar un poema que no es tuyo te acercas con mucho respeto, por el temor de no acertar y degradarlo. Porque un poema mal musicado lo degrada. Lo que hice fue leer los poemas muchas veces, muchas veces, hasta dar con la forma de hacerlos míos, y de esa forma surgía la música de forma más natural.

«Un poema mal musicado lo degrada»

¿Hay elementos que unan a los poetas extremeños?

Creo que sí. Sobre todo en los poetas los de mi generación, hay una forma de sentir la naturaleza que es bastante parecida en todos. La forma de interpretarla es muy distinta, pero el paisaje extremeño, o el paisaje en general de los bosques, de los ríos, de las nubes, iba a decir del mar (ríe), está de alguna forma presente. La tarde, los amaneceres... creo que son cosas que han fascinado a todos los poetas de todas las épocas, creo, y ese acercamiento a la tierra esta en muchos poetas extremeños de esta generación.

En estos 40, la canción de autor ha pasado por varias de etapas...

Uf, un montón de etapas, sí. Creo que la canción de autor, y no hablo de nuestra generación, sino de los muy jóvenes, está muy viva. Hacen frente a la crisis con propuestas muy imaginativas, como cantar en casas, o hacer conciertos a la carta en los que el público elige entre las canciones que quiere oír, o con discos que se autofinancian y que tienen vida en internet. Tienen amigos con los que hacen vídeos bien bonitos... y hay sitios donde tocar, pequeños bares y pequeñas librerías que además hacen conciertos. Me gustaría que algunos de ellos tuvieran una repercusión mayor, porque realmente son muy buenos, y se acompañan muy bien a la guitarra y hacen buenas letras. Creo que están dando respuestas de tipo poético, algunos con rabia y exabruptos, a la situación actual. En cuanto a los cantautores de mi generación, pues no sé, yo por lo menos no me veo muy a menudo con ellos. Conozco sus trabajos y los sigo a través de la red, o me compro alguno de sus discos, pero creo que cada uno sigue su camino y ya no hay esa especie de grupo que había en los años 70.

«La canción de autor, y no hablo de mi generación, está muy viva»